Luis Balduque: "Creo que he sabido querer a mis compañeros y mimarlos"
- El veterano técnico de Antena 3 de Radio y de la SER repasa junto a Diego Fortea, en "Lo contó la radio", una vida profesional pegada a los grandes nombres, las grandes retransmisiones y algunos de los momentos más dolorosos de la historia reciente de España
- Estuvo detrás de José María García en la revolución técnica de sus retransmisiones, ayudó a construir Antena 3 de Radio desde sus comienzos y vivió en primera persona el 11-M, cuando una decisión aparentemente insignificante —no correr para coger el tren— hizo que aquel 11 de marzo de 2004 se encontrara en el andén de Santa Eugenia cuando el convoy estalló
- También cubrió durante años los atentados de ETA y vio de cerca el dolor de las víctimas y sus familias
- Al echar la vista atrás, sin embargo, Balduque no habla de equipos ni de tecnología: habla de personas, de compañeros y de una profesión que, para él, solo puede entenderse como "una familia"
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| Diego Fortea con Luis Balduque, uno de los mejores técnicos de la reciente historia de la radio (Fotografía Onda Cero, editada gracias a Chat GPT) |
"Toda la instalación de Antena 3 de Radio la hicimos nosotros, siempre tutelados por ingenieros como Manolo Paniagua y Antonio Esteve. Comenzamos en aquellos estudios muy en precario. Me acuerdo que, antes de iniciar las emisiones, Manuel Martín Ferrand y Juan Antonio Nieto fueron a Zarzuela, para contarle al rey Juan Carlos la operación empresarial. Hay que recordar que, en ese momento del inicio, había una persona en la sombra que era, por llamarlo del alguna forma, el 'presidente honorario' de Antena 3 de Radio, que fue Adolfo Suárez. Entonces, Suárez tenía su despacho en la calle Jorge Juan, la misma donde yo vivía. Guardamos magníficos momentos de complicidad y muchas visitas a los estudios, pero fuera de hora, porque era quien era, claro. Y no me quiero olvidar de Manuel Jiménez de Parga, que fue presidente del Constitucional y su hermano Rafael Jiménez de Parga. Y de Antena 3 de Radio surgieron muchos nombres que luego lo han reventado en televisión"
Su recorrido profesional es, en buena medida, un recorrido
por la transformación de la propia radio. De Radio Cadena Española (donde se encontró con Luis del Val de director) pasó a
Antena 3 de Radio, participó en su construcción desde los primeros momentos y
después continuó su trayectoria en la SER. Por el camino aparecen nombres como
José María García, Carlos Pumares, Javier Ares, Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo,
María Teresa Campos y muchos otros. Pero Balduque no los recuerda como una
colección de celebridades, sino como compañeros de trabajo con los que
compartió viajes, tensiones, dificultades, éxitos y, sobre todo, muchas horas
de radio.
Antena 3 de Radio: empezar cuando todavía no había nada
La llegada de Balduque a Antena 3 de Radio en 1982 tiene
algo de aventura empresarial y algo de salto al vacío. En aquel momento
trabajaba incluso en el Banco Bilbao Vizcaya, después de haber aprobado unas
oposiciones, cuando recibió la llamada que podía cambiar su vida. Fue a conocer
el nuevo proyecto y se encontró con una sede prácticamente vacía. Cuando Fortea
le pregunta si la vio "desnuda", Balduque no necesita pensárselo: "Desnuda.
Todo por hacer. Todo por hacer".
Aquella expresión resume bien el espíritu de los primeros
tiempos de Antena 3. No se trataba únicamente de incorporarse a una nueva
emisora, sino de construirla literalmente desde sus cimientos. Los técnicos
tuvieron que levantar estudios e instalaciones, poner en marcha los primeros
centros y resolver sobre la marcha problemas que todavía no tenían una solución
estandarizada. Balduque recuerda a compañeros como Lorenzo Ballesteros, Manolo Paniagua, Antonio Esteve, Enrique Hernández o Enrique Bañuls y explica que buena
parte de aquella instalación la realizaron ellos mismos, siempre bajo la tutela
de los ingenieros. Los primeros estudios se levantaron "muy en precario", pero
aquella precariedad convivía con la sensación de estar participando en algo
extraordinariamente nuevo.
Balduque recuerda que Manolo Martín Ferrand, el director general, se desplazó al palacio de la Zarzuela para informar al entonces rey Juan Carlos de la operación de Antena 3 de Radio, y que en la sombra había un 'presidente honorario', llamado Adolfo Suárez, expresidente del gobierno, que hacía visitas a los estudios para ver su evolución, en horario no laboral, para proteger su discreción.
El resultado sería una emisora que rompió moldes y que
consiguió reunir a algunas de las voces más reconocibles de la radio española.
Balduque recuerda a Santiago Amón, Carlos Pumares o Cifu, pero también conserva
en la memoria innumerables nombres de técnicos y profesionales que hicieron
posible aquella programación. Cuando habla de Antena 3, lo hace con la
nostalgia de quien sabe que asistió a una experiencia irrepetible, pero también
con la certeza de que detrás de aquel éxito hubo una enorme cantidad de trabajo
invisible.
La radio que se inventaba sobre la marcha
Una de las características que mejor definen aquella época es la necesidad permanente de buscar soluciones. La tecnología no ofrecía entonces la facilidad ni la autonomía actuales, y una retransmisión desde el extranjero podía convertirse en una auténtica operación de ingeniería. Balduque recuerda, por ejemplo, cómo se las ingeniaban para emitir desde hoteles desmontando literalmente los teléfonos y conectándolos a los equipos de transmisión los populares en la época, ITAME. En Venecia, en los festivales de cine o durante los Oscar, la técnica podía depender de una línea telefónica carísima que debía atravesar varios países antes de llegar a Madrid.
"En la Vuelta Ciclista a España, en los años 80, yo iba a casas particulares de pueblitos de Jaén, Guadalajara o Huelva, y les decía a los propietarios: 'señora, ¿tiene usted un teléfono? ¿Podría usarlo, por favor?'. Y les daba entre 250 y 300 pesetas por las molestias. Y aquello era un propinón en la época. ¡Ah, sí, hijo, venga, utilice el teléfono', me contestaban encantados, claro. Y cuando me veían desmontar el teléfono para conectar el equipo... '¡No, noo, pero qué haces!' A veces venía el marido y me decía: ¡pero, oye, eso lo vas a romper!'. 'No se preocupen, lo voy a dejar igual que está', trataba de tranquilizarles. Y hacía la operación. Recuerdo aquellos teléfonos 'Góndola', que eran un poco más complicados, porque ya avanzaba la tecnología. Había que hacerlo con muchísimo mimo, cuidado, y respeto, claro. Pero te puedo asegurar que las caras que se les quedaba cuando desmontaba el teléfono eran para hacerles fotos"
Aquella radio exigía imaginación y oficio. En la Vuelta a
España, Balduque llegaba incluso a las casas particulares de los pueblos por
los que pasaba la carrera para pedir permiso para utilizar sus teléfonos. "Yo
le daba 300 pesetas a la señora. Y aquello era un propinón", recuerda. Después
desmontaba el aparato, conectaba el equipo y prometía dejarlo exactamente como
lo había encontrado. Las caras de los propietarios al verle manipular aquellos
teléfonos, recuerda con humor, "eran para hacer las fotos".
Esa capacidad de improvisación terminó siendo uno de los
grandes activos de aquella generación de técnicos. No existía todavía la
comodidad tecnológica que hoy permite resolver muchas de estas operaciones con
un ordenador y una conexión de datos. Había que conocer el medio, anticiparse a
los problemas y, sobre todo, mantener la calma cuando todo dependía de una
conexión que podía fallar en cualquier momento. Balduque perteneció a esa
generación que convirtió la necesidad en creatividad y que contribuyó a que la
radio en exteriores adquiriera una dimensión espectacular.
José María García ideó el "espectáculo" de La Vuelta Ciclista
En esa transformación ocupa un lugar central José María
García. Balduque lo define sin rodeos: "El motor económico de Antena 3 Radio". García había
apostado por una idea que exigía llevar la radio mucho más allá del estudio y
convertir la Vuelta Ciclista a España en un gran espectáculo sonoro. Para hacerlo
posible fue necesario desplegar una compleja red de transmisiones que implicaba
coches, motos, helicópteros, estudios centrales y conexiones con los
protagonistas de la carrera. "José María García tuvo una idea maravillosa. Su idea
era la Vuelta Ciclista a España", recuerda Balduque, consciente de que aquella apuesta
obligó a asumir "nueva tecnología y nuevos riesgos".
El despliegue técnico era extraordinario para aquellos años.
Desde el helicóptero se utilizaban dos repetidores, uno destinado a García y
otro para las conexiones de los coches. La coordinación debía ser permanente
porque la señal podía proceder de diferentes puntos y había que abrir o cerrar
las vías de comunicación en función de las indicaciones que llegaban desde el
aire. En tierra, los equipos estudiaban
previamente la orientación para conseguir la máxima calidad de sonido. En
terrenos favorables, según confirma Balduque en la entrevista de Diego Fortea, podían llegar a cubrir distancias de hasta 90 kilómetros.
La tecnología, sin embargo, solo era una parte de la
revolución. La otra era la manera de hacer radio. Las conexiones previstas para
García podían durar tres minutos, pero el periodista se extendía mucho más. "José hacía 17 minutos", recuerda Balduque. Aquello generaba problemas de
continuidad, pero también respondía a la demanda de los oyentes. "Era lo que
buscaba y pedía la gente". La Vuelta dejó así de ser únicamente una competición
deportiva para convertirse en un espectáculo radiofónico capaz de enganchar
incluso a quienes no seguían habitualmente el ciclismo.
Balduque conserva además una visión muy personal de García.
Recuerda su capacidad para provocar adhesiones y rechazos, su manera de
enfrentarse a jugadores, entrenadores o presidentes y la influencia que llegó a
ejercer. Pero, por encima de todo, se queda con su capacidad de entrega: "José
era una persona que se entregaba a la causa que él creía que era la correcta y
la adecuada". Esa frase podría explicar buena parte del éxito de aquel modelo
de radio, basado en profesionales que vivían intensamente aquello que hacían.
"Me he perdido muchos momentos importantísimos de la vida de mis hijos"
La radio llevó a Balduque a muchos lugares. Cubrió la caída del Muro de Berlín, Olimpiadas, Mundiales y grandes acontecimientos internacionales, y trabajó durante 26 años para Eurovisión. Pero cuando Fortea le pregunta por esa vida de viajes, la respuesta introduce una dimensión mucho más íntima. "Yo me he perdido muchos momentos importantísimos de mi familia y de mis hijos", reconoce. Tiene tres hijos y uno de ellos también es técnico de radio. El balance que hace no es sencillo: "Lo que he visto es un regalo de la vida. Y lo que me he perdido es otro regalo de la vida muy importante. Tengo que sopesarlo".
Ese reconocimiento convierte su relato profesional en algo más que una sucesión de anécdotas. Detrás de cada retransmisión, cada viaje y cada acontecimiento internacional había una familia que esperaba en casa. Balduque reconoce que tuvo la fortuna de que sus hijos estuvieran "en las mejores manos de mi vida, que es mi mujer", y que en algunas ocasiones pudo compartir aquellos viajes con ella. El éxito profesional, por tanto, nunca aparece desligado de aquello que hubo que sacrificar para alcanzarlo.
"En la retransmisión de la Vuelta Ciclista a España, montamos en el helicóptero que acompañaba a la carrera dos repetidores. Uno principal que era para José María García en la frecuencia principal de trabajo y el segundo repetidor, el de los coches, porque instalé equipos en todos los coches de los directores de equipo. El segundo repetidor era el que se daba paso a los coches. Unipublic, la empresa que organizaba la Vuelta, era bastante permisiva con todos los medios de comunicación, porque les interesaba llegar al gran público y suponía más repercusión y más publicidad. Aquello, sobre el papel, ya era muy complicado. Imagínate en directo: el helicóptero, los directores de equipo, la moto con Pepe Gutiérrez, otro coche en meta, por supuesto intervenciones desde los estudios. En fin, es que estábamos hablando de tres, cuatro o cinco tipos de conexiones a velocidad de vértigo. García se inventó todo esto, y el resto de cadenas nos copiaron el dispositivo"
Quizá por eso, cuando le preguntan cuál es su verdadero
premio en la radio, su respuesta resulta especialmente reveladora: "A mí el
premio de la radio, te lo digo con toda sinceridad, son las personas con las
cuales he trabajado". No menciona ninguna retransmisión concreta ni ningún
reconocimiento profesional. Después de tantos años, el balance se reduce a algo
mucho más sencillo y mucho más profundo: "He trabajado con muchos grandes de la
radio y he sido el hombre más satisfecho del mundo".
El "resquemor" de "no comprender" la violencia de ETA
Pero esa vida profesional estuvo atravesada también por
experiencias que ningún técnico, ningún periodista y ningún ser humano puede
olvidar. Balduque comenzó a trabajar en los años en los que ETA golpeaba con
frecuencia y le correspondió cubrir numerosos atentados. Recuerda cadáveres,
coches destrozados, edificios reventados y, sobre todo, las caras de las
familias de los asesinados. Son imágenes que no desaparecieron cuando terminaba
la conexión y que se quedaron en la memoria de quien las había presenciado.
"Me ha tocado ver muchos cadáveres, ver muchos coches
destrozados", explica. Y añade que conserva aquellas imágenes "no voy a decir
con odio, pero con un resquemor tremendo, porque nunca he llegado a
comprender". Durante la inauguración del Guggenheim de Bilbao vivió de nuevo
una situación semejante cuando, el día anterior, ETA asesinó a un ertzaina. "Volver a vivir cosas así a todo el equipo nos duele. Nos mata", recuerda.
Por eso el anuncio de ETA del 20 de octubre de 2011 adquiere
en su relato una dimensión distinta de la estrictamente informativa. Para
muchos periodistas y técnicos que habían cubierto durante años aquella
violencia, la noticia significaba el final de una parte de sus propias vidas. "Cuando tú estás muy cerca, has visto a familia de, has visto a hijos de, has
estado en entierros, has estado en infinidad de situaciones tensas y
complicadas, pues cuando ves que viene la tranquilidad (...) entras en paz y se
llora en silencio".
El 11-M: "aprender a odiar un amanecer"
Esa memoria del dolor explica también la dimensión que tuvo
para Balduque el 11 de marzo de 2004. Vivía en Santa Eugenia y utilizaba
diariamente el tren para desplazarse hasta Gran Vía, sede de Radio Madrid, cabecera de la Cadena SER. Aquella mañana mantuvo su
rutina, pero no corrió para alcanzar el convoy. Esa decisión, aparentemente
insignificante, acabó separando su vida de la de quienes viajaban dentro del
tren atacado.
"Si hubiera hecho ese día una carrera, porque el tren se
pudiera marchar, a lo mejor hubiera salido de la escalera recto a la primera
puerta. Cosa que no hice. Y reventó el tren, en ese momento, estando yo en el
andén". La frase concentra toda la brutalidad de aquella mañana: Balduque no
estaba lejos del atentado, sino en el mismo escenario, a punto de subir a uno
de los trenes.
Y entonces ocurrió algo que define también toda su trayectoria: el técnico actuó como profesional. Fue él quien realizó la primera llamada a la redacción de la SER. Había escuchado las explosiones y comprendió que algo grave estaba ocurriendo. Atocha estaba a varios kilómetros, pero el sonido de las detonaciones llegaba hasta Santa Eugenia con una fuerza que todavía hoy recuerda. En aquel momento, antes de que se conociera la dimensión de la tragedia, Balduque se convirtió en los ojos y los oídos de la radio desde el lugar de los hechos.
"En Cuba, la policía me detuvo por sospechoso. Fuimos para hacer un programa de Gomaespuma, con Juan Luis Cano y Guillermo Fesser. Yo no pude coger su avión, porque ya no había plazas y tuve que tomar otro vuelo con destino en Varadero. No habían hecho el informe de todo lo que llevaba conmigo, de equipo técnico, así que imagínate la cara de los policías cuando en los escáneres vieron lo que llevaba: un teléfono por satélite, una parabólica, cables, micrófonos... Me metieron directamente en el calabozo. Me dijeron, usted espere aquí que luego ya le diremos. Y hasta que apareció un delegado de la embajada y me pudieron sacar, pero siempre iba controlado por un, digamos, secreta de todo lo que manipulábamos y hacíamos con el equipo. Y cuando terminamos de hacer aquel trabajo, era tan precario todo el material que tenían que mi maleta se la regalé. Menos el satélite, que era lo más caro, claro"
Al día siguiente, Iñaki Gabilondo recuperó aquella primera
llamada. Balduque había hablado con la emoción todavía a flor de piel y había
descrito lo que había visto: "Un tren que se me pierde para ir a mi trabajo y
una explosión, un hongo negro, y saber simplemente que estoy aprendiendo a
odiar un amanecer, nada más".
La expresión "aprender a odiar un amanecer" resume una
experiencia que trasciende el trabajo. Balduque volvió a su casa, situada
frente a la estación, y desde su terraza contempló cómo los medios de
comunicación llegaban a Santa Eugenia. Como la zona estaba acordonada, abrió
las puertas de su casa a compañeros de distintos medios para que pudieran
obtener una perspectiva mejor. "Por aquella casa pasaron todos los medios que
solicitaron subir", recuerda.
Pero aquella tragedia se añadió a las anteriores. ETA y el
11-M quedaron unidos en su memoria por una misma sensación: la del profesional
que acude a contar una tragedia y termina llevándosela consigo. "Tienes un mudo
en el corazón", dice Balduque. Y esa frase explica quizá mejor que cualquier
otra la condición de quien ha pasado décadas trabajando en la primera línea de
los acontecimientos.
El cierre de Antena 3 de Radio, al borde del infarto
La desaparición de Antena 3 de Radio supuso otro golpe,
aunque de naturaleza completamente distinta. Balduque recuerda que todos
estaban "próximos a un infarto" mientras trabajaban en las Olimpiadas de
Barcelona. García ya se había marchado y el equipo comenzaba a comprender que
aquella emisora que habían levantado desde prácticamente la nada tenía los días
contados. Entre 1992 y 1994, explica, cerca de 800 personas abandonaron la
plantilla.
Para quienes permanecieron, la absorción por el nuevo medio
significó conservar algo más que un empleo. "Continuábamos nuestro trabajo,
nuestro proyecto de vida", afirma. Para otros, en cambio, llegaron las
despedidas. Y Balduque vuelve a utilizar una expresión que demuestra hasta qué
punto su relación con la profesión siempre estuvo mediada por los afectos: "He tenido que despedirme de muchos compañeros de una manera muy fría, muy mala".
La llegada posterior a la SER volvió a ponerle en contacto
con muchos profesionales a los que ya conocía de los grandes eventos. Cuando
regresó a Madrid, algunos compañeros "me abrieron sus brazos". Otros
directivos, que desconocían el medio y la función de los técnicos, fueron más
severos. Balduque no parece guardar especial rencor; habla, una vez más, de la
importancia de demostrar quién eres "como compañero y como persona".
"Tronó Gran vía 32 en mi despedida"
Su último día de trabajo en la SER llegó en 2011. Había
aceptado la posibilidad de acogerse a la salida de profesionales con cierta
edad y, después de hablarlo con su mujer, entendió que había llegado el momento
de cerrar una etapa y dedicar más tiempo a su familia. La salida fue, sin
embargo, mucho más emotiva de lo que había imaginado.
Una mañana, después de firmar los papeles, bajó desde la
dirección, recogió sus cosas y se dispuso a marcharse. Sus compañeros sabían
que aquel era su último día. Cuando llegó a la redacción, Curro Serrano, responsable de producción de Exteriores de la SER, había
avisado al resto. Y entonces se produjo la despedida: "Cuando salí a la
redacción, pues se estallaron todas las personas que había ahí dándome un
aplauso maravilloso. Tronó Gran Vía 32", comenta.
"La radio es una familia"
Fortea le pide un consejo para los jóvenes técnicos que comienzan ahora en Onda Cero. Balduque podría hablarles de tecnología, de transmisiones o de experiencia profesional. En cambio, les habla de las personas. "La radio me ha regalado a mí momentos inolvidables y conocer a personas increíbles. No lo cambiaría absolutamente por nada", responde. Y explica que incluso un pequeño gesto de una persona a la que admiras puede convertirse en un regalo: "Que te marque una sonrisa, te dé un saludo y tengas un minuto de conversación, es un regalo impresionante".
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| Luis Balduque entre cables. Lo que para los neófitos parece un caos, para él es su medio natural (Fotografía cedida del archivo personal de Luis Balduque) |
Después llega la frase que da sentido a toda la entrevista: "Esto es una familia, la radio es una familia. Si no eres familia dentro de la radio, creo que no es el sitio adecuado para ti". Para Balduque, pertenecer a la radio implica necesariamente establecer vínculos con quienes trabajan a tu lado: "Tienes que querer a tus compañeros, transmitirles amor y cariño".
La idea enlaza directamente con su despedida de la SER. El
hombre que salió de Gran Vía 32 entre aplausos no había recibido ese
reconocimiento por ser simplemente un buen técnico. Había recibido el homenaje
de una redacción que había percibido durante años su disposición a ayudar, su
cuidado y su manera de entender el trabajo colectivo.
El oficio invisible que sostiene la radio
En la parte final de la conversación, Balduque reivindica el
papel de los técnicos en un momento en el que la tecnología ha permitido que
muchos periodistas sean cada vez más autónomos. El ordenador y los equipos de
audio han simplificado muchas tareas, pero, en su opinión, no han eliminado la
necesidad del técnico. Han cambiado su función.
Cuando un periodista tiene una información complicada y
necesita grabarla correctamente, el técnico sigue siendo quien puede
acompañarle, darle confianza y ayudarle a repetir hasta que el resultado sea el
adecuado: "¿Cuántas veces? Las que sean necesarias, pero hazlo bien,
tranquilízate". Esa actitud convierte al técnico en mucho más que un operador. "El técnico es un poco el paño de lágrimas del periodista", afirma.
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| Luis Balduque junto a un compañero, ante la unidad móvil de Antena 3 ((Fotografía cedida del archivo personal de Luis Balduque) |
La radio funciona, por tanto, cuando las dos capacidades se complementan. El periodista aporta una parte y el técnico otra. "Si los dos los enlazas bien y los pones en el mismo camino, salen cosas maravillosas", concluye. Es una definición sencilla de un trabajo colectivo que, durante décadas, ha permanecido en buena medida invisible para el oyente.
"Cuando nos dieron la noticia de la compra de Antena 3 de Radio estábamos haciendo las Olimpiadas de Barcelona. García ya se había marchado. Las hizo Javier Ares. Nos quedamos helados porque todos proyectábamos nuestra continuidad con lo que más adorábamos, que era nuestro trabajo. Cada mirada era una lágrima. Y en ese proceso del año 92 al 94 se descolgaron del equipo casi ochocientas personas de plantilla. Y los que tuvimos la gran suerte de ser absorbidos por el medio que nos había comprado, tuvimos suerte porque continuábamos nuestro proyecto de vida. He tenido que despedirme de muchos compañeros de una manera muy fría, muy mala"
Y quizá por eso resulta especialmente significativa la última petición de Balduque. Fortea reivindica su profesión y él responde animando a otros técnicos a contar sus historias. Muchos sienten pudor, reconoce, porque no están acostumbrados a ocupar el lugar que normalmente reservan a los periodistas. Pero, precisamente por su posición, han visto y escuchado cosas que pocos profesionales han podido conocer. "Para mí -defiende Fortea- sois los que más cosas e historias tenéis que compartir con la audiencia".
La historia de la radio también está en quienes montaron los estudios
cuando todavía no había nada, en quienes desmontaron teléfonos para conseguir
una conexión, en quienes viajaron con equipos por medio mundo, en quienes
hicieron posible la revolución técnica de José María García y en quienes
estuvieron en los lugares donde la historia golpeó con mayor dureza.
Luis Balduque estuvo allí. Estuvo detrás de los grandes
comunicadores y, en ocasiones, también delante de los acontecimientos. Estuvo
en las retransmisiones que hicieron grande a Antena 3 de Radio, en las grandes
citas internacionales, en los atentados de ETA y en aquella mañana del 11-M, en la SER, en
la que un tren que iba a coger se convirtió, desde el andén, en una imagen que
todavía conserva.
Sin embargo, cuando se le pide que resuma su vida en la
radio, no habla de ninguna de esas proezas. Habla de personas. De compañeros.
De familia. Y, finalmente, de cariño. Por eso las dos frases que atraviesan
toda su historia son también las que mejor explican su legado: "Creo que he
sabido querer a mis compañeros y mimarlos" y "La radio es una familia. Si no
eres familia dentro de la radio, creo que no es el sitio adecuado para ti".
Después de tantos años detrás del cristal, quizá esa sea la
mejor manera de escuchar a Luis Balduque: no como al técnico que estuvo detrás
de la radio, sino como a uno de los hombres que ayudaron a construirla desde
dentro.
-Accede a la entrevista completa de Luis Balduque en "Lo contó la radio".
-Accede aquí a otras entrevistas de este programa.
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