El auténtico problema de la radio es un problema mundial
- A menudo nos quedamos en la superficialidad más absoluta cuando intentamos analizar una situación. Si hablamos del futuro de la radio, nos quedamos en los problemas que tiene el medio para encontrar “nuevas audiencias”, que garanticen la continuidad y sostenibilidad del medio
- Pero se impone mirar más allá, intentar atisbar el auténtico problema de esas “nuevas audiencias” y su relación con el futuro del país, y hasta del continente
- El problema del futuro de la radio no reside en la propia radio, sino en factores que no dependen solo del medio, sino de su entorno
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| El problema de la radio es el relevo de la audiencia, pero si no hay niños el problema se vuelve irresoluble (Fotografía generada por IA, Freepik.com) |
En España, la última encuesta del EGM anotaba la misma situación, tan parecida a la británica. La radio en España contabiliza 24.484.000 oyentes en la tercera y última ola del año 2025, mientras que la escucha diaria de pódcast se sitúa en 3.306.000 oyentes. La diferencia no solo es evidente, sino que es brutal. Y puntualizo: esto ocurre a fecha de hoy. ¡Nadie sabe qué pasará mañana! Sin duda, esta es la pregunta del millón en la que nadie quiere jugársela, para no salir escaldado.
El problema de fondo es otro, que afecta no solo a la radio, sino a todos los medios de comunicación tradicionales, incluida por supuesto la televisión, tan avejentada o más que la propia radio, y afecta sobre todo al país, y al continente: y es la natalidad. No podemos pretender que la radio renueve generacionalmente su audiencia si no hay jóvenes suficientes como para asegurar el éxito de esta imprescindible operación
Una de las obsesiones de los
responsables de la industria radiofónica española es la búsqueda permanente de lo
que se ha dado en llamar “nuevas audiencias”, en definitiva, oyentes jóvenes.
El principal problema argumentado sobre las generaciones Y y Z para explicar su
falta de interés por escuchar la radio se centra en que la radio no habla su
lenguaje, ni de sus temas ni de su realidad; que los jóvenes no entienden ni
siquiera el lenguaje que emplea la radio, controlada por los más ancianos de la
aldea; que la radio es un medio antiguo, caduco, amortizado, del siglo pasado y
que no se pueden elegir los contenidos, como sí ocurre, en cambio, con el
pódcast.
El fondo de la renovación
generacional de las audiencias
Todas estas son razones, apoyadas
la gran parte de ellas en encuestas y declaraciones reales de estas
generaciones, que hemos oído hasta la saciedad; de ahí, precisamente, la
obsesión por intentar acercar la radio, y su industria, a los más jóvenes. Porque
el medio solo sobrevivirá si existe una renovación generacional que lo
facilite. Y esto no está claro.
No solo no está claro, sino que
parece imposible. Al menos en la proporción y volumen actuales que maneja la
radio. Algunas voces, más triunfalistas que realistas, desde luego interesadas,
subrayan que la radio, hoy en España, tiene más oyentes que antaño, afeando la teoría
de los más pesimistas. Y obviando, y esto es lo grave, que el EGM actualiza
todos los años el universo poblacional que mide, que cada año aumenta. Si nos
fijamos, pues, en números absolutos, las cifras crecen, cierto; pero si
observamos los porcentajes de penetración de la radio española, el medio ha
perdido millones de oyentes en las últimas décadas.
La radio, hoy sostenida principalmente por la generación de los ‘boomers’, los nacidos en los años 60 del siglo pasado, la más numerosa y cercana ya a la jubilación, depende de la evolución de la sociedad española, como cualesquiera otras realidades y sectores. No solo no puede escapar de este contexto, sino que además tiene que contarlo y, por qué no, denunciarlo. No parece que nuestros políticos, tan deseosos de contar siempre a su lado de un ‘micrófono amigo’, piensen mucho en la natalidad, un problema auténticamente de Estado’ que debería quedar fuera del debate político
El pódcast: nueva línea de ingresos para la radio
Cuando Reino Unido habla de una
radio poderosa y un pódcast ‘complementario’, dato que corrobora también el
EGM, está certificando una realidad que también recoge otro indicador: el
económico. Infoadex, el organismo que controla la inversión publicitaria en
España, lleva ya varias ediciones desglosando los ingresos atraídos por la
radio tradicional, la consumida a través de la omnipresente FM, sin duda los
más numerosos, y los logrados por el audio digital y, efectivamente, los
pódcast, que constituyen el grueso de los ingresos del apartado ‘audio digital’, se convierten en un complemento fabuloso para completar los ingresos
publicitarios de la industria radiofónica y permitirle engrosar sus cuentas,
regresando a tiempos históricos en los que en el sector se hablaba de ‘vacas
gordas’.
El audio digital ha venido para
hacer más fuerte a la radio. Si en los orígenes, cuando el fenómeno del
pódcast, que nació en España amateur, irrumpió en el escenario del audio, allá
por 2004, con el primer pódcast en español firmado por José Antonio Gelado,
que, casi diez años después, me confesaba que “en
la práctica es complicado vivir de los podcast” (hoy la situación ha cambiado bastante, gracias a la publicidad), la radio miraba recelosa
aquel fenómeno, y lo miraba incluso con desdén, veintidós años después, el
pódcast ha supuesto ‘aire financiero’ para la industria tradicional de la
radio.
Nunca se ha consumido tanto audio
como ahora. El pódcast, esa nueva ‘línea de negocio’ del sector de la radio
tradicional, está alcanzando a esos “nuevos públicos” que no han querido
acercarse a la radio, porque el medio les ha olvidado ¿premeditadamente? Se
abre, pues, un camino alternativo al consumo lineal de la radio, bien por FM,
por streaming, bien por la tan ansiada Radio Digital Terrestre, que
tantos pasos ha adelantado en otros mercados, precisamente en la búsqueda de “nuevos
públicos”, con una nueva oferta, de nicho, dirigida en gran parte, hacia las
generaciones más olvidadas. Aunque tampoco constituye la solución definitiva,
el DAB+ representa la esperanza de reactivar la radio para las nuevas
generaciones, con nuevos productos a medida.
El auténtico problema de fondo
de la radio, de España y de Europa
Pero el problema de fondo es otro, que afecta no solo a la radio, sino a todos los medios de comunicación tradicionales, incluida por supuesto la televisión, tan avejentada o más que la propia radio, y afecta sobre todo al país, y al continente: y es la natalidad. No podemos pretender que la radio renueve generacionalmente su audiencia si no hay jóvenes suficientes como para asegurar el éxito de esta imprescindible operación.
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| Fuente PopulationPyramid.net |
En el gráfico que acompaña a este post, puede verse claramente que la población española mayor de cuarenta años representa casi el 84% (83,3%) del total. Y que los jóvenes de entre quince y veinte años representan tan solo el 10,7%. Otro dato: en España solo se contabilizan 1.708.000 niños entre 0 y 4 años. Hace años que el crecimiento vegetativo en nuestro país es negativo, mueren más personas de las que nacen. Y si aumenta la población no es porque los españoles se dediquen a procrear con entusiasmo sino, por el contrario, porque los inmigrantes han llegado para trabajar y garantizar las pensiones del futuro. Y no cito la situación económica, los sueldos, el problema de la vivienda, la inestabilidad laboral, condiciones todas necesarias -imprescindibles- para formar una familia.
¿De qué lado está la radio?
La falta de solución a los
problemas reales de la población está generando en la sociedad una peligrosa
decepción con el sistema, que deriva en desconfianza en torno a la propia democracia. El
mejor caldo de cultivo para que los antisistema y los populistas recauden votos,
representación y protagonismo, sin que ellos tampoco tengan ninguna varita
mágica para resolver los problemas. La radio, como buen reflejo de la sociedad a
la que sirve, sufre en buena parte esta situación, pero no debería albergar
dudas de en qué lado se sitúa: en el lado de la democracia y la defensa de las
libertades. Los medios de comunicación deben ser garantes de este sistema de
gobierno que, con todas sus imperfecciones, nos ha proporcionado a los
españoles el mayor período de paz de nuestra historia, incluida la historia
reciente de una radio pujante, comprometida, popular, responsable y, lo más importante,
confiable por más de veinticuatro millones de españoles, que la escuchan cada
día, porque creen en lo que les cuenta.
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| Los niños son el futuro de los oyentes de la radio, pero solo si quieren y se desarrolla en ellos el hábito de escucha de audio (Fotografía Pixabay) |
No solo la radio está en peligro de supervivencia en el futuro, insisto, al menos con la fortaleza actual que exhibe, también la televisión ¡y hasta el país entero! si no hay relevo, si no hay jóvenes que se incorporan al mercado laboral con la ilusión de poder formar una familia y tener hijos que continúen su labor. Este, el de la natalidad, y no otros, asuntos artificiales producto del toma y daca de nuestros políticos, es el auténtico problema de España y la vieja Europa: nuestros gobernantes deben favorecer el relevo generacional, imprescindible para que un país garantice su sostenibilidad futura y solo hay una manera: que nazcan más niños.
La radio, hoy sostenida principalmente por la generación de los ‘boomers’, los nacidos en los años 60 del siglo pasado, la más numerosa y cercana ya a la jubilación, depende de la evolución de la sociedad española, como cualesquiera otras realidades y sectores. No solo no puede escapar de este contexto, sino que además tiene que contarlo y, por qué no, denunciarlo. No parece que nuestros políticos, tan deseosos de contar siempre a su lado de un ‘micrófono amigo’, piensen mucho en este problema, auténticamente ‘de Estado’, este sí que lo es, como la educación o la seguridad social, que deberían quedar fuera del debate político, apoyados en el consenso, lejos del egoísmo, y la irresponsabilidad de nuestros gobernantes, más preocupados por su propia permanencia en el poder.
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| Es muy importante que a los jóvenes les hablen profesionales coetáneos a su generación (Fotografía generada por IA, Freepik.es) |
La radio, hoy, por tanto, está fuerte, bien rodeada por millones de oyentes que demuestran que el medio sigue siendo válido para informarse, entretenerse y sentirse acompañado, que siguen creyendo en él, frente a otras fuentes mucho menos confiables, como las propias redes sociales; pero está abocada a una situación compleja en que los futuros oyentes no se sienten tan atraídos por la radio lineal que, en líneas generales, desprecian, aunque se acercan al universo pódcast porque pueden elegir el contenido y el momento. Es posible que, en ese futuro incierto, la radio en directo se convierta en el complemento del audio digital, y se inviertan los papeles. De un mensaje único y masivo, percibido como personal, se pase a una atomización de pequeños mensajes en pódcast que dividan a la audiencia, y la mantengan entretenida, con altas dosis de dopamina. Si a esto le sumamos la extensión de la IA, cada vez pensaremos menos... Definitivamente, hoy me he levantado con el pie izquierdo...
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