Iñaki Gabilondo: “No me he falsificado nada”
- Como escribe el propio Guillermo Vila, este episodio, protagonizado por Iñaki Gabilondo, que llega a la entrega 38 de su pódcast "Hoy en el pódcast", es una “mirada exigente al oficio” de periodista. El propio Vila reconoce en la conversación que Iñaki fue, durante muchos años, “uno más de la familia”, porque su madre utilizaba constantemente la expresión “hoy Iñaki ha dicho...”, “Iñaki ha comentado hoy que...” y su vinculación con la unidad familiar era absoluta, tal era el nivel de escucha y atención que mantenían en casa por la SER. “Fíjese usted -le comenta a su invitado- la reacción de mi madre cuando se enteró de que me iba a trabajar a COPE”, le cuenta con una sonrisa
El periodista donostiarra sigue en activo, "porque tengo una salud razonable para mi edad, incluso mejor que la media", reconoce. E insiste en reflexiones que se ha hecho a lo largo de su vida, como la idea de pertenencia al equipo de la SER, "yo era un buen conductor y tenía un buen coche"; la idea del futuro de la radio, "el medio huele bien los cambios y se adapta como un guante"; o la idea de la necesaria independencia respecto del poder y los políticos, evitando las comidas de trabajo, "que nunca me han gustado, yo me iba a comer a mi casa después del madrugón". Cuenta cómo una noche cenaron, de parejas, con Rodríguez Zapatero y lo pasaron bien. El presidente, a los cafés, expresó su comodidad por el tono y el ambiente de la cena y comentó "habrá que repetir", a lo que Gabilondo cortó negando la posibilidad
Está convencido de que la radio evolucionará con la
sociedad, pero reconoce no saber cómo será la radio de mañana. “Todos los
pronósticos de futuro pueden fallar, incluso este que dice que todos los
pronósticos pueden fallar”, comenta, divertido. “No tengo mucho interés
en saber hacia dónde va la radio, ni ninguna preocupación por saberlo, ni aunque
fuera un directivo de una empresa de radio”, confiesa. Pero esa aparente
despreocupación o desinterés responde a una creencia muy arraigada en el
pensamiento de este periodista donostiarra, porque “la radio se adapta muy
bien a la realidad: huele los cambios de la sociedad y se coloca en ellos como
una mano en un guante”, explica. No es la primera vez que lo hace. Ni la
última.
Vila le pregunta si continuarán durante mucho tiempo más “esos
programas ómnibus que duran cuatro y cinco horas”. Iñaki Gabilondo reconoce
“no soy capaz de vaticinar qué ocurrirá”, pero adelanta que ese formato
responde más a “una estrategia comercial y de marketing” en su pelea por
la audiencia, en alusión a la suma de horas de emisión para engordar el EGM. Y
el marketing rodea a muchas otras situaciones, incluso en aquella en la que Federico
Jiménez Losantos buscaba su reacción ante sus críticas e insultos, y Gabilondo,
“que ya me pilló mayor, y me di cuenta”, no le seguía el juego. Hasta
que, en una ocasión, el entonces director del “Hoy por Hoy” de la SER,
le contestó. “Solo le contesté una vez”, añade. Estaba claro que
Federico buscaba “obtener visibilidad a la bronca”, que no fue tal.
Vila le pide una valoración de los que hoy ocupan el primer
plano en el sector de la radio, como Carlos Herrera (COPE), “ha hecho
un viaje hacia un protagonismo político muy marcado, que creo que incluso a él
mismo le habrá sorprendido” y le califica como el único heredero de la
radio de su época. Sobre Carlos Alsina (Onda Cero), “está en otro
modelo, ya no en el estrellato de antes, pero con una categoría profesional
altísima”. Sobre Federico Jiménez Losantos, “me resulta muy
decepcionante que un hombre tan culto cometa el primer pecado que nunca debe
cometer un hombre culto: despreciar a quienes cree menos cultos que él”, comenta.
Una de las preguntas rodea el tiempo del poder de los comunicadores
de radio, cuando Luis del Olmo, o José María García se paseaban
de emisora en emisora, llevándose a sus oyentes. “¿No cree que en aquel
tiempo los periodistas tenían más poder que las propias empresas?”, pregunta
Guillermo Vila. E Iñaki insiste en la idea de equipo en la que siempre ha
jugado. “Yo siempre estuve en el mismo sitio, y no tuve más mérito que ser
un buen conductor, porque tenía un buen coche”, refiriéndose a la Cadena
SER. Tantos años en la cadena de PRISA le hicieron formar parte del equipo, y
sentir la camiseta, pese a las ofertas que recibió, por ejemplo, de COPE.
Vila le pregunta por la figura de los consultores. Iñaki no los tuvo nunca. “¿Se hubiera sentido cómodo con ellos? “Me da la impresión de que me hubiera resultado muy incómodo” contar con un consultor al lado. Pero, “si no estás idiotizado del todo, sabes que hay que escuchar con mucha atención las opiniones de la gente que sabe”, puntualiza, y en este sentido, sin tener específicamente la figura de los consultores, como tales, sí que el periodista reconoce que consultaba a menudo con muchos compañeros de la cadena “jefes y no jefes”. El caso, cierra Gabilondo, "que no tuve esa experiencia".
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| También hubo momentos para la sonrisa en la entrevista a Iñaki Gabilondo (Captura videopodcast) |
Gabilondo reflexiona ante Guillermo Vila sobre el poder del periodista, sobre la diferencia entre prudencia y autocensura, y sobre la ética en el uso de la palabra. Insiste en algo que atraviesa toda la charla: no solo importa qué se dice, sino cómo se dice. Porque el periodista no solo informa; también enseña —aunque no quiera— a discrepar, a convivir y a mirar al otro. Reconoce que él ha pedido perdón siempre que lo ha visto necesario. Como en los casos de los ‘suicidas’ del 11-M o de su agrio enfrentamiento con José María Aznar, cuando fue presidente del gobierno, “porque yo vivía el tema del terrorismo de una manera muy particular: como un ciudadano cualquiera, como vasco y me repugnaba que se matara en nombre de mi pueblo y como periodista amenazado que durante un período de su vida tuvo que ir con escolta”, cuenta. “No me puedo enorgullecer de mi ira”, reitera en “Hoy en el pódcast” de Vila.
El episodio recorre momentos clave de su trayectoria: “Hoy
por Hoy,” las grandes batallas mediáticas, la guerra de Irak, el 11-M y la
entrevista a Felipe González en pleno caso GAL. Pero no desde
la nostalgia, sino desde la experiencia. A lo largo de la conversación,
Gabilondo reflexiona con mucha claridad sobre la relación que ha mantenido con
el poder político y sobre cómo ha protegido su independencia. Explica que nunca
quiso formar parte de las cocinas ni de los conciliábulos, y que evitó
deliberadamente cualquier proximidad que pudiera condicionar su mirada. “No
he ido a comidas de trabajo con políticos nunca. No he querido ir”, dice,
convencido de que esa distancia fue una de sus mayores garantías profesionales.
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