Los 40 y el locutor que nunca ficharon: una historia de amor no correspondido y radio que olía a vinilo
- Antes de Spotify y YouTube, Los 40 Principales decidían qué música existía en España. Un locutor con criterio valía más que cualquier algoritmo. Yo lo viví desde el otro lado, en la competencia, con diecinueve años y la certeza absoluta de que antes o después alguien de Gran Vía 32 iba a llamarme. No llamaron. Y esta es la historia de lo que perdimos cuando la radio musical dejó de mandar, de tener magia
"Para mí, la radio y la música eran, por encima de todo, una vía de evasión. En aquella emisora, Radio España, de Don Eugenio Fontán se cobraba poco; recuerdo perfectamente que la tarifa eran mil pesetas la hora. Había que echarle una cantidad indecente de horas al estudio para poder pagar el alquiler y juntar un sueldo digno a fin de mes. A mí nunca me importó. Las horas siempre me parecían pocas porque lo que sentía era pura pasión. Una adicción tan fuerte que, aún hoy, tres décadas después, a veces sigo sintiendo el mono de micrófono"
Y mientras hacía mi trabajo con toda la convicción y la
energía de quien es un chaval y cree que la radio musical es lo más parecido
que existe a ser inmortal, en algún rincón secreto y nunca admitido de mi
cabeza, esperaba que alguien de Gran Vía 32 cogiera el teléfono y me llamara
fichándome ipso facto como locutor de la 93,9 FM. Hace unos
días, una comida reciente con el fundador de Los 40 Principales, Rafael
Revert, y con su hijo Rafa Revert Jr. me ha hecho recordar
aquellos años, que viví con intensidad propia de la edad.
Ese fichaje nunca ocurrió (¡cabrones!). Siempre estuve
al otro lado de la calle. Y con los años, he llegado a pensar que quizás eso
fue lo mejor que me pudo pasar. Pero eso es otra historia.
Lo que sí quiero contar es lo que era aquello. Porque
aquellos años —los de finales de los ochenta y los noventa— fueron algo que no
existe ya en ninguna parte y que merece ser narrado antes de que quienes
lo vivimos acabemos siendo los últimos en recordarlo.
Nunca he vivido tan ajustado como entonces, y nunca he
disfrutado tanto trabajando. Recordatorio para Juan Ignacio Ocaña y
la FARTE (Federación
de Asociaciones de Radio y Televisión de España), a lo mejor no me debéis
una antena
de oro por lo bueno que era, ¡pero seguro que sí por lo mucho que lo
disfruté!
Gran Vía 32, los martes, y el poder de decidir
Los 40 Principales tenía sus estudios en Gran Vía 32. Los
martes por la tarde se celebraba allí una reunión que, sin exageración ninguna,
era uno de los actos más influyentes de la industria cultural española de
aquella época.
En esa reunión se decidían los cuatro «discos rojos» de la
semana —las canciones en rotación preferente— y el número uno. Cinco discos.
Cinco decisiones tomadas por un grupo de personas en una sala de Madrid. Y a
partir del miércoles siguiente, esas cinco canciones sonarían en Los 40 cada
dos horas. Doce veces al día. Nunca nadie tuvo un poder similar en una
industria. Allí se decidía el éxito o el fracaso en cuestión de minutos.
Y el ritual del vinilo tenía su propia liturgia. Antes de ponerlo en antena, limpiabas el disco con el trapo específico, comprobabas que no tuviera rayaduras ni polvo, calibrabas el volumen. Había locutores que trataban sus vinilos con más cuidado que a sus novias. Y con razón: una aguja que saltaba en directo era una vergüenza que se quedaba grabada en la memoria de todos los que la escuchaban.
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| Rafael Revert en su despacho de Radio Madrid, en los comienzos de la aventura de Los 40 Principales (Archivo Cadena SER) |
Era una España sin Spotify, sin YouTube, sin streaming de ningún tipo, con la única alternativa de ir a una tienda de discos o escuchar la radio. Con MadridRock, Discoplay y la discotienda de El Corte Inglés. Sí, un espacio en los Centros Comerciales de El Corte Inglés inmenso y exclusivo para los amantes de la música porque el ingreso por metro cuadrado lo sostenía. ¡Vaya que si lo sostenía!
Lo que esas cinco canciones conseguían, con raras
excepciones, era triunfar. No porque fueran necesariamente mejores que las
demás -que posiblemente también-. Sino porque la rotación creaba familiaridad,
y la familiaridad creaba deseo, y el deseo creaba ventas, y las ventas creaban
listas, y las listas confirmaban lo que la radio ya había decidido. Era un
circuito perfectamente cerrado donde Los 40 Principales no reflejaba el
gusto del país. Lo fabricaba.
Las discográficas lo sabían perfectamente. Por eso tenían departamentos enteros de «promoción» —una palabra que en aquella época significaba cosas concretas y tangibles: representantes que visitaban cada radio con los nuevos lanzamientos, presentaciones a las que los locutores éramos invitados cada semana, vinilos que llegaban a los estudios antes de que salieran a la venta—. El negocio de la música popular española de esos años pasaba, inevitablemente, por Gran Vía 32. Y por los estudios de Manuel Silvela también, aunque con menos presupuesto y menos influencia.
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| José Andrés García, Manolo González, María Angeles Juez, Inma Codina, Olimpia Torres y Rafael Revert, los pioneros de los actuales 40 Principales, en aquella Radio Madrid FM (Archivo Cadena SER) |
Los DJs de las mejores discotecas viajaban a Londres entre semana a buscar vinilos que todavía no habían llegado a España. Volvían con cajas de singles y maxis. Recuerdo que cuando llegué a Joy Eslava, donde trabajé durante algunos años, una de las cosas que más me impresionó es que el director y el DJ viajaban una vez al mes a Londres a traer la mejor música. Venían cargados. Los clubes también eran prescriptores, en una ciudad en ebullición, la música era la vanguardia. La ola tecno y dance que invadió la radio española de principios de los noventa llegó en buena parte importada por esos viajes. Primero sonaba en las discotecas de Manchester o Sheffield. Dos semanas después, sonaba en los 40. Un mes después, todo el mundo la conocía.
"Era una España sin Spotify, sin YouTube, sin streaming de ningún tipo, con la única alternativa de ir a una tienda de discos o escuchar la radio. Con MadridRock, Discoplay y la discotienda de El Corte Inglés. Sí, un espacio en los Centros Comerciales de El Corte Inglés inmenso y exclusivo para los amantes de la música porque el ingreso por metro cuadrado lo sostenía. ¡Vaya que si lo sostenía! La rotación de la radio creaba familiaridad, y la familiaridad creaba deseo, y el deseo creaba ventas, y las ventas creaban listas, y las listas confirmaban lo que la radio ya había decidido. Era un circuito perfectamente cerrado donde Los 40 Principales no reflejaba el gusto del país. Lo fabricaba"
¡Qué le jodan al algoritmo! En los 90 elegíamos las
personas
Lo que no existe hoy y que resulta casi imposible de
explicar a alguien que no lo vivió es la autoridad cultural de los locutores de
radio musical de aquella época.
José Antonio Abellán (para mí fue el mejor), Yolanda
Valencia (posiblemente la mejor locutora), Luis Vaquero —¡Vaquero
de mediodía!, que venía de la SER y acabó en el top 40 y traía consigo toda la
credibilidad de haber pasado por la casa madre—, Fernandisco:
cuando cualquiera de ellos ponía un disco nuevo en antena con entusiasmo real,
aquello no era un gesto neutro. Era un empuje. Una canción que Fernandisco presentaba
a las once de la noche con emoción en la voz no era la misma canción que
presentaba sin emoción. Los oyentes lo notaban. Las discográficas también y
hacían lo posible por «emocionarle».
Y luego estaban las peticiones. El teléfono de la emisora
sonando a las dos de la madrugada. “Oye, ¿me puedes poner a los Hombres G
para dedicársela a mi novia que se llama Sonia y vive en Alcorcón?”
Contestabas, prometías, a veces cumplías y a veces simplemente ponías lo que te
daba la gana y decías el nombre de Sonia de Alcorcón igual o no. Nadie se
quejaba. En el 97.2 FM teníamos dos líneas para peticiones. Hoy, no
recuerdo el número de móvil de mi hija, pero aún si el de la centralita de la
radio. ¡Mira si lo habré repetido veces! Las dos líneas sonaban a la vez
durante horas.
Luqui era otra categoría. Joaquín Luqui. El
erudito, el abuelillo, como le decíamos con el cariño que solo se le
tiene a quien sabe infinitamente más que tú sobre algo que a los dos os
importa. Murió demasiado pronto y dejó un hueco que nadie ha llenado, porque
ese tipo de autoridad musical —construida durante décadas, basada en el
conocimiento real y no en la pose— no se fabrica con un contrato.
Y luego estaba Mariano García (DEP). Discocross.
Él tenía el rock. El Pirata también. Había una
especialización temática que hoy resulta pintoresca pero que entonces era
funcional: cada franja horaria tenía su experto, su universo, su oyente. Era
un caos armoniosamente ordenado, lo cual es la descripción más exacta que se me
ocurre de lo que significaba aquella radio. Un sistema con sus lógicas,
sus jerarquías informales, sus rituales y su capacidad de hacer que millones de
personas escucharan exactamente lo mismo a la misma hora.
Mariano García, siempre con su fiel Jesús que le llevaba los discos y le ponía las copas. Sí, el se lo podía permitir en el estudio y otros teníamos prohibido tener una lata de Coca-Cola cerca de la mesa de mezclas. Y lo mejor es que él sonaba igual de bien con dos copas que en ayunas. Hay gente que funciona así y a la que no se le puede añadir ni una sola coma.
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| Fernandisco y Joquín Luqui, dos nombres imprescindibles en la historia de Los 40 Principales en el pasillo de Gran Vía 32, sede de las radios de Prisa (Fotografía Cadena SER) |
Desde el Top 40 del 97.2, donde yo trabajaba, la distancia
con Los 40 Principales era a la vez pequeña y enorme. Pequeña porque hacíamos
lo mismo —radio musical, radiofórmula, la misma obsesión por las listas—.
Enorme porque ellos tenían los medios, las discográficas de su lado y la
inercia de ser el referente absoluto. Una época competimos de tú a tú.
Otra época, cuando empezaron a emitir vía satélite y de pronto pasaron de ser
una emisora a ser un sistema, la distancia se hizo insalvable. Que conste que
lo llevé con deportividad ejemplar. Si por deportividad se entiende una envidia
sorda, permanente y nada sana que me acompañó durante años. No era envidia de
la mala, que conste. Era envidia de la que te hace trabajar más.
Con una fracción de sus recursos y tal vez la mitad de sus salarios, competíamos. No ganábamos —seré honesto—, pero competíamos y ¡vaya si lo disfrutábamos! Teníamos buenos locutores. Algunos aún siguen: Javi Nieves, que todavía hoy está en la radio musical en Cadena 100; Jaime Moreno, que también sigue en Cadena Dial. Otras viejas glorias lo fueron dejando Julio Manuel Domingo o Luis Vaquero.
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| Fotografía histórica de una generación de DJs de Los 40 Principales, que hicieron muy grande esta emisora (Fotografía Los 40 Principales) |
Gregorio Ramón tardó exactamente veinticuatro horas en cazarme. Me pilló del cuello y me sentó en el despacho de Raúl Marchant, que era quien tenía que aprobar esas cosas personalmente. Raúl, que imponía bastante, me esperaba con un radiocasete encima de la mesa listo para reproducir el cuerpo del delito. Play: «Aleeeejandro Suáaaaarez…, tachán». Me vi literalmente en la puta calle. Sin embargo, tras escuchar la cinta, Raúl se descojonó vivo, autorizó los jingles y me pidió que le trajera todos los que tuviera grabados para decidir cuáles podíamos pinchar. Me salvé por los pelos y sentí como si hubiera recibido un Óscar. Recuerdo mi sonrisa victorioso y desafiante ante la cara de Gregorio confuso como a quién le ha salido el tiro por la culata.
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| Juan de Dios Rodríguez en aquellos primeros estudios de Los 40 Principales de Radio Madrid (Archivo Cadena SER) |
Por cierto, el máster de aquel jingle pionero aún lo conservo en un formato que en aquella época era la vanguardia profesional y hoy es una reliquia inservible: una cinta DAT. No tengo ningún reproductor donde meterla y me encantaría encontrar la forma de digitalizarlo y pasarlo a MP3, aunque solo sea para volver a oírlo hoy en día y descojonarme a gusto al recordar lo jodidamente hortera que suena que un coro cante tu propio nombre con redoble final de tambores antes de dar paso a la siguiente canción.
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| Alejandro Suárez, el autor de este artículo |
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leyendo este artículo de Alejandro Suárez, CEO de Merca2.es
Agradecemos la cortesía del autor, CEO del digital Merca2.es, al cedernos el copyright para la publicación de este artículo.
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