"Tres claves para la nueva temporada de radio en España", por Guillermo Vila
- La nueva temporada radiofónica trae más novedades de las habituales. Es sabido que los cambios en la radio generalista suelen ser lentos. No se toman decisiones precipitadas porque, salvo excepciones, el propio sistema de medición de audiencia —el Estudio General de Medios— tarda en certificar el éxito o el fracaso de una apuesta
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| Como cada comienzo de temporada radiofónica, los corredores ocupan su puesto en la línea de salida, y cada EGM parte de cero oyentes en su recuento (Imagen creada por IA, gracias a Chat GPT) |
1. Una nueva generación llega al prime time
Con la excepción de Íñigo Alfonso, esta temporada será la primera en la que profesionales de una nueva generación, entre los 40 y los 50 años, asuman el mando del prime time de la radio española. Carlos Alsina era un puente entre generaciones, pero es evidente que Aimar Bretos, José Luis Sastre, Rafa Latorre y Marta García Aller pertenecen a una época distinta a la de Juan Ramón Lucas, Carlos Herrera, Federico Jiménez Losantos o Àngels Barceló.
"¿Será capaz esta nueva radio de afrontar el ciclo electoral manteniendo su capacidad de influencia? Lo tiene difícil. Cada vez hay más competidores en el ecosistema digital, cada vez más jóvenes construyen su visión de la actualidad a través de líderes de opinión ajenos a los medios convencionales y las mentiras siguen campando a sus anchas en los reels y los grupos de WhatsApp. Tal vez por eso esta temporada sea algo más que un cambio de nombres. La radio española afronta al mismo tiempo un relevo generacional, una discusión pendiente sobre el papel de lo público y una prueba de su influencia en un ecosistema informativo mucho más fragmentado que aquel en el que construyó su poder. En el fondo, la pregunta que atraviesa las tres claves: si estamos simplemente ante una nueva temporada de radio o ante el comienzo de una radio nueva"
Será, por tanto, una oportunidad para comprobar si estos profesionales, que a buen seguro renovarán lenguajes y estilos, conectan con una audiencia cada vez más envejecida, con medias de edad en el entorno de los 55 años. Es evidente que las empresas buscan con estos nombramientos nuevas bolsas de oyentes y, sobre todo, públicos que se encuentran más allá de la escucha en directo.
En el caso de la SER, la apuesta es más arriesgada si cabe.
Como líder de audiencia desde hace décadas, tiene mucho más que perder.
Rafa Latorre tiene por delante, por su parte, dos retos
igualmente difíciles:
- Mantener
la sobriedad formal y la profundidad argumental de Alsina;
- y hacerlo, además, sin poder “matar al padre”, que seguirá en el segundo tramo del programa.
2. ¿Estabilidad o falta de ideas?
COPE afronta la temporada con la misma duda de todos los años: ¿será el último curso de Carlos Herrera? La emisora lleva tiempo planificando el día después de la salida de su gran estrella, el hombre que la ha llevado a cotas de audiencia históricas. Se han hecho muchas apuestas, se ha probado a distintos perfiles y parece que, al final, será Jorge Bustos quien, acompañado por Alberto Herrera en el segundo tramo, esté llamado a heredar uno de los micrófonos más personalistas de la radio española.
Su lenguaje ácido, ilustrado y escéptico puede funcionar en la confrontación directa con Rafa Latorre. Falta por saber si será capaz de convencer también al oyente clásico de COPE, acostumbrado a una radio analógica, caliente y mordaz.
De momento, este año COPE saca pecho y, ante los cambios de la competencia, alardean de continuidad.
El caso de RNE es difícil de entender
Nadie sabe muy bien qué rumbo lleva la emisora desde que
decidió retirar a Íñigo Alfonso. Da la impresión de que va poniendo parches,
pagando viejas deudas y sin decidir si quiere ser una emisora diferente al
resto —por presupuesto y plantilla, debería serlo— o competir en el mismo
terreno que las demás. Y, sin embargo, bajo esa marca siguen cobijándose
algunas de las joyas del periodismo radiofónico español: de Radio Clásica
a Documentos RNE; de las ficciones sonoras de su Lab al periodismo
sobrio y ágil de Tablero Deportivo, al que esta temporada se
incorpora, procedente de Radio Marca, Pablo
López.
Quizá sea precisamente aquí donde RNE tenga por delante una
discusión que va mucho más allá de nombres y programas: qué significa ser una
radio pública en un ecosistema en el que la radio ya no compite solo por la
audiencia, sino también por la atención y por el mercado del audio digital.
El debate británico en torno al modelo de la BBC
El debate acaba de estallar en Reino Unido. El 6 de agosto, una coalición de 18 empresas británicas de medios, entre ellas Global, Bauer, News UK y Telegraph Media Group, pidió al Gobierno que impidiera a la BBC introducir publicidad en sus pódcast y contenidos de audio distribuidos a través de plataformas de terceros. El argumento es interesante porque va más allá de la vieja discusión sobre si una radiotelevisión pública debe vender publicidad. Lo que sostienen estas compañías es que la BBC podría utilizar su enorme capacidad de producción, financiada principalmente mediante el canon, para competir después en el mismo mercado publicitario del que viven operadores comerciales y productores independientes.
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| El autor plantea la necesidad de un debate en torno al papel de la radio pública (Fotografía RTVE, RNE) |
La discusión británica debería interesarnos también en España. RNE dispone de una capacidad de producción, un archivo, una red territorial y unos recursos difícilmente comparables con los de cualquier operador privado. La cuestión no es solo cuánta audiencia consigue, sino qué hace con esa posición singular.
3. Año de elecciones: ¿mantendrá la radio su capacidad de
influencia?
La radio generalista ha tenido siempre en España una enorme
influencia política. Sus programas y tertulias han acompañado algunos de los
episodios fundamentales de nuestra historia reciente. La radio fue clave en el
23-F (1981); volvió a representar, en buena medida, a las dos Españas durante los años
finales del felipismo y desempeñó un papel central en las horas posteriores a
los atentados terroristas del 11-M.
También supo explicar, quizá como ningún otro medio tradicional, la volatilización del mapa político que comenzó en 2011 y ha continuado durante estos intensos años de Pedro Sánchez. El curso que arranca será el de las elecciones autonómicas y, muy previsiblemente, el de las elecciones generales.
¿Será capaz esta nueva radio de afrontar el ciclo electoral manteniendo su capacidad de influencia? Lo tiene difícil. Cada vez hay más competidores en el ecosistema digital, cada vez más jóvenes construyen su visión de la actualidad a través de líderes de opinión ajenos a los medios convencionales y Las mentiras siguen campando a sus anchas en los reels y los grupos de WhatsApp
Más que un cambio de nombres...
Tal vez por eso esta temporada sea algo más que un cambio de
nombres. La radio española afronta al mismo tiempo un relevo generacional, una
discusión pendiente sobre el papel de lo público y una prueba de su influencia
en un ecosistema informativo mucho más fragmentado que aquel en el que
construyó su poder.
Bretos, Sastre, Latorre o García Aller no solo tendrán que
demostrar que pueden heredar los grandes micrófonos. Tendrán que averiguar
cuánto pesan todavía esos micrófonos.
Porque esa es, en el fondo, la pregunta que atraviesa las
tres claves: si estamos simplemente ante una nueva temporada de radio o
ante el comienzo de una radio nueva.
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