"Lo de Alsina, lo de Àngels", por Guillermo Vila
- Onda Cero y la SER afrontan movimientos que van mucho más allá de dos nombres propios, mantiene el autor de este artículo, el profesor e investigador, además de podcaster, Guillermo Vila
- En este artículo analiza el escenario, más allá de los nombres, centrándose en la nueva realidad de la radio y el audio en este siglo XXI y en la necesidad de contar con una nueva generación de comunicadores más sensible a los nuevos canales y formatos
- Vila analiza las figuras de Alsina, Latorre y Barceló desde el punto de vista de su capacidad y de sus aportaciones, subrayando la generación a la que pertenecen y los oyentes que les siguen
![]() |
| Los micrófonos están ahí, esperando. Los comunicadores son los que les dan vida (Fotografía generada por IA, gracias a Chat GPT) |
"El liderazgo de Àngels Barceló ha sido sobrio, más coral que personalista, muy coherente con la tradición histórica de la SER. Ha sabido combinar cierta espontaneidad con la estructura clásica de la cadena y ha sostenido la antena en años especialmente convulsos política y socialmente. Ahora bien, también creo que en determinadas ocasiones no ha sabido —o no ha querido— despegarse suficientemente del poder político. Y probablemente ese siga siendo el pecado más grave que puede cometer un periodista: parecer demasiado cómodo cerca del Gobierno de turno"
La operación responde, en parte, a una lógica empresarial
bastante evidente. Después de curtirse junto a Alsina y de consolidar
progresivamente "La Brújula" como una de las grandes referencias
del análisis político nocturno, parece razonable que Latorre se enfrente ya a
la Champions de la radio española: las mañanas.
Tiene solvencia intelectual, personalidad editorial y una capacidad notable para construir un discurso argumentado sin necesidad de elevar el tono. Y encaja como un guante en esa idea de “radio ilustrada” que Onda Cero lleva años cultivando frente al modelo más emocional o más ideologizado de otros competidores. De todo ello tuve ocasión de charlar con él en uno de los episodios de Hoy en el podcast de los que guardo mejor recuerdo.
Ahora bien, el reto no será menor. Porque las mañanas no
solo exigen análisis; también requieren cercanía, intuición popular, capacidad
de conversación y cierto sentido del espectáculo. La gran dificultad de la
radio generalista siempre ha consistido precisamente en eso: en combinar
profundidad y compañía, reflexión y ritmo, inteligencia y calor humano.
Alsina, por su parte, deja el centro del ring radiofónico
con la satisfacción de haber renovado como nadie —probablemente desde los
tiempos de Luis del Olmo— el lenguaje de las mañanas en España. Su estilo
pausado, elegantemente irónico, contundente en el fondo y exquisitamente
educado en las formas ha demostrado que todavía era posible hacer una
radio política sofisticada sin caer ni en el griterío ni en la caricatura
permanente.
Sus monólogos han devuelto a la radio algo que parecía perdido: el gusto por la narración, el uso intencional de los silencios y una cuidada arquitectura verbal. Mientras otros apostaban por la velocidad, la indignación o el impacto constante, Alsina eligió otro camino, más difícl, más lento, moralmente superior. Y eso tiene un valor extraordinario. Creo sinceramente que Alsina ya ocupa un lugar indiscutible entre los grandes comunicadores de la historia de la radio española.
¿Y en la SER ahora qué?
Mientras tanto, en la Cadena SER, los tambores de cambio
llevan sonando al menos dos temporadas. Barceló ha conseguido mantener el
liderazgo de Hoy por Hoy en un contexto extremadamente
competitivo, y eso merece ser reconocido. No era sencillo sostener el reinado
teniendo enfrente a un Carlos Herrera que, ola tras ola del EGM, parecía
dispuesto a asaltar definitivamente el trono de las mañanas.
"Alsina, por su parte, deja el centro del ring radiofónico con la satisfacción de haber renovado como nadie —probablemente desde los tiempos de Luis del Olmo— el lenguaje de las mañanas en España. Su estilo pausado, elegantemente irónico, contundente en el fondo y exquisitamente educado en las formas ha demostrado que todavía era posible hacer una radio política sofisticada sin caer ni en el griterío ni en la caricatura permanente. Sus monólogos han devuelto a la radio algo que parecía perdido: el gusto por la narración, el uso intencional de los silencios y una cuidada arquitectura verbal. Mientras otros apostaban por la velocidad, la indignación o el impacto constante, Alsina eligió otro camino, más difícl, más lento, moralmente superior"
El suyo ha sido un liderazgo sobrio, más coral que
personalista, muy coherente con la tradición histórica de la SER. Ha sabido
combinar cierta espontaneidad con la estructura clásica de la cadena y ha
sostenido la antena en años especialmente convulsos política y socialmente.
Ahora bien, también creo que en determinadas ocasiones no ha
sabido —o no ha querido— despegarse suficientemente del poder político. Y
probablemente ese siga siendo el pecado más grave que puede cometer un
periodista: parecer demasiado cómodo cerca del Gobierno de turno.
Entre los posibles sucesores aparecen dos nombres que
encajarían perfectamente en el modelo actual de la cadena: José Luis
Sastre y Aimar Bretos.
Ambos representan una nueva generación de comunicadores,
ambos manejan con naturalidad los nuevos lenguajes audiovisuales y ambos tienen
un inconveniente difícil de ignorar en el contexto actual de la SER: son
hombres. Y eso, en una cadena especialmente sensible a determinados equilibrios
simbólicos y editoriales, podría influir en la decisión final. Aunque
movimientos paralelos —como situar a una mujer al frente de Hora 25—
podrían despejar ese camino.
Porque ahí está el verdadero desafío de esta nueva etapa:
mantener la influencia cultural y política de la radio de mañana en un
ecosistema radicalmente distinto. Hoy las cadenas compiten simultáneamente con
la televisión, con YouTube, con Twitch, con TikTok, con los daily
podcasts y con un consumo fragmentado que obliga a repensar incluso la
propia noción de programa en directo.
La radio sigue conservando algo único: la capacidad de
acompañar. Pero ya no basta únicamente con acompañar. Ahora también necesita
circular, compartirse, recortarse, viralizarse y adaptarse a nuevas formas de
escucha que exigen ritmos y códigos distintos.
Quizá por eso estemos asistiendo a un relevo generacional
especialmente importante -sumemos a la ecuación la apuesta de COPE por Jorge
Bustos-.
Las grandes cadenas parecen haber entendido que ya no
basta con administrar prestigio heredado.
Necesitan voces capaces de dialogar con una audiencia más
joven sin romper del todo el vínculo emocional y cultural que durante décadas
convirtió a la radio matinal en uno de los grandes centros de poder e
influencia en España.
Lo de Alsina y lo de Àngels, en realidad, no habla solo de
dos comunicadores. Habla del final progresivo de una época. Y del intento
—todavía incierto— de construir la siguiente.
-El artículo original
en el blog de Guillermo Vila.
Relacionado
-Iñaki Gabilondo: “No me he falsificado nada”, por Guillermo Vila (2026)
-Gorka Zumeta: “A la radio le viene bien la polarización política” (2025)
-"El audio en el futuro Grado de Comunicación de la UNED", por Guillermo Vila (2025)
-"Hoy en el Pódcast", el metapódcast apasionado de Guillermo Vila (I) (2025)
-"Hoy en el Pódcast", el metapódcast apasionado de Guillermo Vila (y II) (2025)
-"Las notificaciones pueden cargarse la radio", por Guillermo Vila (2021)
