Javier Sánchez: "No dejemos que la comodidad nos haga partícipes del feudalismo digital"
- Uno de los máximos impulsores del concepto de Servicio Público que representa la Corporación RTVE, Javier Sánchez, plantea un alegato en defensa de los principios que siempre han mantenido robusto un sistema en el que los ciudadanos son propietarios de sus medios audiovisuales: la televisión y la radio, y tienen derecho a recibir sus emisiones de forma gratuita y universal
- En su recorrido histórico reciente se descubre la pelea por el control del espectro que están sufriendo los viejos radiodifusores, por parte de los ambiciosos operadores de telecomunicaciones, que reclaman cada vez más espacio para alojar sus comunicaciones de datos en una época en que la población está literalmente hipnotizada por las pantallas
- Sánchez denuncia que el dinero y el mercantilismo se están imponiendo en los procesos que atañen a radio y televisión. De hecho, mantiene, la radiodifusión les resulta incómoda a los fabricantes de televisores y vehículos, porque no les reporta ninguna rentabilidad, mientras el ecosistema IP está mejorando sensiblemente sus cuentas de resultados
- Esta intervención de Sánchez en la Asamblea Técnica de la UER, que tuvo lugar en Barcelona, el pasado mes de junio, levantó polémica porque dejaba al descubierto una pelea tan enconada como silenciosa que está provocando una involución de la industria tradicional de radiodifusión. Esta web ha tenido acceso al texto completo, y creemos que merece la pena leerlo por los valores que defiende
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| Javier Sánchez, director de Política Audiovisual y Servicio Técnico de RTVE, durante su intervención en la Asamblea Técnica de la UER que tuvo lugar en Barcelona en junio pasado (Fotografía UER) |
"Nuestra fortaleza sigue estando en la radio y la televisión lineales distribuidas mediante radiodifusión. Ahí continúan estando las cifras realmente significativas de consumo. Ahí reside nuestra relevancia y valor para los ciudadanos. Y ahí debe seguir estando en el futuro. Por eso tenemos que reforzarnos precisamente donde somos fuertes: manteniendo el control sobre la distribución que nos brinda la radiodifusión"
Un mundo en el que los miembros de la UER eran grandes motores de la innovación, prestando servicio a través de un bien escaso que compartíamos con otras radios y otras televisiones: el espectro. Y fue precisamente ahí donde llegó la primera gran señal de alarma.
En una Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones, comprendimos que el futuro de la Televisión Digital Terrestre ya no estaba garantizado. No querían únicamente nuestras frecuencias: querían nuestras audiencias. Y entendieron que no había mejor manera de debilitarnos que arrebatándonos la capacidad de prestar servicio.
Con el tiempo vimos cómo la tendencia era clara: los operadores de telecomunicaciones, auspiciados por la industria, empezaron a reclamar asignaciones en primario para Telecomunicaciones Móviles Internacionales desde 0 Hz hasta el infinito. Si controlaban el acceso al espectro, también podrían imponernos unilateralmente sus condiciones, especialmente las económicas, aunque la calidad de servicio fuese muy inferior a la de la radiodifusión. Pero eso parecía importar poco.
Paralelamente, empezamos a comprender que también teníamos que defender algo tan básico como nuestra visibilidad en los dispositivos.
Primero fueron los televisores. Cada vez se ponía más difícil a los ciudadanos acceder a nuestros canales. No bastó con eliminar de los mandos a distancia los botones numéricos y de colores. Llegaron después los botones dedicados a las grandes plataformas, comprados a golpe de talonario: a un euro por botón y por mando.
"Eso no significa no tener en cuenta el mundo IP, sino todo lo contrario. Debemos seguir haciendo las cosas lo mejor posible también ahí. Pero sin olvidar nunca que cada vez que dependemos de soluciones IP de terceros estamos reforzando el modelo de los gigantes tecnológicos: un modelo en el que proliferan los gatekeepers, en el que incumplir las normas sigue siendo rentable y en el que los radiodifusores perdemos progresivamente el control, la integridad y la independencia de nuestros contenidos"
Con una sola decisión eliminaron la primera capa de prominencia de la televisión pública y privada: el acceso directo a los canales. Y, al mismo tiempo, mutilaban un HbbTV que, por ejemplo, en España forma parte esencial de la Televisión Digital Terrestre. Pero tampoco se quedaron ahí.
Convirtieron la pantalla principal del televisor en un escaparate vendido al mejor postor. Intentaron controlar la lista de canales mediante actualizaciones de software. Y dificultaron incluso la sintonización de canales TDT y satélite, hasta el punto de exigir conexión a internet en numerosos casos para poder completarla.
En la radio, la pérdida de visibilidad ha sido más silenciosa, pero no menos grave.
A medida que las pantallas han ido ocupando los salpicaderos, la radio ha dejado de ser prominente en los vehículos. En menos de una década ha pasado de ocupar un lugar central a quedar escondida entre menús y aplicaciones. Antes, la calidad de audio ayudaba a vender coches. Hoy se vende el tamaño, el colorido y el diseño de la pantalla central. Y esto está sucediendo mientras que la principal causa de accidentes en España, por ejemplo, son las distracciones al volante.
Por eso hay una pregunta incómoda que cualquier ciudadano puede hacer hoy en un concesionario: “¿dónde está la radio?”. Porque la realidad es que todavía puede encontrarse si se busca lo suficiente. Pero su presencia futura en el automóvil ya no está garantizada. Y si la radio desaparece de los vehículos, la radio terminará desapareciendo como medio de comunicación.
En ambos casos, televisores y vehículos, los servicios que llegan por internet representan una fuente directa de ingresos. Los fabricantes de televisores hace mucho tiempo que ganan más dinero actuando como gatekeepers que vendiendo aparatos. Y todo indica que los fabricantes de automóviles quieren recorrer exactamente el mismo camino: controlar el contenido de sus pantallas.
No es extraño, por tanto, que la radiodifusión les resulte incómoda. En los televisores, porque exige tomas de antena y sintonizadores. En los vehículos, porque obliga a instalar antenas de FM y de DAB+, cableado y receptores específicos. Y en ambos casos porque supone costes que no les generan ingresos adicionales. Mientras tanto, todo lo que llega por IP es más sencillo de implementar y mucho más rentable para ellos.
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| Miembros del nuevo Comité Técnico de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) elegidos en Barcelona (Fotografía Josep Echaburu/RTVE) |
"Si no conseguimos una regulación adecuada de la prominencia, el futuro de nuestras radios y televisiones no estará garantizado tal y como hoy las conocemos. Y si acaban transformándose en algo distinto, desprovistas de identidad propia, corremos un riesgo enorme: que los ciudadanos dejen de reconocerlas como suyas y que desaparezca el valor social y democrático que llevan otorgándoles desde su nacimiento. Hablar de tecnología en una Asamblea Técnica de la UER puede parecer como hablar de Dios en la Iglesia. Pero, en realidad, no es así. Porque lo verdaderamente importante no es la tecnología: es el servicio. Y no todas las tecnologías sirven por igual para prestar servicio a los ciudadanos"
Eso no significa no tener en cuenta el mundo IP, sino todo lo contrario. Debemos seguir haciendo las cosas lo mejor posible también ahí. Pero sin olvidar nunca que cada vez que dependemos de soluciones IP de terceros estamos reforzando el modelo de los gigantes tecnológicos: un modelo en el que proliferan los gatekeepers, en el que incumplir las normas sigue siendo rentable y en el que los radiodifusores perdemos progresivamente el control, la integridad y la independencia de nuestros contenidos.
Con este panorama, resulta lógico que las prioridades estratégicas sean claras.
Para la radio, lograr primero que los receptores de FM y de DAB+ sean obligatorios en todos los vehículos nuevos que se vendan en la Unión Europea en los que tenga sentido. Y después, garantizar que la radio sea verdaderamente prominente en los vehículos, definiendo con claridad qué entendemos exactamente por prominencia.
Para la televisión, asegurar que las plataformas mayoritarias de televisión en abierto de cada Estado Miembro sean prominentes en los televisores, definiendo igualmente qué significa prominencia en términos reales y efectivos.
Porque si no conseguimos una regulación adecuada de la prominencia, el futuro de nuestras radios y televisiones no estará garantizado tal y como hoy las conocemos. Y si acaban transformándose en algo distinto, desprovistas de identidad propia, corremos un riesgo enorme: que los ciudadanos dejen de reconocerlas como suyas y que desaparezca el valor social y democrático que llevan otorgándoles desde su nacimiento.
Hablar de tecnología en una Asamblea Técnica de la UER puede parecer como hablar de Dios en la Iglesia. Pero, en realidad, no es así. Porque lo verdaderamente importante no es la tecnología: es el servicio. Y no todas las tecnologías sirven por igual para prestar servicio a los ciudadanos.
Mientras el mundo avanza hacia soluciones propietarias, mercados verticales y modelos basados en suscripciones, nosotros seguimos siendo fuertes en los estándares abiertos, en los mercados horizontales y en la prestación gratuita de servicios en abierto. Y eso está profundamente ligado a nuestro ADN.
La UER ha sido históricamente la gran referencia de la normalización europea e internacional. Durante décadas prácticamente no ha existido una norma relevante de radio o televisión que no haya contado con el impulso de la UER. Muchas de nuestras recomendaciones técnicas acabaron formando parte de normas europeas armonizadas y, posteriormente, de legislación de obligado cumplimiento.
Ahí seguimos teniendo una enorme capacidad de influencia. Y precisamente por eso no deberíamos reducir nuestra participación en comités y grupos de normalización. Deberíamos incrementarla. Porque abandonar esos espacios significa dejar que otros decidan por nosotros. Y significa aceptar que otros impongan sus modelos de negocio y sus reglas de mercado.
Por todo ello, queridos amigos, y con esto concluyo, me gustaría hacer un llamamiento a que no nos convirtamos en esclavos de la conveniencia contribuyendo, casi sin darnos cuenta, al feudalismo digital.
Lo que está en juego no es únicamente el futuro de los radiodifusores públicos. Lo que está en juego es también nuestro futuro como ciudadanos europeos. Un futuro en el que, ahora más que nunca, debemos contribuir a reforzar los pilares democráticos que nos han traído hasta aquí.
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