Obituario Augusto Delkáder (1950, 2026)
- Augusto Delkáder se ha ido. Definitivamente. Tuvo a su cargo el futuro de más de 2.000 empleados en la Sociedad Española de Radiodifusión
- Cuando, en el despacho del director del diario El País, Juan Luis Cebrián le anunció que había sido elegido para liderar la nueva Cadena SER surgida de la nueva propiedad de PRISA, la idea no le gustó
- Lo suyo era el periodismo escrito, el día a día, la redacción en plena sacudida, las exclusivas que tocan las narices. Pero Jesús de Polanco tenía tan clara la decisión como Cebrián
- Delkáder terminó por aceptar e hizo la mudanza a Gran vía 32. Es posible que, cuando llegara a su despacho de director de los Servicios Informativos, y se sentará en su silla, pensaría que había sido degradado
- Por fortuna, la SER, que es mucha SER, a pesar de algunos de sus directivos, no siempre a su altura, le cautivó enseguida y, juntos, emprendieron una de las etapas más fructíferas de sus más de cien años de historia
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| Augusto Delkáder en su despacho de Gran vía 32, sede de la Cadena SER, en octubre de 2019, por la cámara de Julián Rojas de El País) |
Sus secretarías, celosas protectoras, maestras de la discreción, se ocupaban de su agenda y de las idas y venidas a su despacho, y de la hiperactividad de su jefe. La profesionalidad había dejado paso al aprecio por el jefe. Delkáder les legó una especie de síndrome de Estocolmo incomprensible, magullado por la intensidad de un interminable horario laboral cada jornada. Recibir una llamada de alguna de ellas reactivaba el bombeo del corazón, y el sistema nervioso se disparaba: “Dice el señor Delkáder que subas”, era la frase de la ignición
Síndrome de Estocolmo
Sus secretarías, celosas protectoras, maestras de la discreción,
se ocupaban de su agenda y de las idas y venidas a su despacho, y de la
hiperactividad de su jefe. La profesionalidad había dejado paso al aprecio por
el jefe. Delkáder les legó una especie de síndrome de Estocolmo incomprensible,
magullado por la intensidad de un interminable horario laboral cada jornada.
Recibir una llamada de alguna de ellas reactivaba el bombeo del corazón, y el
sistema nervioso se disparaba: “Dice el señor Delkáder que subas”, era
la frase de la ignición.
Negociar con Augusto Delkáder era, directamente, perder. No
había alternativa. Su visión de la realidad era tan preclara que sus ideas resultaban
incontestables. Rara vez se le hacía cambiar de postura. Simplemente, porque él
(casi siempre) tenía razón. Como escribe Daniel Gavela en su obituario, una de
sus frases preferidas, tan contundente como su propia figura, era “Me
encontraréis muerto y será de razón”. “Se hizo costumbre -añade el
exdirector general de la SER en El País- que Augusto no se muriera, porque casi
siempre llevaba razón y se salía con la suya”. Sus ideas, simplemente, era
las mejores, las más ajustadas a la realidad cuestionada. Su visión, preclara.
El uniforme de camuflaje
No parecía el consejero delegado cuando paseaba por las
dependencias de la Cadena SER. Redactores junior, poco avezados en los
intríngulis del staff, le confundían con un empleado subalterno que se
desplazaba por las instalaciones llevando fotocopias de un lado para otro. El
error también era inducido por una chaqueta de lana con los codos desgastados
que, claramente, era una de sus preferidas como uniforme de camuflaje en la radio.
Y aquella estrategia le funcionaba, porque, para una mayoría aquel hombrecillo
no representaba ningún peligro.
No parecía el consejero delegado cuando paseaba por las dependencias de la Cadena SER. Redactores junior, poco avezados en los intríngulis del staff, le confundían con un empleado subalterno que se desplazaba por las instalaciones llevando fotocopias de un lado para otro. El error también era inducido por una chaqueta de lana con los codos desgastados que, claramente, era una de sus prendas preferidas como uniforme de camuflaje en la radio. Y aquella estrategia le funcionaba, porque, para una mayoría aquel hombrecillo no representaba ningún peligro
¡Qué equivocados estaban! Augusto Delkáder era, además de director
general, de consejero delegado y de presidente, las más altas responsabilidades
del organigrama de la PRISA desembarcada en la SER, un topo. Como de
costumbre en él, el mejor. Sin conocerle de nada, podías cruzarte con él en el
ascensor de Gran vía 32 y, sorprendentemente, te preguntaba, por tu nombre, por
cualquier aspecto relacionado con tu trabajo del día anterior. ¡El topo
te conocía, por tu nombre y apellido! ¡Sabía de tu existencia! Y asociar al
topo con el máximo, supermáximo, recontramáximo, jefe asustaba, pero sobre todo
halagaba. Delkáder conocía a su gente, y la cuidaba, a todos los niveles,
aunque no todos los afectados tuvieran constancia directa del nivel de
conocimiento.
"Tan inteligente como hermético"
Juan de Dios Rodríguez Pariente, autor del libro “Testigo
de Radio” (ExLibric, 2021), cuenta que, cuando llegó Delkáder, procedente
de El País, enviado con todas las credenciales de mando por Jesús de Polanco
y Juan Luis Cebrián, su trabajo era “la refundación de la redacción”.
Entró en la SER como director de Informativos, a las órdenes, entonces, del Eugenio
Galdón, que llegó, curiosamente desde COPE, como director general. La
función de Galdón era limpiar la SER de Eugenio Fontán, el anterior
director general, previo a la entrada de PRISA, en 1985. A Galdón le tocó reflotar
una emisora que atravesaba serias dificultades económicas. A Delkáder le tocó
regenerar el producto, o sea, la antena.
Rodríguez cuenta también en su libro que Delkáder “había
sido uno de los motores fundamentales de la consolidación de El País, tan amado
como odiado en el periódico, tan inteligente como hermético. Veía el futuro con
una nitidez sorprendente y manejaba las herramientas periodísticas como un
orfebre del oficio”. No era, pues, nada extraño que tanto Polanco como
Cebrián tuvieran clara la idea de que a la SER tenían que enviar a su mejor
hombre, a pesar de que, en una primera instancia, Delkáder no logró ver nada
atractiva la oferta. Pese a todo, aceptó el reto. Y, como ocurre con el 99% de
quienes se acercan a la radio con curiosidad, para conocerla, quedó
literalmente abducido por ella.
"Ante la duda, haz periodismo: las cintas de Txiki Benegas"
Polanco y Cebrián tenían claro, desde el principio, que Augusto Delkáder debía asumir las riendas de la nueva Cadena SER de PRISA. Pero no desde el comienzo, sino gradualmente. Galdón, ayudado de Jorge Planas en la gerencia, tenía el mandato de borrar los números rojos y reflotar las débiles cifras de aquella SER histórica, más próxima a la UCD de Adolfo Suárez. Delkáder fue ascendido a Director de Contenidos de la SER, José María -Pepo- Baviano asumió la dirección de Informativos y empezó a reforzar su equipo de colaboradores. Como aclara Rodríguez en “Testigo de radio”, “la llegada de su gente de confianza generaría un grave conflicto de intereses y competencias en la dirección general”. Galdón tenía la mosca tras la orejaDaba igual, una vez que Galdón saneó las cuentas, fue defenestrado y Delkáder asumió la dirección general. Entonces, empezó lo bueno...
"Augusto Delkáder había sido uno de los motores fundamentales de la consolidación de El País, tan amado como odiado en el periódico, tan inteligente como hermético. Veía el futuro con una nitidez sorprendente y manejaba las herramientas periodísticas como un orfebre del oficio” (Juan de Dios Rodríguez Pariente, "Testigo de Radio")Presidente de la SER "no ejecutivo"
Poco después de aquella supuesta ‘traición’ para algunos
altos cargos del PSOE de la SER al Gobierno, para quienes estábamos dentro en
aquel año, simplemente, ‘de periodismo’, la audiencia reconoció que la SER no
solo era la emisora líder en audiencia y confianza, sino que, como recuerda en
su obituario Daniel Gavela, le otorgó la mayor cifra de audiencia, todavía no
superada: 5.702.000 oyentes diarios en la primera ola del EGM de 2004, un
auténtico hito que disparó la autoestima en aquella Cadena SER llena de
periodistas entusiastas, que creían en la máxima de Augusto Delkáder: “ante
la duda, haz periodismo”.
En 2021, la luz de Augusto Delkáder en PRISA Radio se apagó
del todo. El final no fue justo, y su salida fue discreta, silenciosa. Juan
Cruz, en una escueta
noticia en El País, fechada el 15 de junio de 2021, escribía “Augusto
Delkáder, gaditano de 71 años, ha dejado sus cargos ejecutivos en PRISA
—coordinador editorial del grupo y presidente de la Cadena SER— y ha sido
nombrado presidente de honor de esa red de emisoras, a la que está vinculado
desde 1987”. El último cambio de responsabilidad ya resultó un poco bochornoso:
Delkáder fue nombrado, como señalaba Cruz, “coordinador editorial del grupo
y presidente de la Cadena SER”, pero la nota de prensa que comunicó estos
cambios tuvo que ser corregida porque la primera versión no
se correspondía con la realidad. La segunda versión, que me tocó distribuir,
añadía dos palabras a su ‘nueva’ condición de ‘presidente de la Cadena SER’,
y eran “no ejecutivo”. Como diría Felipe González, habían convertido a
Augusto Delkáder en un florero de PRISA, antes incluso de designarle
formalmente ‘presidente de honor’.
"Moro no olvida"
Alguien había urdido, con premeditación, alevosía y, tal vez, nocturnidad, la estratagema de salida del todopoderoso Delkáder de la SER con el archimanido método de ‘la patada para arriba’. Como desvela Daniel Gavela en su obituario en El País, la razón de su salida de PRISA respondió, una vez más, a presiones políticas. Así lo cuenta: “Comiendo con él en un restaurante madrileño se acercó a saludar con ánimo de agradar un hombre de Pedro Sánchez, hoy ya carbonizado. Augusto mantuvo la compostura, agazapado en su silla, con la mirada de águila clavada en su interlocutor y la garra presta, de modo que, a punto de finalizar el intercambio de cortesías, llegó el zarpazo: “Saluda a tu jefe de mi parte, y dile que consiguió echarme de PRISA, lo que no logró Aznar pese al mucho empeño que puso”. Como repetía con frecuencia, “moro no olvida”.
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| Iñaki Gabilondo frente al micrófono, y Augusto Delkáder en la trastienda fueron un tándem-garantía de éxito durante años. Aquella SER ha desaparecido (Fotografía CadenaSER.com) |
Cinco años después de su salida definitiva de Gran vía 32, después de una trayectoria impecable, y unos resultados irrepetibles e incontestables, Augusto Delkáder ha fallecido tras una larga enfermedad. Su ánimo ya se rompió con la muerte prematura de una de sus hijas. Su último lustro de vida no fue feliz, trató de sortear la enfermedad que se lo ha llevado, pero no fue posible. El apellido Delkáder quedará siempre asociado a una de las épocas más memorables y fructíferas de la Cadena SER, una época que muchos tuvimos la suerte de vivir intensamente. Gracias Augusto, aunque no llegué a conocerte como me hubiera deseado.
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