Las 'sombras' de la radio española
- El periodista madrileño Javier del Pino se quejaba no hace mucho de que los españoles solo escuchan la emisora en la que se reafirma su posición ideológica y desprecian al resto
- El director del programa de fin de semana en la Cadena SER, “A Vivir que son dos días”, reconocía que él también escuchaba COPE, aunque “no estoy de acuerdo con lo que dicen”, puntualizaba, “pero creo que es un deber ciudadano saber lo que piensan”. No solo hay que acercarse a la radio para conocer las diferentes líneas de pensamiento existentes, sino para observar la vida desde otro prisma, diferente al nuestro
- Solo así, desprendiéndonos de las ‘sombras platónicas’, conformaremos un verdadero pensamiento crítico, sólido y equilibrado, basado en la tolerancia y el respeto a las opiniones ajenas, muy lejos de la polarización a la que nos han conducido interesadamente
En la actualidad, un 32,6% de los españoles, mayores de
catorce años, escuchan radio hablada. Representa una cifra considerable,
13.944.000 de ciudadanos de este país. La gran mayoría de ellos consume radio
en el prime time, de 7 a 9 de la mañana, y por tanto reciben mensajes no
solo informativos, sino también (muy) ideológicos. Como del Pino, considero que
los oyentes eligen aquel informativo, a aquel comunicador que se acerca más a
su línea de pensamiento, porque lo que le mueve más en ese acercamiento a la
radio es la visión de la realidad aplicando el prisma de su mismo ideario, para
reafirmarse en él.
Es cierto que cada oyente elige la cadena de radio que quiere escuchar cada mañana y, en la mayoría de los casos, desprecia al resto de la competencia, porque su manera de pensar busca la reafirmación. Pero también es cierto que cada cadena, con alguna excepción, se enroca en su posición ideológica y se realimenta a sí misma. Ni siquiera las tertulias políticas, de gran influencia en la formación de opinión, aportan pluralismo y variedad de criterios a la hora de observar y analizar la realidad. Por lo general, la previsibilidad de los periodistas que las componen les resta interés, más allá de los más fieles o de los militantes de la cadena en cuestión
Podríamos
enunciarlo de otra manera: la radio hablada, en España, ideologiza a casi
catorce millones de ciudadanos, que se dejan, de forma voluntaria, bajo su elección.
Eligen a Àngels Barceló en la SER, si son de centro izquierda, igual que
a Juanra Lucas en RNE; a Carlos Alsina en Onda Cero, si se mueven
más por el centro, o centro derecha o a Carlos Herrera o Jorge Bustos
en COPE o a Federico Jiménez Losantos en EsRadio, si prefieren la
derecha, por citar a los comunicadores con programas de alcance nacional. Abundando
en el dato, y atendiendo a los oyentes de las cadenas citadas, hay más ciudadanos
españoles de centro/centro derecha (6.858.000) que de centro/centro izquierda
(5.837.000), en concreto, existen 1.021.000 más de oyentes de radio españoles que
eligen las opciones de centro/centro derecha.
Según el planteamiento de Javier del Pino, con el que
coincido, da la impresión de que escuchar a Àngels Barceló resulta del todo
incompatible con la escucha de “Herrera en COPE” y mucho menos con “Es
la Mañana”, de Federico Jiménez Losantos. Y viceversa, por supuesto. En
algunos casos, entre las reacciones de algunos oyentes, marcados por el
extremismo de sus posiciones ideológicas, hemos llegado a leer en redes
sociales, en más de una ocasión, “me revuelve las tripas escuchar a Herrera”
o “que cierren la SER que está llena de rojos”, posiciones que
demuestran su inexistente tolerancia.
Sólo hay realimentación si hay dos partes
“La relación que mantenemos con los medios no es buena,
porque fomenta el aislamiento y nos impide abrirnos a entender al otro”, mantiene
del Pino en la mencionada entrevista. Y aporto otro punto de vista: En toda
realimentación, las ideológicas incluidas, hay dos partes. Y, por definición, este
efecto no puede producirse si no concurre la figura doble del emisor y el receptor,
en un proceso de comunicación. La radio debe ser consciente de su enorme poder
de ideologización sobre sus oyentes. El hecho de que el ideario de una cadena
de radio justifique el acercamiento, y la fidelización, de millones de oyentes
que lo compartan constituye una enorme responsabilidad sobre no solo el
conocimiento de la audiencia, sino incluso sobre su comportamiento social y
político. Y a menudo dudo de que exista un pluralismo real en el panorama
radiofónico nacional. Lo hay gracias a la suma de todas las cadenas que
incorporan sus respectivos idearios, pero es mucho más difícil encontrarlos
dentro de cada cadena, donde prima una postura y la negación de la contraria.
Recientemente, la periodista de COPE, Cristina López
Schlichting, ha desvelado en una entrevista en The Objetive, que fue
despedida de la Cadena SER, “por criticar a Jesús de Polanco” y defender
al periodista Jaime Campmany, muy significado durante el régimen
franquista, como director que fue del diario ‘Arriba’, de Falange Española.
También hemos oído recientemente a Carlos Alsina, en Onda Cero, criticar la
treta gubernamental de presentar en el Congreso de los Diputados el decreto
ómnibus que recogía nada menos que 29 medidas diferentes, entre ellas la
revalorización de las pensiones, que el PP, Vox y Junts tumbaron, y que sirvió
al gobierno de Pedro Sánchez para construir el argumento de que el principal partido de la oposición votó
en contra de subir las pensiones, justo en plena campaña electoral a las
autonómicas en Aragón. Y, en la misma cadena, a Julia Otero, comentando "Hemos
visto a las derechas dar una patada al Gobierno en el culo de los jubilados",
dando pábulo a la estrategia de comunicación del gobierno socialista.
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| Un oyente perdido ante los micrófonos de las principales cadenas de radio (Fotografía generada por IA, ChatGPT) |
Es cierto que cada oyente elige la cadena de radio que
quiere escuchar cada mañana y, en la mayoría de los casos, desprecia al resto
de la competencia, porque su manera de pensar busca la reafirmación. Pero
también es cierto que cada cadena, con la excepción, tal vez, de Onda Cero,
donde conviven distintas sensibilidades, como hemos comprobado entre Alsina y Otero,
se enroca en su posición ideológica y se realimenta a sí misma. Ni siquiera las
tertulias políticas, de gran influencia en la formación de opinión, aportan
pluralismo y variedad de criterios a la hora de observar y analizar la
realidad. Por lo general, la previsibilidad de los periodistas que las componen
les resta interés, más allá de los más fieles o de los militantes de la cadena
en cuestión. Recuerdo, con nostalgia fundada, las tertulias de Luis del Olmo
en “Protagonistas”, donde la disparidad de posturas enriquecía el producto
final, y el oyente salía beneficiado.
Los hechos, incuestionables, deberían contarse de la misma manera en la SER, RNE, COPE, EsRadio u Onda Cero. Si partimos de la máxima en periodismo, ‘los hechos son sagrados, las opiniones, libres’, la radio española no siempre cumple con este desiderátum. Contar una noticia, elegir las palabras, los adjetivos, el momento, etc. conlleva un posicionamiento sobre ella, en tanto en cuanto la ansiada y proclamada objetividad no existe. Todo ello nos obliga a escuchar diferentes cadenas de radio, a leer varios periódicos, a ver varias televisiones, para conformar nuestra propia opinión, más equilibrada y menos escorada hacia una visión parcial y excluyente de la realidad
El popular mito de la caverna, del que habló Platón
en su obra más conocida, “La
República”, representa, en su esencia, la transición desde la ignorancia
al descubrimiento de la verdad. Los
prisioneros encadenados en la caverna solo veían sombras, como reflejo de la
realidad, pero, para ellos, la única realidad percibida eran las sombras en sí
mismas. No conocían otra realidad, hasta que un prisionero es liberado y
sufre un doloroso proceso de adaptación a ‘la luz’, que no es más que una
alegoría respecto del proceso laborioso de educación y formación invertido para
desprenderse de las apariencias y las creencias heredadas.
¿Y si solo se informaran por su radio preferida?
Imaginemos que ese 32,6% de los españoles que se informa por la radio solo lo hiciera por este medio. Y solo a través de la radio que más se acerca a su línea de pensamiento. Estaríamos reproduciendo el mismo esquema sobre el que Platón intentó advertirnos hace dos mil años. Los oyentes solo vivirían de las sombras que proyectara su cadena de radio preferida, con el peligro que esto conllevaría. “Yo escucho la COPE de vez en cuando. No estoy de acuerdo con lo que dicen y a veces tampoco con el tono con que lo dicen, pero creo que es un deber ciudadano saber lo que piensan”, declara del Pino. El objetivo de escuchar la COPE, o cualquier otra cadena cuyo ideario no se comparte, no solo es “saber lo que piensan”, sino cómo perciben y analizan la misma realidad en la que vivo. Un oyente de COPE, de la SER, de RNE u Onda Cero vive en la misma España. No debería percibir solo ‘las sombras’ de una sola cadena radiofónica, por mucho que coincida con su manera de ver el mundo. Debería tener la obligación de escuchar otros puntos de vista, diferentes, incluso posiblemente antagónicos, para construir su propio pensamiento. Por eso Platón habla del ‘esfuerzo’ del prisionero por ‘adaptarse a la luz’, al conocimiento, en definitiva, a la verdad, que nadie posee en exclusiva.
Un pueblo culto, el mejor antídoto contra el populismo
No hay mayor peligro para un gobierno con vocación totalitaria que una ciudadanía formada y crítica con el poder. No hay mayor beneficio para un gobierno populista que una ciudadanía formada superficialmente, con graves carencias, que profundiza en su ignorancia a través de las redes sociales, creyéndose encima el ombligo del mundo. La radio es el medio que goza de la mayor credibilidad de todos, y ojalá la conserve por mucho tiempo más. Pero corre el peligro de convertirse en una réplica de la ‘caverna de Platón’, si no introduce pensamientos plurales en cada casa, una visión responsable con la realidad de los hechos y respetuosa con las opiniones del contrario, siempre que se defiendan en un marco de convivencia, respeto y tolerancia sobre la base de un estado democrático.
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| Al escuchar la radio, deberíamos sentirnos impelidos a buscar una segunda o tercera opinión sobre la realidad (Fotografía generada por IA, Freepik) |
Los hechos, incuestionables, deberían contarse de la misma manera en la SER, RNE, COPE, EsRadio u Onda Cero. Pero no es así. Por eso del Pino critica también “el tono con que lo dicen” (exactamente igual le ocurrirá a él cuando le escucha alguien de ideología contraria a la suya). Si partimos de la máxima en periodismo, ‘los hechos son sagrados, las opiniones, libres’, la radio española no siempre cumple con este desiderátum. Contar una noticia, elegir las palabras, los adjetivos, el momento, etc. conlleva un posicionamiento sobre ella, en tanto en cuanto la ansiada y proclamada objetividad no existe. Todo ello nos obliga a escuchar diferentes cadenas de radio, a leer varios periódicos, a ver varias televisiones, para conformar nuestra propia opinión, más equilibrada y menos escorada hacia una visión parcial y excluyente de la realidad.
Acercarse a “la luz” debería ser obligatorio
Todos deberíamos hacer el esfuerzo de acercarnos a ‘la luz’
de los acontecimientos, tal y como pregonaba Platón en su ‘mito de la caverna’.
Si no pueden ser ocho medios diferentes, al menos dos, o tres, de posiciones ideológicas
encontradas, para lograr una opinión más fundada. Este planteamiento, que ya
defendía el escritor griego hace más de dos mil años, ha entrado en barrena con
la llegada de las redes sociales, donde los jóvenes se informan
mayoritariamente. La realidad, que no puede abstraerse de una evidente
complejidad en una gran mayoría de casos, no puede resumirse en cuatro
titulares más o menos ocurrentes y llamativos, que son los que proporcionan las
redes sociales y realimentan los algoritmos. Una sociedad que solo se
informa a través de ellas será, a la postre, una sociedad tan ignorante como
dócil ante el poder. La radio no debe contribuir a esta pobreza de pensamiento y
de criterio de la sociedad.
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