Javier del Pino: “En España se paga muy mal”
- Para sentirse a gusto en una entrevista, el invitado tiene que respirar la atmósfera adecuada, y es responsabilidad absoluta del entrevistador saber crearla, para aprovecharse de ella y sacarle rédito en forma de titulares, subtítulos, ladillos o cuerpo de la entrevista
- Fernando Ruiz es un joven aprendiz de periodista que concluye este año sus estudios de Comunicación en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación, de la Universidad CEU San Pablo, en Madrid. Y, a pesar de su inexperiencia profesional, es capaz de crear el ambiente propicio para que el invitado se sienta cómodo y le regale su sinceridad y autenticidad.
- Con unos invitados es más fácil que con otros, hay de todo en la vida. Con Javier del Pino iba a resultar muy fácil, porque el director de “A Vivir que son dos días” en la Cadena SER, no olvida nunca de dónde viene, quién es y, sobre todo, quién quiere ser. Y en cuestiones de ego... ni está, ni se le espera. “Ha sido una conversación agradable”, le terminará confesando. Y así ha sido: no solo para el invitado, también para el oyente
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| Fernando Ruiz y Javier del Pino, en los estudios de la Facultad de Humanidades y Comunicación del CEU San Pablo de Madrid (Fotografía CEU San Pablo) |
“Como corresponsal en Washington, veía a periodistas de algunos diarios que lo primero que hacían cuando eran nombrados corresponsales, era acercarse a un concesionario de BMW y elegían su coche, porque se lo pagaba la empresa. Y yo alucinaba. Yo conozco ahora corresponsales en Estados Unidos que cuando tienen un dolor de estómago se asustan, porque, si es algo grave, tienen que irse, no al médico, sino al aeropuerto, a coger un avión con destino a España, ante el miedo de que pueda ser grave. Esto antes no pasaba”
Y en tiempos donde la coherencia ya no es un valor que genera confianza, Pino sigue defendiéndola allá donde le dejen. Es fácil admirar la forma de ser de este periodista del barrio de Usera, de Madrid, que se enamoró de la cultura estadounidense cuando aceptó irse de corresponsal a Estados Unidos, en un contexto histórico atosigante en que la política impulsada por el Gobierno de José María Aznar tenía como objetivo hundir a PRISA y lo que significaba. “En la época de Aznar, yo recuerdo que Carlos y yo no podíamos más. Era tan evidente los mamporreros que tenía a su servicio. Las operaciones que estaban haciendo judicial y políticamente contra el grupo PRISA, contra la sociedad española progresista en general, que al final te ponía de tan mala leche que lo trasladabas a la antena, ¿sabes? Y eso también es un riesgo”, reconocía en la entrevista.
Cuando en 2015, el jurado de los Premios Ondas le concedió el premio al “Mejor Programa”, después de que varios directivos, en sus comienzos, querían cambiárselo, porque aquello era muy críptico, Javier del Pino, que acudió rodeado de todo su equipo -es hombre de equipo-, se atrevió a decir, delante de todos sus jefes, cómodamente sentados en sus butacas, “Hay muchas empresas que se desprenden de gente que vale mucho y la cambian por gente que cuesta poco”. Su reivindicación de la dignidad del periodista, su crítica de la precariedad laboral en que vive la profesión y la degradación del oficio, provocada por una falta de motivación por hacer bien el trabajo, en su caso viene de lejos. Lucha por su equipo como un titán, convencido de que el resultado de un programa es la suma de los talentos implicados en su elaboración. Cuando hace unos pocos años, se le acercó tímidamente Fernando Ruiz, y se identificó como estudiante de periodismo, Javier reaccionó diciéndole “lo siento mucho”. Se lo recuerda en la entrevista. “Sí, es posible que te dijera eso”, trata de recordar, sonriendo. Y Fernando recuerda perfectamente sus palabras: “¿Y tienes plan B?”, le preguntó. Es imposible que un estudiante que se acerca a uno de sus referentes, y consigue que le dedique unos minutos, olvide esas palabras. “Hay mucha gente llamando a la puerta para intentar trabajar en esto en lo que trabajamos”, comenta en la entrevista Javier.
Y recuerda la anécdota de un director de Informativos en la SER que, cuando un redactor entraba en su despacho para solicitar un aumento de sueldo, “porque no llegaba a fin de mes, se asomaba por la ventana desde la octava planta, señalaba a la Gran Vía, y decía, ‘mira, ahí abajo hay varios periodistas que harían tu trabajo gratis’”. Y con ese argumento zanjaba la conversación. “Los directivos han firmado un acuerdo tácito en que establecen que los periodistas tienen que ganar poco, porque tienen que agradecer a no sé qué Dios del periodismo el hecho de poder trabajar de lo suyo, ¿sabes? Y esto a mí me exaspera. Es una de las profesiones, yo creo, peor pagadas, más indignas, me exaspera”, insiste. Y, claro, la penosa retribución repercute, no solo en la vida del periodista, a menudo plagada de indignidades injustas, sino también en la calidad de su trabajo. “¿Y se puede hacer buen periodismo desde la precariedad? Sí, lo que pasa es que es una indignidad, ¿no? Claro que se puede hacer”, le reconoce.
Javier del Pino quería viajar y pasárselo bien. Por eso, eligio Periodismo.
— Fernando Ruiz (@feruizsanchez03) April 18, 2026
Terminó en Gran Vía, 32. Sentado junto a un hombre de Canillejas que le marcó para siempre, Carlos Llamas.
Con Javier del Pino ‘No estamos solos’
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"Los periodistas están mal pagados, de manera que tienen muy poco aliciente por hacer un trabajo mejor. Yo creo que los grandes programas de radio, los matinales, por ejemplo, serían mucho mejores si su equipo se multiplicara por tres. Pero es imposible. Nadie va a querer pagar ese dinero. Pero, si en vez de tener los redactores que tienen ahora tuvieran el triple, serían mucho mejores, porque esos redactores podrían trabajar con antelación, buscando historias, creando contenido. Sin embargo, estás atropellado por el día a día, que es lo que les pasa. Y sí que se abusa de la política. Lo que no sé, y lo pienso a veces, es si la gente lo compra”
Por eso, ante esta situación, Javier del Pino le confiesa a Fernando Ruiz, un estudiante que aspira a vivir del periodismo, para lo que se está preparando a conciencia, que se alegra de que empiecen a conocerse las verdaderas condiciones de trabajo de los corresponsales. “Ahora mándanos veinte crónicas, actualiza esta página web cuarenta veces al día, vete a compartir una habitación con alguien, porque no te vamos a pagar una casa, cuidado con el seguro médico, no te pongas malo porque no lo tienes, y vete solo, sin la familia. Creo que empieza a saberse”, comenta. Y añade que las empresas no quieren más gastos que los estrictamente necesarios. No se piden lujos, de ninguna manera, solo cuidar y motivar al profesional que deja su casa y su país para informar desde un lugar muy distante que le resulta al principio del todo ajeno. “Es que en España se paga muy mal”, insiste.
Y, por esto, por la precariedad laboral, Pino define un tipo de periodismo como ‘periodismo vago’. “Tiene que ver con que los periodistas están mal pagados, de manera que tienen muy poco aliciente por hacer un trabajo mejor”. Para esforzarse, en definitiva. Una mala retribución les convierte, además, en carne de corrupción. “Yo creo que los grandes programas de radio, los matinales, por ejemplo, serían mucho mejores si su equipo se multiplicara por tres. Pero es imposible. Nadie va a querer pagar ese dinero. Pero, si en vez de tener los redactores que tienen ahora tuvieran el triple, serían mucho mejores, porque esos redactores podrían trabajar con antelación, buscando historias, creando contenido. Sin embargo, estás atropellado por el día a día, que es lo que les pasa. Y sí que se abusa de la política. Lo que no sé, y lo pienso a veces, es si la gente lo compra”, duda.
Fueron varios los intentos para traerse a Javier del Pino desde Washington a Madrid de regreso. Desde Gran Vía le ofrecieron distintos destinos. El “Hoy por Hoy” fue uno de ellos. En 2012, cuando lo dejó Iñaki Gabilondo y recogió el testigo Carles Francino. Empezó con negativas. Vivía cómodamente en Washington con su mujer y sus hijas. Había logrado formarse su círculo de amistades. Su dominio del inglés era perfecto, muy alto, algo tenían que ver sus estudios, filología inglesa. Pero, cuando aceptaron todas sus condiciones para dirigir el nuevo “A vivir que son dos días”, no pudo resistirse más, y aceptó. “Una de las cosas que pedí cuando finalmente regresé a España fue que no quería hacer un programa con políticos”, descubre. Eran tiempos, recuerda en la entrevista, en que la dirección de Informativos, cuando tenía a tiro a algún político de renombre, decidía en qué programa encajaba el encuentro. Y el “A Vivir” era uno de esos programas-destino. “Yo dejé de competir, dejé de pescar en ese lago, ¿sabes? Y, vamos, yo ya dije el primer día que nunca habría un político en el programa y de nada me arrepiento menos que de aquello. Fíjate que, cuando lo dije al llegar, pensé que tal vez se entendiera como una frivolidad, porque, ¿cómo vas a hacer ocho horas de radio a la semana en un país como este durante unos cuantos años sin entrevistar a políticos? No hay nada más fácil en el mundo ahora”, reflexiona. Pino ha demostrado que se puede hacer ese programa. También lo hace una de sus competidoras: Pepa Fernández, en RNE.
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| Javier del Pino recogiendo el Premio Ondas con su equipo, en Barcelona, en 2015 (Fotografía Premios Ondas) |
Regresa Javier del Pino con una idea de la que ya había hablado en anteriores entrevistas, cuando Fernando Ruiz le pregunta por su ‘informativo ideal’. “Es que yo tampoco creo ya en un único informativo. Yo creo que la única manera de informarse es leer mucho, y escuchar mucho. ¿Cuántos oyentes de la COPE crees que escuchan la SER? ¿Y cuántos de la SER crees que escuchan la COPE? Yo creo que pocos. A mí me gustaría que fueran muchos más”, sueña. Y reconoce que la radio es una suma de personalidades y comunicadores que los oyentes van adoptando en función de sus gustos, simpatías y antipatías. “Hay mucha gente que escucha A Herrera, porque le cae muy bien. Y lo puedo entender, porque es un gran comunicador, y es un tío que te da la sensación de estar en un bar, ¿sabes?”, le describe de acuerdo a su cercanía con el oyente. “Nosotros, a veces, somos un poco más serios. Pero tenemos que serlo para explicar las cosas que pasan”, se explica.
“Fíjate lo que fue José Ramón de la Morena. Y, sin embargo, ficha por Onda Cero y no consigue despegar. No se lleva a los suyos, porque la gente es de la SER. Imagínate la hipótesis de que yo me voy... a la COPE. ¿Cuánta gente se iría conmigo? No lo sé. Creo que la marca importa más que la persona, y mi marca es la SER"
Fernando Ruiz saca a la palestra el nombre de José Ramón de la Morena, el exdirector, y fundador, de “El Larguero”. “Fíjate lo que fue José Ramón. Y, sin embargo, ficha por Onda Cero y no consigue despegar. No se lleva a los suyos, porque la gente es de la SER, no solamente es de José Ramón, también es de la SER. Imagínate la hipótesis de que yo me voy, yo qué se... a la COPE. ¿Cuánta gente se iría conmigo? No lo sé, pero yo creo que la marca importa más que la persona, y mi marca es la marca de la cadena SER. Yo la represento en muchos sentidos, yo la identifico”, insiste.
El humor en la radio, que él quiso importar de Estados Unidos, como tantas otras cosas; los tertulianos que de todo saben y van recorriendo emisoras y televisiones para defender sus consignas (argumentarios distribuidos por los partidos políticos), a diferencia de lo que ocurría en sus tiempos de “Hora 25” con sus colaboradores, como los inolvidables Carlos Carnicero y Carlos Mendo, por ejemplo, que opinaban bajo su propio criterio, sin mando a distancia y la evolución de “A Vivir que son dos días”, que ha ido consolidando una manera de hacer radio a lo largo de los años con una fuerte personalidad e implantación entre la audiencia, son otros de los temas planteados por Fernando Ruiz en esta gran entrevista, que recomendamos escuchar, desde esta web.
-Aquí puedes escuchar la entrevista completa.
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