Rafa Latorre: "La radio es lo menos parecido a un trabajo que he tenido jamás"
- El periodista Rafa Latorre reconoce que la radio le hace disfrutar a cada minuto, y que acude a las instalaciones de Onda Cero, cada tarde, ubicadas en San Sebastián de los Reyes (Madrid), feliz. Y cuando se dirige al micrófono (o sea, al oyente) se siente "seguro dentro del estudio"
- Está convencido de que esa conexión a la que se refiere va mucho más allá que una persona simplemente escuchando al otro lado. Para los oyentes las voces de la radio conforman también su familia y su entorno de confianza
- Y ofrece un ejemplo incontestable: hace unas pocas semanas, una oyente se acercó por la calle al periodista gallego, se identificó como Gloria, y le confesó que había superado un duro proceso de cáncer de páncreas durante el cual la radio le hizo mucha compañía, especialmente Rafa. "Me desarmó", le confiesa a Esther Mucientes. "Al final es que hacemos radio para eso", confirma
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| Rafa Latorre fotrografiado por Sergio González Valero para esta entrevista en ElMundo.es, que puedes leer aquí |
Tomar el relevo de un micrófono por el que han pasado voces decisivas no fue, para él, un simple cambio de puesto. Cuenta que aquella primera emisión le activó un nervio poco habitual: no era la radio lo desconocido —ya había vivido redacciones y estudios desde dentro—, sino la sensación de ponerse al frente de una maquinaria que no admite pausas. Cuando se apaga la luz de “en el aire”, el día no se clausura: al día siguiente, la rueda vuelve a girar.
"Hay gente que concibe los medios como lugares de salvación política. Te ven como si fueras el pelotón de soldados que va a salvar la civilización. Nosotros tenemos una responsabilidad muy grande, pero una fuerza muy limitada. Una aproximación más agresiva no te va a garantizar un mejor trabajo; una entrevista amable puede ser incluso más desarmante. Aquí también entra en juego la vanidad"
La dirección: más que una voz, una sala de mandos
Latorre insiste en que lo verdaderamente exigente no es
conducir un espacio en directo, sino dirigir otra vez a un equipo. En esa
tarea, explica, ya no pesan sólo los propios aciertos o tropiezos: cada
decisión repercute en la dinámica del grupo y, a la vez, el trabajo de los
demás condiciona el resultado final. Su balance es nítido: se apoya en una
redacción que considera especialmente sólida, y eso le permite dedicar energías
a lo esencial: que el programa llegue a la antena con pulso, orden y carácter.
La escaleta como punto de partida, no como jaula
Su forma de entender la tarde tiene algo de oficio en movimiento: prepara, estructura y planifica, pero celebra cuando la actualidad obliga a reescribirlo todo. Para el director, que el guion salte por los aires no es una amenaza, sino una señal de vida: implica que hay noticia, que hay reacción y que el programa respira al ritmo del día. Esa elasticidad, dice, es parte del atractivo de hacer radio a diario: la rutina existe, pero nunca se repite igual.
Un tono propio: análisis, distancia y preguntas para el
oyente
En sus editoriales busca mantener una distancia deliberada
ante los relatos prefabricados. Más que dictar certezas, propone un método:
desconfiar de lo que se ofrece como definitivo, revisar los propios sesgos y
poner el foco en las estrategias con las que la política intenta marcar el
marco del debate. La radio, en su versión, no es un altavoz para reafirmar al
público, sino un espacio para incomodarlo lo justo: invitarlo a reconsiderar lo
que da por hecho.
Una casa a las siete: cercanía, atmósfera y complicidad
La ambición, explica, es que La Brújula sea “el lugar donde quieres estar”: una conversación con criterio, pero también con calidez. Por eso no oculta el clima que se vive dentro del estudio —si la jornada está cuesta arriba, si la actualidad cansa— y lo convierte en parte del relato radiofónico. Esa transparencia construye una atmósfera de grupo: el oyente no sólo recibe información, también percibe un equipo con el que puede estar de acuerdo o discrepar, pero al que reconoce como compañía.
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| Rafa Latorre retratafo por Sergio González Valero para esta entrevista en ElMundo.es, que puedes leer aquí |
Los datos acompañan a esa fórmula de dirección, ritmo y
tono: el programa ha crecido de forma notable en las últimas mediciones,
superando el medio millón de oyentes y consolidando la franja. Pero, en su
relato, la cifra no es el final de la historia, sino la prueba de un hábito:
sentarse cada tarde, ordenar el ruido del día, aceptar que la actualidad
desbarate planes y volver a empezar mañana. Así describe su trabajo en la
radio: una mezcla de disciplina y vértigo que, precisamente por eso, no se
parece demasiado a un empleo corriente.
-Aquí puedes leer completa la entrevista de Esther Mucientes para ElMundo.es
-Esta entrevista ha sido resumida recurriendo a la IA (Copilot) como herramienta editorial, supervisada por el equipo de redacción.
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