La falta de unidad de la radio ante las amenazas del futuro
- No parece normal que una industria que tiene que enfrentarse a una serie de retos que afectan a su propia supervivencia -como el consumo de radio en los coches- se enconen en las diferencias que la separan, frente a las semejanzas que la unen
- La radio tiene por delante amenazas que afectan a su propia supervivencia en entornos críticos y estratégicos como los futuros coches conectados, dependientes de internet, para bien y para mal (control de ubicación, y de velocidad por ejemplo), donde la elección y la escucha de radio se ve comprometida
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| Lo que es bueno para la radio es bueno para todos, y hay más elementos que les unen que les separan (Imagen creada por IA, gracias a Chat GPT) |
La radio española se encuentra, en general, en una buena situación financiera, para acometer los retos que tiene planteados por delante, en años venideros, y que tienen como amenaza directa la dependencia de internet de los coches conectados, los intereses de las grandes plataformas como Google que priorizan en ese mismo entorno contenidos diferentes frente a la radio, la necesaria e imprescindible racionalización de los canales de distribución/difusión (DAB+ e IP) y la progresiva reducción de costes, principalmente energéticos, adoptando la nueva tecnología digital RDT de difusión hertziana. Un proceso que llevará décadas, pero que hay que empezar a defender e implementar, en el que la radio se juega su supervivencia. ¡Ah! Y todo esto sin perder, a poder ser, ni un solo oyente
Apagar las Ondas Medias para afrontar el futuro en
mejores condiciones
La decisión de apagar las OM, que ya ofrecían en el EGM una
audiencia residual (inferior al 5%), que el
último EGM ha cuantificado en 392.000 oyentes, ha provocado alguna reacción
en los sectores más tradicionales, pero, en el caso de la radio pública, no solo
no ha notado pérdidas significativas en su audiencia, sino que, al contrario,
con el apagado total de sus OM, lo cierto es que la ha crecido en 13.000
oyentes, una cifra poco relevante, desde luego, pero, al menos, se distancia de
los números rojos, en su relación con el apagado de la OM.
Tal y como ha manifestado RNE, el
apagado de la OM responde a una necesidad de actualizar su red de distribución
de contenidos con los nuevos tiempos, y de acometer el mandato del gobierno
de liderar, como ya hizo en los años sesenta del siglo pasado con la FM, el
proceso de implementación de la Radio Digital Terrestre, en DAB+. Como ya
ocurrió en aquel tiempo, las cadenas privadas, que viven de la publicidad, se
sumaron con posterioridad, forzados en realidad por la migración de la
audiencia de la OM a la FM, que se evidenció, sobre todo, con la llegada de las
radiofórmulas musicales y, en el caso de la radio hablada, gracias a la Antena
3 Radio dirigida por un exSER del prestigio de Manuel Martín Ferrand.
Los tiempos suelen repetirse, porque avanzan con procesos
similares, eso sí, actualizando la tecnología. La radio, en general, vivía feliz
y despreocupada, cuando se difundía solo a través de la onda media. RNE y la
SER, principalmente, reunían a la mayor parte de la audiencia. La primera como
emisora oficial del régimen franquista, la segunda, con lo único que le dejaron
contar (muy poco) y con la bandera del entretenimiento de la que lograron
alcanzar las mejores páginas de su historia.
De la OM se migró a la FM, pero de esta no se migra a IP
La llegada de la frecuencia modulada alteró este cómodo statu
quo, de manera que los privados establecieron una división entre la OM,
dedicada a la radio hablada, y la FM destinada a la radio musical, por aquello
de que la calidad de la emisión era superior, más adaptada al contenido. Antena
3 de Radio rompió con este reparto tácito y estableció que la radio hablada
también podía difundirse por FM, ¿por qué no? Y ahí llegó un punto y aparte en
el nuevo escenario. Durante décadas, la migración de oyentes de OM a FM fue un
hecho palpable, que recogió fidedignamente el EGM en todo momento. La
situación, hoy, avanza también nuevos escenarios, pero la evolución del canal
no ha seguido el mismo camino que la OM y la FM. La FM sigue acaparando más del
80% de la audiencia, frente a un 13% del canal IP (online), después de más de
tres décadas de contar con esta tecnología y de extenderse como nunca lo había
hecho hasta ahora el dispositivo estrella que nos acompaña a todas partes, el
smartphone.
La radio de difusión hertziana se impone claramente a la
distribución online
En aquellos países donde se introdujo la RDT (DAB+) como en Reino Unido, el más avanzado de nuestro entorno más inmediato, este canal reúne la mayor parte de la audiencia, en torno al 43-45%, frente a un 28% de la FM y un porcentaje similar para la IP (26%), que sigue sin eclosionar. Esta evolución contraviene el principio (o la suposición) de que la radio online heredaría la audiencia mayoritaria de la radio, como pasó entre la OM y la FM. La realidad es que la radio difundida por aire (broadcast) sigue contando con más defensores que la radio distribuida por internet (broadband). Y esto tiene que ver con el perfil mayoritario de la audiencia de radio, que se sitúa en los 50-53 años de edad promedio en el caso de la radio hablada, la más escuchada.
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| Los euros marcan cualquier negocio (Pixabay) |
Algunas voces de la industria señalan que nunca más
que ahora se ha consumido tanta radio, en directo (streaming) o en diferido (pódcast).
Y el argumento es válido. Pero cuenta con un trasfondo que puede resultar
perverso, porque la financiación de la industria está claramente alojada y
centrada en la radio, y no en el pódcast. La saturación publicitaria la
sufrimos en las emisoras privadas, y no en los pódcast, que viven, en este
sentido, de una mayor relajación comercial, dado que su demanda es claramente inferior
a la radiofónica. Caso de que el escenario cambiara, la publicidad debería
trasladarse al entorno pódcast, y se me antoja un proceso casi imposible,
porque el pódcast no vive de grandes programas que se dirigen a grandes
audiencias, sino justo al contrario. El pódcast es un producto de nicho frente
a la radio que se ocupa de masas, aunque los oyentes perciban el contenido de
manera personalizada e individualizada. La nueva situación, invertida,
obligaría a un cambio de paradigma para las marcas y los planificadores, de
manera que apostaran por pódcast especializados en temáticas muy concretas.
Frente a los impactos generalistas de la radio, el pódcast apuesta por impactos de nicho. ¿El modelo es trasladable?
Tenemos los oyentes más caros de la historia de la radio
La reducción de los costes estructurales es un sueño
recurrente en el caso de los directores financieros de cualquier empresa. Si se
reducen los costes, aumentan los beneficios. Y este es el mejor escenario
posible para garantizar una buena gestión empresarial. En el caso de la radio, no
hemos llegado a esta situación ni del lejos. La FM no solo sigue constituyendo
el canal predominante de la radio, sino que sigue creciendo en algunas oleadas.
El aumento de la audiencia en streaming corresponde, en una gran
mayoría, a oyentes de FM que cambian de canal, en muy pocos casos a lo que se
conoce como ‘oyentes nuevos’, que no abundan.
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| Nunca como hasta ahora los oyentes le han salido más caros a la industria de la radio, al mantener activos tantos canales de difusión/distribución de contenidos (Fotografía Pixabay) |
Lo cierto es que, hablando de costes, la industria radiofónica europea, y por supuesto también la española, no puede mantener sine die la actual situación, en la que los oyentes le resultan más caros que nunca, si sumamos todos los gastos ocasionados por la multiplicación de canales para llegar a ellos: desde la OM, hasta el canal online, las Apps, las webs, la DAB (se sigue emitiendo desde hace más de un cuarto de siglo para que nadie la escuche), la nueva DAB+, los smartspeakers, la TDT y, por supuesto, la FM. En algún momento, habrá que racionalizar este asunto del canal y apostar por uno en broadcast y otro en broadband.
No se han cumplido los vaticinios de algunos gurús que adelantaban que la radio distribuida por internet se iría comiendo las audiencias de la FM progresivamente, hasta lograr una migración casi completa. Esto, a la vista de la nueva realidad imaginada, conllevaría el supuesto desmantelamiento de la red de centros emisores de FM con la consiguiente reducción de costes de emisión, que tan bien le vendría a la industria. Pero nada más lejos que este escenario, que se resiste a confirmarse, si atendemos a los datos de consumo, reflejados en el EGM, y todo por la rémora que supone contar con una mayoría de oyentes que no son nativos digitales y prefieren la escucha tradicional por FM, el canal mayoritario
Si la radio apuesta solo por internet, perderá el control
de su propio canal
Ese supuesto e imaginado escenario en que la radio migra a
IP, y abandona la FM, supone e implica la pérdida no solo del canal tradicional
del medio, sino sobre todo su canal propio, y diferenciado del ecosistema
digital. Ese supuesto, y ahora inimaginable, escenario ‘todo a IP’ privaría a
la radio como medio de su propio canal, sumiéndola en un mar de oferta casi
infinita donde es muy posible que las marcas se diluyeran en plataformas de
terceros. La radio debería seguir diferenciándose de ese ecosistema digital
mediante el control de su propio canal, que perdería caso de apagar sus centros
emisores de FM o, en su caso, de DAB+. En todo caso, la decisión será de los
oyentes. Pero, a fecha de hoy, la mayoría se decanta por el escenario
broadcast.
En Europa se apuesta por la prominencia hertziana de la
radio
La radio europea no piensa en este escenario. La radio
europea en su conjunto apuesta, para ese futuro inmediato, por dos canales
prioritarios: el DAB+ en broadcast y el IP para el broadband, a través de la
red. Esta apuesta supone racionalizar los procesos y, efectivamente, reducir
los costes, pero atendiendo a una estrategia en la que el medio proteja su
personalidad y canal, aunque también se encuentre presente en el ecosistema
digital. Si de nuevo recurrimos a Reino Unido y a su experiencia en la introducción
de la RDT, hay que afirmar que la radio se ha revitalizado gracias a la DAB+. Los
datos lo confirman: La
radio comercial superó en 2025 su propio récord, e ingresó 747 millones de
libras en publicidad, según datos publicados por Radiocentre, la patronal de la
radio privada británica. Es cierto que se ha llegado a esta situación tras
más de un cuarto de siglo de implantación de la RDT. Pero, igualmente, se
demuestra que la radio sigue siendo prioritariamente broadcast.
La amenaza para la radio de los coches conectados
Por si fuera poco, los futuros coches conectados han añadido
una amenaza real que hay que soslayar: la desaparición del tradicional botón
físico de la radio del panel del salpicadero. La posibilidad de que los
vehículos dispongan de conexión permanente a internet favorece también el
acceso al catálogo online del entretenimiento, en el que se enmarca la radio.
El medio puede estar abocado a la desaparición, si no se protege su prominencia,
como está defendiendo inequívocamente la Unión Europea de Radiodifusión (UER),
que agrupa a los principales medios públicos europeos. Disolver la radio entre
decenas de Apps dispuestas en la pantalla multicolor del salpicadero de los
coches conectados es una situación que hundiría al sector. Pero no hablamos
solo en términos empresariales, que también, sino en términos de servicio
público y de seguridad, porque en ambos destaca la radio, sin ninguna duda.
El sector debería ofrecer unidad ante las amenazas comunes
La radio, y cuando digo ‘la radio’ me refiero a los públicos y los privados, debería defenderse de manera unitaria frente a esta amenaza surgida en los salpicaderos de los coches conectados. El sector privado no puede perder un espacio tan determinante en su consumo como son los automóviles y RNE, y las autonómicas o municipales, no pueden perder su condición de servicio público, universal y gratuito en beneficio de una imprescindible suscripción mensual a un operador de internet para acceder a la radio por IP.
Si hay alguna característica que define la acción de la
Unión Europea, en comparación con otras administraciones, es su evidente
vocación legisladora. No descubrimos nada. Obligó en 2020 a que los coches
nuevos vendidos en nuestro territorio incluyeran de serie sintonizadores
digitales para captar la señal DAB y DAB+. Y trabaja ahora en la fórmula
adecuada para proteger la presencia de la radio en un lugar predominante y
accesible del vehículo. Veremos cómo evoluciona este asunto.
El Gobierno prepara el Real Decreto que regulará e
impulsará la DAB+
En paralelo, el Gobierno debe aprobar, de acuerdo con el
calendario propuesto, antes del verano, un Real
Decreto en el que impulsa y desarrolla la Radio Digital Terrestre en nuestro
país, en estándar DAB+, en el que delega en RNE el proceso de liderazgo y de
introducción de este nuevo canal en una primera fase y permite que los
privados se incorporen cuando lo consideren. Así, tendremos DAB+ a dos
velocidades, mientras los piratas han tomado, una vez más, al igual que ocurrió
en la banda de FM, la delantera y ya se han desplegado en RDT con ofertas
principalmente musicales, de nicho, dirigidas a diferentes targets (incluidos
los olvidados jóvenes) en un ejercicio claramente dominado por una competencia
desleal a la que nadie pone fin, para vergüenza de un país al que, desde fuera,
se observa hace años con estupor e incredulidad por su desidia inexplicable en
este asunto tan sensible para la industria radiofónica española.
En definitiva, la radio española se encuentra, en general,
en una buena situación financiera, para acometer los retos que tiene planteados
por delante, en años venideros, y que tienen como amenaza directa la
dependencia de internet de los coches conectados, los intereses de las grandes
plataformas como Google que priorizan en ese mismo entorno contenidos
diferentes frente a la radio, la necesaria e imprescindible racionalización de
los canales de distribución/difusión (DAB+ e IP) y la progresiva reducción de
costes, principalmente energéticos, adoptando la nueva tecnología digital RDT de
difusión hertziana. Un proceso que llevará décadas, pero que hay que empezar a
defender e implementar, en el que la radio se juega su supervivencia. ¡Ah! Y
todo esto sin perder, a poder ser, ni un solo oyente.



