Los 'tour de force' entre las estrellas de la radio española y sus empresas
- La historia de la radio española está llena de estrellas que acabaron chocando con sus propias empresas. En ocasiones, fue una guerra abierta con la dirección; en otras, un relevo impuesto, una no renovación (y una salida forzosa), o un cambio de cadena decidido desde arriba
- El patrón se repite con demasiada frecuencia como para considerarlo simplemente anecdótico: prácticamente todos los grandes comunicadores, en algún momento, han terminado midiendo sus fuerzas con la empresa que los convirtió en su voz de referencia
- El peso del comunicador, su poder e influencia, su relevancia, la dependencia de la marca de él y, sobre todo, el riesgo real, de que se marche de la empresa y termine en una emisora de la competencia contiene el lógico malestar de los directivos, que intentan, al final, conciliar accediendo a casi todas sus pretensiones
Luis del Olmo fue apartado de “Protagonistas”, y suspendido de empleo y sueldo, durante el franquismo, en el año 1975, debido a un expediente disciplinario abierto por una entrevista que mantuvo con los periodistas Josep Ramoneda y Martí Gómez, emitida en directo, en la que se expresaron algunas opiniones que podían ser molestas para los políticos y entre ellos, nada menos que para el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. “Protagonistas” siguió emitiéndose, pero con otro presentador, a la espera de estudiar si la sanción terminaba en un despido definitivo. Sin embargo, el enorme éxito de audiencia, la presión social de los oyentes que reclamaban su vuelta y la propia inercia del final del régimen hicieron que la dirección levantara el veto. Luis del Olmo pudo reincorporarse meses después, recuperando los mandos del programa y consolidándolo como el matinal de referencia de la transición española.
Cambian las fechas, las siglas y los protagonistas, pero el fondo apenas se altera: en la radio española, casi todos los comunicadores verdaderamente grandes han terminado teniendo, tarde o temprano, un conflicto con la empresa, que han resuelto de la mejor manera que han podido o les han dejado. Y cada uno de ellos vale, lo que vale su peso como comunicadores, en términos comerciales y de audiencia. Cuando desciende su cotización, se prescinde de ellos, sin rubor. Sin complejos. Sin culpabilidad. Son negocios
Años después, del Olmo tuvo que dejar RNE por otro
conflicto, en este caso legal y normativo. Si el maestro Luis del Olmo
se marchó de RNE fue, reconocido por él mismo, una cuestión de dineros. Los
comunicadores de la radio pública tenían el sueldo topado, y claramente insuficiente
para los resultados de audiencia que empezaba a alcanzar. Le dieron la opción
de completar su retribución presentando otro programa en la antigua Radio
Cadena Española, donde sí se admitía publicidad. Sin embargo, cuando parecía
que ya podía pagar holgadamente la hipoteca, aunque para ello ejercía de
pluriempleado en dos empresas radiofónicas públicas, el conflicto surgió en
diciembre de 1982, cuando tuvo que abandonar el programa “De Costa a Costa”
precisamente por la aplicación de la Ley de Incompatibilidades (que
impedía cobrar dos sueldos de la misma empresa pública), una salida que él
mismo explicó a comienzos de enero de 1983 y que alteró de raíz su posición en
la radio pública. Conocedores de este malestar, provocado por una normativa que
mantenía atada de pies y manos a RNE y sin capacidad de maniobra, la COPE, que
no existía como cadena, logró fichar a Luis del Olmo e iniciar, con él, el
camino de una nueva cadena confesional que agrupaba cientos de emisoras de
diócesis y órdenes religiosas, un prodigio que consiguió el padre José Luis
Gago. Luego llegó Onda Cero en 1991, y luego Punto Radio en 2004. Y en todo
ese camino, miles de millones de las antiguas pesetas. Su trayectoria muestra
que incluso las figuras más consolidadas podían quedar a merced de los cambios
regulatorios y de las estrategias empresariales del sector.
José María García: Rentable y conflictivo
José María García, una auténtica leyenda viva de la radio, representa quizá el caso más claro de estrella radiofónica enfrentada de forma recurrente con sus propias empresas. Su primer gran choque llegó entre el 17 y el 18 de noviembre de 1981, cuando salió de la Cadena SER tras negarse a suavizar el tono de “Hora 25”, en plena polémica por sus ataques verbales al ministro Pío Cabanillas. La dirección de la SER de entonces le prohibió taxativamente hablar del político en antena, y los oyentes de “Supergarcía” esa noche esperaban su reacción. Al final del programa, García dijo: “y del ministro no puedo decir ni pío”. Aquel episodio dejó fijado un rasgo central de su carrera: la defensa de una libertad profesional entendida por él como incompatible con cualquier tutela empresarial. “Los patronos no me podían controlar”.
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| Los tres compañeros y amigos fueron de la SER a la COPE |
Sin
duda, el recuerdo de la salida de la mayor parte del equipo de deportes de la
SER, rumbo a COPE, en 2010, fue el mayor conflicto en la reciente historia de
la radio española. Un desencuentro absoluto entre Paco González y la
dirección de la SER precipitó el fatal desenlace. Han pasado, desde entonces,
dieciséis años, en los que la realidad de los hechos ha recolocado las piezas
entre ambas marcas, pero, del liderazgo deportivo absoluto de la cadena de PRISA se ha
pasado a una convivencia de liderazgos entre ambos equipos, nacidos de la misma
cantera. Paco González y Dani Garrido son hijos de la SER, y ahora
competidores directos, desde “Tiempo de Juego”, en COPE y “Carrusel
Deportivo” en la SER, respectivamente. La ruptura fue enormemente frustrante para ambas
partes. Además de lo sabido, en la SER provocó el despido de un director
general y el traslado forzoso de otro directivo a Latinoamérica, hasta que se
apaciguara la situación. Si se hubiera llegado a la conciliación, la competencia
entre la SER y COPE, al menos en deportes, hoy hubiera sido otra, bien diferente. Pero los hechos demostraron que los buenos directivos de las empresas de comunicación tienen que
aprender a gestionar mejor el talento, sobre todo si a ese talento le escuchan
millones de oyentes...
Años después, ya convertido en gigante de la radio deportiva, volvió a chocar con la entonces dirección de COPE en noviembre de 1998: se ausentó temporalmente (no fue solo una vez) de “Supergarcía”, denunció públicamente que estaba preparado para luchar contra los competidores, pero no contra su propia casa y abrió una crisis interna de enorme resonancia en la cadena. García generaba millonarios beneficios a sus empresas, pero también provocaba tremendos conflictos internos. Su incuestionable fuerza comercial y de audiencia le mantuvo vivo, pero, cuando dejó de ser rentable, le dejaron caer. El desenlace definitivo llegó entre en abril de 2002, cuando rompió con Onda Cero y con el proyecto de Telefónica, tras denunciar incumplimientos de contrato. Esa salida puso fin a su trayectoria diaria en antena y consolidó una imagen que atraviesa toda su biografía profesional: la de un comunicador tan poderoso como conflictivo, capaz de convertir cada etapa en un pulso con la empresa cuando sentía amenazada su autonomía.
Encarna Sánchez, por carácter
García mantuvo conflictos abiertos con quien se le ponía en medio, aunque en ocasiones reculaba y se disculpaba. Este último fue el caso de Encarna Sánchez cuando hacía las tardes en COPE y su tiempo coincidía con eventos ciclistas de primer nivel como el Giro italiano, o el Tour francés. Cuando García sobrepasaba el tiempo estipulado, la periodista almeriense no se cortaba un pelo y montaba la bronca en antena. En la primera etapa, le tocaba terciar a Eugenio Galdón (1983-1985), director general. El 29 de mayo de 1995, abandonó en directo su programa “Directamente Encarna” al considerar que el área de deportes había invadido de forma excesiva su franja con una conexión del Giro de Italia. El conflicto se resolvió al día siguiente, 30 de mayo, tras una reunión con la dirección de la cadena, entonces José Andrés Hernández, que templó gaitas, entre el entonces jefe de deportes, cómo no, José María García, y Encarna.
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| Encarna Sánchez en los estudios de COPE (Fotografía COPE.es) |
Encarna Sánchez también demostró a lo largo de su carrera su carácter y determinación por las causas que le parecía oportuno defender, pesara a quien pesara. Su primer gran choque documentado llegó tras su gran éxito en Radio España: la emisora la apartó en medio de acusaciones sobre supuestas irregularidades relacionadas con donativos de oyentes y la periodista llevó el caso a los tribunales, donde ganó el pleito por despido improcedente.
Carles Francino fue la gran apuesta de la SER para suceder a Gabilondo. Se le confió el “Hoy por Hoy” y consolidó la audiencia. Seis años después, en julio de 2011 se anunció a bombo y platillo su renovación por tres temporadas más al frente del programa más escuchado de la radio española. El País hablaba expresamente de que el periodista catalán se ocuparía del “Hoy por Hoy”, para “fortalecer el proyecto que arrancó en 2005”. Pero cambió el contexto, PRISA se hizo mucho más vulnerable por la deuda provocada por su OPA a Sogecable, los trabajadores de la SER hicieron un paro general, el primero de su historia, y en 2012 se anunció que Francino pasaba a "La Ventana" y Gemma Nierga subía al "Hoy por Hoy"·, junto con Pepa Bueno, en un intercambio de cromos incomprensible
Federico Jiménez Losantos, una voz incómoda
Federico Jiménez Losantos mantuvo un choque abierto
con la empresa en la que se encontraba, la cadena COPE. El 11 de mayo de 2009,
COPE comunicó que no seguiría al frente de “La Mañana” la temporada
siguiente, y justificó el movimiento por el desgaste de audiencia acumulado en
los últimos meses. Aquella decisión hizo visibles las tensiones que, desde
hacía tiempo, recorrían la cadena: discrepancias sobre el rumbo editorial,
sobre el peso interno del programa y sobre la relación entre el locutor y la
jerarquía eclesiástica propietaria de la emisora. Lo cierto es que los obispos
desayunaban un día y otro también con una nueva polémica provocada por Jiménez Losantos, que llegó a
crispar sobre todo a los obispos vascos y catalanes, los más nacionalistas.
Finalmente, la dirección de la Cadena Episcopal Española optó por dormir más tranquila,
y renunciar a la visibilidad y resonancia que los monólogos de Losantos le
procuraban. El 31 de agosto de 2009 terminó de forma efectiva su etapa en antena
y, a partir de esa ruptura, el periodista turolense impulsó su propia cadena,
esRadio, que ha logrado abrirse un hueco en el actual panorama radiofónico nacional.
En su momento, lo intentó la Punto Radio impulsada por Luis del Olmo y el grupo
Vocento, pero no lo consiguieron. Losantos sí lo ha logrado con EsRadio. En cualquier
caso, este fue uno de los conflictos empresariales más notorios de la radio
española reciente.
Iñaki Gabilondo, fiel a la SER
El donostiarra también mantuvo diferencias de criterio con
la dirección de la SER, pero no llegaban a convertirse en un conflicto público
y se quedaban circunscritas al ámbito interno. Son públicos y notorios sus
choques ideológicos con algunos gobiernos, como por ejemplo el de José María
Aznar, y la guerra de Irak. Pero en este caso se mantuvo firme, junto a la
propia SER, para evitar que esta cadena se convirtiera en un brazo más del
poder. Cuando contaba con 63
años, Iñaki Gabilondo estaba buscando una salida de la primera línea
informativa y Daniel Gavela, el entonces director general de la SER
se lo puso en bandeja: el 30 de agosto de 2005 se anunció su salida de “Hoy
por Hoy” para encabezar la nueva etapa informativa de Cuatro, el nuevo
canal de televisión de PRISA. No hubo
ruptura traumática, ni pulso público con la dirección, pero sí una intervención
clara de la empresa sobre el destino profesional de la principal voz
informativa de la SER. También en este caso, el mensaje de fondo fue
inequívoco: incluso las figuras más sólidas podían ser reubicadas cuando la empresa necesitaba mover piezas.
Carles Francino, por coherencia
Carles Francino fue la gran apuesta de la SER para suceder a Gabilondo. Se le confió el “Hoy por Hoy” y consolidó la audiencia. Seis años después, en julio de 2011 se anunció a bombo y platillo su renovación por tres temporadas más al frente del programa más escuchado de la radio española. El País hablaba expresamente de que el periodista catalán se ocuparía del “Hoy por Hoy”, para “fortalecer el proyecto que arrancó en 2005”. Jesús de Polanco había fallecido, por un cáncer, cuatro años antes de esta renovación, y el grupo quedó en manos de Juan Luis Cebrián, que solo esperó unos pocos meses tras la marcha del fundador para lanzar la OPA de Sogecable que supuso el mayor error financiero de la historia de este grupo empresarial. La operación le reportó una deuda, que todavía continúa amortizando, de 5.000 millones de euros y que casi le conduce a la quiebra, de no ser por la intermediación del gobierno del PP de Mariano Rajoy con los bancos. Soraya Sáenz de Santamaría, la entonces vicepresidenta, tejió hábilmente una alianza editorial, para favorecer el rescate financiero, desde 2012, a cambio, lógico, de una línea más moderada y menos crítica de PRISA con el gobierno de Rajoy.
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| Carles Francino en la presentación de la Temporada 2019-2020 (Fotografía SER Comunicación) |
En paralelo, en ese mismo año 2012, en marzo, la Cadena SER realizó un paro general de 24 horas, para protestar contra el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) planteado por el Grupo PRISA y los recortes salariales, lo que alteró radicalmente la emisión de su programación habitual y emitió espacios grabados. En esta situación de enfrentamiento de los trabajadores con la empresa, en el primer paro de su historia, comunicadores como Gemma Nierga o Carles Francino apoyaron la postura de los trabajadores.
En este contexto, pese a que se había anunciado la continuidad de Francino al frente del “Hoy por Hoy”, apenas unos meses después, en junio de 2012, la cadena cambió de idea, pegó un volantazo y reorganizó por completo su principal franja informativa. El “Hoy por Hoy” cambiaba de responsables: Carles Francino permutaba su puesto con Gemma Nierga, en “La Ventana”, que subía a la mañana para ocuparse del magacine (10:00-12:20 horas), con limitación de contenidos por la dirección, y entraba Pepa Bueno para ocuparse del tramo ideológico e informativo más comprometido, en una primera etapa, de guiño al PP desde PRISA, como agradecimiento a haber contribuido a su propia supervivencia. Pocas escenas resumen mejor hasta qué punto una cadena puede consagrar a una voz y, casi de inmediato, moverla de sitio cuando cambia el criterio de la dirección.
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| Gemma Nierga con el micrófono de la SER en la mano (Fotografía Cadena SER) |
Gemma Nierga, de la cantera a la calle
El de Gemma Nierga fue un episodio todavía más áspero,
porque acabó en salida. Después de haber sido una de las grandes voces de la
SER durante tres décadas, la cadena le comunicó el 31 de mayo de 2017 que no
renovaría su contrato al frente del segundo tramo de “Hoy por Hoy”. El
relevo quedó confirmado pocos días después, el 7 de junio, y el 14 de julio de
2017 Nierga se despidió en antena dejando una frase que resumía el sentido del
episodio: no se iba por decisión propia, sino por decisión de quienes dirigían
la emisora. Oficialmente, la operación se explicó en un contexto de caída de
audiencia de esa franja y de reordenación interna, pero en términos
periodísticos su desenlace fue el de un desalojo en toda regla de una
comunicadora emblemática, una de las decisiones más controvertidas de la SER
reciente. En 2025, en el pódcast “Estudio 8”, el director general implicado
en la marcha de Nierga, Vicente Jiménez, reconocía: “A
Gemma Nierga nadie le dijo que se fuera de la SER”.
Carlos Herrera, en busca permanente
Carlos Herrera, el comunicador total, ha sido la única gran estrella que ha pasado por todas las cadenas: la SER, en sus comienzos (Radio Sevilla), Radio Popular, RNE, Onda Cero y regreso a COPE, sin olvidar sus dos años en Canal SUR Radio. Y nunca, que se conozca, ha mantenido un conflicto abierto con sus empresas, a las que, cuando tiene oportunidad, elogia sin dudarlo. En su penúltimo destino, Onda Cero, permaneció quince años al frente de “Herrera en la Onda”, aunque empezó antes, ocupándose de las tardes desde “Herrera y punto”, hasta que sucedió a su maestro y mentor, Luis del Olmo, que puso rumbo a Punto Radio. Su salida de la cadena de radio de Atresmedia fue modélica. Reconoció que no tenía “ni un solo reproche”, y que su marcha obedecía a un “cambio de ciclo” con “conformidad mutua”.
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| Carlos Herrera y Àngels Barceló, competidores y sin embargo amigos, como debería ser siempre, compartiendo un fino en la Feria de abril de Sevilla en 2022 (Fotografía Carlos Herrera, Instagram) |
A pesar de su discreción y elegancia, y que siempre ha preferido dejar los conflictos fuera de la luz pública, también se sintió incómodo. Su salida de Onda Cero fue
complicada, y se la hicieron más complicada aún, porque tenía contrato en vigor y no
pudo marcharse antes a COPE, que le esperaba ya para la temporada 2014-2015,
pero no pudo ser. Además, en sus últimos años en Onda Cero padeció la
incomodidad del maltrato a su exmujer Mariló Montero, en programas como “El
Intermedio”, dentro del mismo grupo empresarial en el que trabajaba y, a
pesar de intentos de reconducir la situación, e incluso de repararla, lo cierto
es que todo ello condujo a aprobar la mudanza.
Hoy, cada vez más
retirado de la antena, y apoyado por otros dos comunicadores, mantiene una
posición relajada en COPE, que le permite, a la empresa, seguir contando y
sumando su nombre a la cadena, comercialmente muy valioso y a él vivir más
relajado, sin estar atado a la inflexibilidad de un horario que limita su
tiempo de libre disposición.
La SER y la estrategia de las estrellas
Vistos en conjunto, estos episodios componen una vieja ley no escrita de la radio española: la convivencia entre las grandes voces y sus empresas suele durar hasta que la autoridad del comunicador empieza a disputar espacio al poder de la cadena. A veces el choque estalla en público, como ocurrió con José María García, Encarna Sánchez o Federico Jiménez Losantos. Otras veces adopta la forma de un relevo impuesto, como en los casos de Carles Francino, Gemma Nierga o Iñaki Gabilondo, en su caso pactado. Y en otras se manifiesta como una combinación de mercado, regulación y estrategia, como sucedió con Luis del Olmo.
No es tampoco igual la estructura de la SER, que la del resto de emisoras privadas, que mantienen su política ‘de las estrellas’. La cadena de PRISA funciona más como equipo y, por tanto, sus fichas son más intercambiables y el peso de sus comunicadores menor. El ejemplo lo tenemos en las recientes salidas. José Ramón de la Morena, quien batió a García en las noches deportivas desde “El Larguero”, no logró robar oyentes a la SER en su marcha hacia Onda Cero. Mientras, Carlos Herrera es el último caso excepcional en que un comunicador se ha llevado en su primer EGM casi un millón de sus oyentes en Onda Cero a su nuevo destino, COPE. ¿De quién son los oyentes de Àngels Barceló? ¿De ella o de la SER? ¿Y los de Francino? Su peso es más relativo que el de Herrera. ¿Quedan comunicadores tan sólidos como el almeriense? Lo dudo, Carlos Alsina lo podría ser. Pero no sé si lo comprobaremos algún día. Le queda poco para retirarse...
Cambian las fechas, las siglas y los protagonistas, pero el fondo apenas se altera: en la radio española, casi todos los comunicadores verdaderamente grandes han terminado teniendo, tarde o temprano, un conflicto con la empresa, que han resuelto de la mejor manera que han podido o les han dejado. Y cada uno de ellos vale, lo que vale su peso como comunicadores, en términos comerciales y de audiencia. Cuando desciende su cotización, se prescinde de ellos, sin rubor. Sin complejos. Sin culpabilidad. Son negocios.
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