La radio, enferma de polarización y sumisión
- La salida de Àngels Barceló de la Cadena SER por desavenencias con la dirección de la cadena generalista de PRISA, y el contraataque a los rumores del traspaso de Alsina al “Hoy por Hoy”, anunciando de inmediato su permanencia en Onda Cero, pero cambiando las reglas del juego, ha constituido un terremoto entre la industria y la audiencia
- Barceló ha tenido que abandonar la SER porque quería seguir ocupándose del programa líder de la mañana para mantener su opinión libre e independiente, ante una dirección que elige marcar la línea editorial de la cadena; y Alsina renuncia a seguir ocupándose de la parte más ideológica y política, que cada vez le aburre más, y elige el magacine en el que se siente absolutamente libre para crear
![]() |
| En ocasiones, da la impresión de que la radio se excede en la intencionalidad de su mensaje e influencia (Imagen creada por IA, gracias a Chat GPT) |
El problema es que, en este escenario en que la tensión política se ha instalado como estrategia, las radios no han tenido más remedio que participar de ella, convirtiéndose en auténticos baluartes de las esencias ideológicas de determinados partidos políticos, para atraer de esta forma a cada una de sus parroquias. Me preocupa mucho que estrategias de la tensión como esta logren colocar las orejeras a los españoles, de manera que se enconen en sus posturas hasta descalificar al que piense lo contrario. Quiero pensar en que predomine la razón y el pensamiento crítico y la concordia entre españoles, que nos parecemos mucho más de lo que creemos. Esta actitud inflamada de la radio está perjudicando al medio entre sus oyentes habituales, por no decir nada entre los jóvenes, que no entienden esta radio ‘hecha por mayores para mayores’. ‘Que se la queden ellos’, piensan, dándole la espalda
¿La orfandad del
PSOE de Sánchez en la radio?
La competencia de Carlos
Herrera y su ‘triunvirato’ en “Herrera en COPE” y Juanra Lucas
en “Las Mañanas de RNE”, que estrenará su segunda, y última (de momento),
temporada firmada con la radio pública, competirán con su audiencia
consolidada, en un escenario en que, es previsible, habrá muchas cuchilladas.
Menos mal que los oyentes, al fin y al cabo, en estas situaciones, anteponen sus
simpatías ideológicas a las personales y los de centro-derecha continuarán
repartiéndose entre COPE, Onda Cero y EsRadio y los de centro izquierda seguirán
escuchando la SER. Pero, ¡cuidado! Si resulta que la cadena de PRISA relaja su
discurso prosocialista y concilia más con el PP de Feijóo, por sus intereses
comerciales con el poder de turno, nos encontramos con dos problemas: uno)
que el PSOE de Sánchez tiene un problema grave en la radio porque no hay
ninguna emisora que defienda su posición y, en consecuencia, su candidatura, y dos)
el movimiento de la SER genera oyentes descontentos y desorientados, huérfanos
de su emisora preferida, con el discurso tradicional.
En las próximas
elecciones generales no tendremos ni a Barceló ni a Alsina
Por eso, precisamente, ‘Radioactivo’/Piñero insiste en su videopódcast: “Estamos
hablando de la próxima temporada radiofónica que va a desembocar en unas
elecciones generales si es que nos acaban adelantando. Y es que la próxima
campaña electoral será sin Barceló y sin Alsina”, subraya. Ninguno de
los dos desarrollará su papel tradicional en la radio española: el de Barceló,
compartiendo gran parte de los postulados del Sanchismo y relativizando sus
errores y el de Alsina, criticando en sus monólogos la acción del partido en el
gobierno, pero retratando como nadie la verdadera madera de que están hechos
nuestros políticos, con sus incoherencias, disecciones certeras y en directo en
su “Más de uno”, sean del signo que sean.
El tiempo pasa rápido, pero no puede olvidarse el durísimo editorial que le dedicó la periodista catalana a su competidor madrileño, al que acusó directamente de “faltar a la verdad”, en 2023. Barceló utilizó en su editorial términos como ‘soflamas” e “inquina” para referirse a la entrevista que le hizo Alsina al presidente del Gobierno de España en Onda Cero. ¿Qué necesidad había de llegar a esta situación? Como escribí entonces, la perdedora de este enfrentamiento fue la radio, y su credibilidad, que ha bajado diez puntos en la última década, aunque la radio mantiene su liderazgo como medio en este aspecto. El descenso, no hay duda, se ha producido por las militancias y servidumbres ideológicas de todas las radios, con unas marcas cada vez más identificadas con posiciones políticas muy concretas, casi como militantes, en una época en la que la tensión, deliberada, trata de exacerbar los extremos para rentabilizarlos electoralmente.
Alsina, “un lugar indiscutible entre los grandes”Àngels Barceló deja @HoyPorHoy @La_SER y Carlos Alsina cede el tramo informativo de la mañana en @MasDeUno @OndaCero_es para la próxima temporada, la que acabará en la campaña electoral de unas generales que vienen calentitas. ¿Este era el mejor momento? pic.twitter.com/vS9JWxLxAX
— José Antonio Piñero ☢️ (@radioactivo_es) May 23, 2026
Anuncio que en los próximos (pocos) años nombres como Carles Francino, Javier del Pino, Ángel Expósito, Carlos Herrera, Federico Jiménez Losantos, Luis Herrero, Julia Otero, Pepa Fernández, Paco González o Jordi Basté, entre otros, tendrán que dar un paso atrás y retirarse, para dejar paso a una nueva generación que ya está demostrando su valía profesional. Solo espero que contengan sus preferencias y simpatías políticas, y ejerzan el periodismo de forma respetuosa, independiente e inteligente con el oyente, huyendo de posiciones radicales y, sobre todo, excluyentes. Esta es la radio que yo quiero: la que pueda escuchar agradablemente, incluso en contra de mi ideario. Y en los noventa lo conseguía
Barceló, una trayectoria intachable y el abrazo de Herrera
Una vez conocida la noticia de la salida de Àngels Barceló del “Hoy por
Hoy” de la Cadena SER, las redes sociales se han exacerbado, de uno y otro
lado. Para unos, la periodista catalana era, poco menos que ‘el faro’ del PSOE
de Sánchez. Para otros, una bolchevique que ha merecido este final. Ni una cosa
ni la otra. Aparte de lo desazonador que resulta darse una vuelta por estas
redes tan manipuladas, lo cierto es que Àngels Barceló ha demostrado su
incuestionable capacidad para liderar un programa diario de seis horas en
directo y mantener el listón de ‘programa más escuchado de la radio española”.
Guillermo Vila apunta en su artículo la posible razón que ha llevado a muchos
oyentes habituales de la SER a abandonarla. “En
determinadas ocasiones no ha sabido —o no ha querido— despegarse
suficientemente del poder político. Y probablemente ese siga siendo el pecado
más grave que puede cometer un periodista: parecer demasiado cómodo cerca del
Gobierno de turno”.
Lo que no se puede permitir es que ‘del árbol caído todos hagan leña’. Una
actitud que me parece de lo más ruin. Àngels Barceló es una periodista de una
trayectoria intachable. Su recorrido, tanto en televisión como en radio, lo
confirma. No es necesario coincidir en la línea de pensamiento con un
periodista para reconocer su mérito profesional. Basta con ser mínimamente
objetivo, mirar con ojos abiertos y limpios, darse cuenta del camino trazado y
mostrar el respeto y la admiración, incluso con divergencias de por medio.
Nadie más oportuno para ejemplificar este comportamiento, tan humano por otra
parte, que Carlos Herrera, su eterno contrincante y opositor, aspirante al
liderazgo. Herrera ha enviado un cariñoso mensaje a Barceló a través de su
cuenta en Instagram. “En
la radio la primera voz es la vida. El protagonismo lo tiene el oyente. La
radio siempre acompaña a alguien haciendo algo. Es el segundo corazón del
oyente. (...) Juntos sumamos cada día más de 6 millones de oyentes en COPE y
SER. Los dos sentimos respeto y pasión por la radio. Un abrazo, Mariangele. Nos
seguimos escuchando. ¡Larga vida a la radio!". Al igual que
ocurrió entre Luis del Olmo e Iñaki Gabilondo, el respeto y la mutua
admiración reinaron entre dos profesionales que, en la antena, sacaban las uñas
para defender su marca, pero en lo personal mantuvieron una relación impecable.
Periodistas que elogian y critican con respeto
A mí me gusta escuchar a un periodista valiente que critique al poder, pero
al tiempo reconozca lo que ha hecho bien. Que denuncie, siempre con datos, los
errores y ensalce los logros. Y esto se lo he escuchado solo a Alsina. Por
cierto, en las redes, que a menudo vomitan odio por todas partes hasta descorazonar,
leí, ante el aplauso de Alsina a la resolución de la crisis del hantavirus en
Canarias, que estaba, poco menos que ‘haciendo
méritos para fichar por la SER’. No. Eso se llama ‘independencia’. Su
equipo de colaboradores, y contertulios, reconoce que a estas alturas no sabe
lo que vota Alsina. Guarda celosamente sus preferencias, aunque se le presume
una predilección conservadora, a pesar de lo cual en antena prescinde de sus
simpatías. Cuando el periodista Walter Cronkite se jubiló como presentador
del telediario ‘CBS Evening News’ en 1981, una periodista le preguntó a
qué partido votaba, Cronkite le respondió: “si después de cuarenta años de
profesión no lo habéis deducido es que algo he hecho bien”. Durante todo su
tiempo en activo, Cronkite fue el ‘periodista más confiable en Estados Unidos’.
Años después de su jubilación se supo que era más bien progresista y sus
preferencias se situaban en la órbita del partido Demócrata. Pero nadie se dio
cuenta en sus años de ejercicio profesional.
El problema es que, en este escenario en que la tensión política se ha
instalado como estrategia, las radios no han tenido más remedio que participar
de ella, convirtiéndose en auténticos baluartes de las esencias ideológicas de
determinados partidos políticos, para atraer de esta forma a cada una de sus
parroquias. Me preocupa mucho que estrategias de la tensión como esta logren
colocar las orejeras a los españoles, de manera que se enconen en sus posturas
hasta descalificar al que piense lo contrario. Quiero pensar en que predomine
la razón y el pensamiento crítico y la concordia entre españoles, que nos
parecemos mucho más de lo que creemos. Esta actitud inflamada de la radio está
perjudicando al medio entre sus oyentes habituales, por no decir nada entre los
jóvenes, que no entienden esta radio ‘hecha por mayores para mayores’. ‘Que
se la queden ellos’, piensan, dándole la espalda.
El auténtico reto: responder al nuevo ecosistema digital de la radio
Y mientras la radio se empeña en autodestruirse en este sentido, en el
patrimonio más valioso que todavía posee, como es el de la credibilidad, no se
presta la suficiente atención al auténtico reto que tiene por delante el medio,
como bien define el profesor Guillermo Vila: “mantener
la influencia cultural y política de la radio de mañana en un ecosistema
radicalmente distinto. Hoy las cadenas compiten simultáneamente con la
televisión, con YouTube, con Twitch, con TikTok, con los daily
podcasts y con un consumo fragmentado que obliga a repensar incluso la
propia noción de programa en directo”. Entre otras cuestiones, seguir
este planteamiento, implica que los periodistas boomers, y yo formo
parte de esta generación, no podemos constituir ninguna alternativa viable y
oportuna, a los puestos vacantes en la radio que se vayan produciendo. No
somos, a estas alturas, una opción, porque no tenemos recorrido suficiente, no somos nativos digitales,
ni entendemos con tanta naturalidad la nueva realidad y el nuevo ecosistema al
que hoy pertenece la radio, en el que, como comenta Vila, incluso ‘el directo’
puede estar cuestionado en su futuro inmediato.
Anuncio que en los próximos (pocos) años nombres como Carles Francino, Javier del Pino, Ángel Expósito, Carlos Herrera, Federico Jiménez Losantos, Luis Herrero, Julia Otero, Paco González o Jordi Basté tendrán que dar un paso atrás y retirarse, para dejar paso a una nueva generación que ya está demostrando su valía profesional. Solo espero que contengan sus preferencias y simpatías políticas, y ejerzan el periodismo de forma respetuosa, independiente e inteligente con el oyente, huyendo de posiciones radicales y, sobre todo, excluyentes. Esta es la radio que yo quiero: la que pueda escuchar agradablemente, incluso en contra de mi ideario. Y en los noventa lo conseguía.

