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| ¿Cómo se accederá a la radio en estas inmensas pantallas del salpicadero? (Fotografía, original Mercedes, con edición posterior de IA) |
Porque la amenaza ya no es teórica. La radio broadcast —la que llega por el aire, libre, universal y gratuita— empieza a desaparecer silenciosamente de los vehículos nuevos. Y con ella, advierten desde el sector, podría comenzar también el declive del principal espacio de escucha radiofónica en Europa.
La futura Ley de Redes Digitales europea puede convertirse en la última gran ocasión para blindar la presencia de la radio en los vehículos conectados. La UER ya ha movido ficha y reclama una posición común de toda la radio europea. El objetivo es claro: impedir que la evolución tecnológica convierta la radio terrestre en un elemento residual o invisible dentro del coche conectado. Porque lo que está en juego no es solo un sistema de distribución técnica. Lo que está en juego es si los ciudadanos europeos seguirán teniendo acceso directo, libre y universal a una información inmediata, fiable y gratuita en todo momento y, muy especialmente, cuando más la necesiten. Porque la radio forma parte de su vida diaria y está, además, tan indisolublemente ligada a la propia cultura europea que cuesta imaginar una Europa sin radio
El coche, el gran campo de batalla de la radio
Durante décadas, encender la radio en un coche fue un gesto automático. Hoy, sin embargo, encontrarla en muchos vehículos nuevos se ha convertido en una pequeña odisea digital. Pantallas gigantes, interfaces dominadas por aplicaciones, menús infinitos y ecosistemas cerrados han ido relegando la radio tradicional a un segundo plano.
La transformación tecnológica del automóvil ha cambiado las reglas del juego. Los fabricantes han descubierto que las pantallas del salpicadero son un escaparate comercial de enorme valor. Cuanto más tiempo pasa el conductor dentro del ecosistema digital del vehículo, mayores son las posibilidades de negocio vinculadas a servicios IP, plataformas de entretenimiento, navegación, suscripciones o contenidos audiovisuales.
Y en ese nuevo tablero, la radio terrestre molesta.
Más costes y menos negocio para la industria del automóvil
La FM y el DAB+ requieren sintonizadores específicos, antenas y componentes dedicados. Las aplicaciones online, en cambio, llegan simplemente a través de internet. Integrarlas es más barato y, además, genera oportunidades comerciales y beneficios para la industria de automoción.
Esa lógica económica explica por qué algunos fabricantes ya comercializan vehículos sin radio tradicional o anuncian que dejarán de incorporarla. En su lugar, impulsan sistemas propietarios o plataformas de terceros que deciden qué contenidos aparecen, cuáles se priorizan y cómo se accede a ellos.
Los “gatekeepers”
La UER y buena parte del sector radiofónico europeo observan con preocupación el surgimiento de auténticos “guardianes de acceso” capaces de controlar la entrada de las emisoras al ecosistema del coche conectado.
El riesgo no es menor: que la radio pase de ser un servicio universal y directo a depender de intermediarios privados que puedan condicionar su presencia, cobrar por ella o incluso limitarla unilateralmente.
La consecuencia sería especialmente grave para la radio pública. Radiodifusores públicos como RTVE tienen la obligación legal de garantizar la más alta cobertura geográfica y social, cosa que tan sólo se consigue con la radiodifusión terrestre. Y esa misión se vuelve imposible si el acceso depende de plataformas privadas, gigantes tecnológicos, fabricantes de tecnología para vehículos o de la propia industria automotriz.
Europa empieza a reaccionar
La preocupación ha llegado ya a Bruselas. La UER considera que la defensa de la radio broadcast en vehículos es actualmente la mayor prioridad estratégica para el futuro del medio en Europa.
El debate coincide además con un momento regulatorio clave. La actual Directiva Europea de Comunicaciones Electrónicas, que obliga desde diciembre de 2020 a incorporar receptores de radio digital terrestre (RDT) en los vehículos nuevos que equipen radio, será sustituida por un nuevo reglamento europeo: la futura Ley de Redes Digitales (Digital Networks Act, DNA). Y ahí está la gran batalla.
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| Fuente: AIMC, 2025 |
La radio no puede ser “opcional” cuando es imprescindible
El sector considera insuficiente que la normativa únicamente obligue a incluir DAB+ cuando el vehículo decida incorporar radio. La nueva ofensiva busca ir mucho más allá: blindar la presencia efectiva de receptores FM y DAB+ en automóviles, autobuses, camiones, furgonetas y otros vehículos conectados.
La cuestión ya no es tecnológica. Es política, industrial y democrática. Porque el temor de fondo es evidente: si la radio desaparece del coche, desaparece también el principal lugar de escucha del medio. Y si la radio desaparece del principal lugar de escucha, existe riesgo real de desaparición de la radio.
La escucha de radio sigue siendo masiva
Pese a años de discursos sobre su supuesto declive, la realidad sigue desmontando el tópico de que “nadie escucha la radio”.
En España, la penetración del medio alcanza el 55% de la población y el consumo por FM multiplica por más de cinco al streaming online. Además, el coche continúa siendo el lugar principal de escucha, muy por delante del hogar o el trabajo.
Europa mantiene una tendencia similar. La radio sigue siendo el medio de comunicación que genera más confianza entre los ciudadanos, muy por encima de redes sociales, plataformas digitales o contenidos online. Y esa fortaleza no es casual.
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| Los PSM son los 'Public Service Media", medios de servicio público. Fuente: UER/EBU, traducido por IA, Chat GPT |
El apagón: la radio funciona cuando todo falla
El apagón eléctrico del pasado 28 de abril de 2025 dejó una imagen demoledora para quienes daban por amortizada la radiodifusión terrestre. Mientras internet colapsaba y las redes móviles sufrían graves problemas, la radio siguió funcionando. Miles de ciudadanos atrapados en carreteras y atascos accedieron a la información a través de receptores FM en sus vehículos.
Durante décadas, encender la radio en un coche fue un gesto automático. Hoy, sin embargo, encontrarla en muchos vehículos nuevos se ha convertido en una pequeña odisea digital. Pantallas gigantes, interfaces dominadas por aplicaciones, menús infinitos y ecosistemas cerrados han ido relegando la radio tradicional a un segundo plano. La transformación tecnológica del automóvil ha cambiado las reglas del juego. Y en ese nuevo tablero, la radio terrestre molesta
La radio volvió a demostrar algo esencial: no depende de algoritmos, plataformas privadas ni conexiones de datos para informar en situaciones críticas. Ese episodio reforzó en Europa la idea de que las redes de radiodifusión terrestre son infraestructuras estratégicas de resiliencia y soberanía. No solo un medio de comunicación, sino un sistema esencial de servicio público y protección civil que permite que la radio, en conjunción con las redes de radiodifusión sonora terrestre, constituya un verdadero pilar de la democracia europea
Mucho más que nostalgia tecnológica
La batalla por la FM y el DAB+ no responde a una resistencia romántica al cambio digital. El propio sector radiofónico europeo asume la convivencia con internet, las aplicaciones y el audio bajo demanda. La cuestión es otra: evitar que la radio en abierto quede enterrada bajo ecosistemas cerrados diseñados para maximizar negocio, control y consumo dirigido.
Porque la radio broadcast posee algo que ninguna plataforma puede garantizar al mismo nivel: acceso libre, universal, gratuito, inmediato y resiliente. Y eso, en plena era de la hiperconectividad dependiente de terceros en forma de feudalismo digital, empieza a considerarse un activo estratégico.
La última oportunidad para proteger la radio
La futura Ley de Redes Digitales europea puede convertirse en la última gran ocasión para blindar la presencia de la radio en los vehículos conectados. La UER ya ha movido ficha y reclama una posición común de toda la radio europea. El objetivo es claro: impedir que la evolución tecnológica convierta la radio terrestre en un elemento residual o invisible dentro del coche conectado. Porque lo que está en juego no es solo un sistema de distribución técnica.
Lo que está en juego es si los ciudadanos europeos seguirán teniendo acceso directo, libre y universal a una información inmediata, fiable y gratuita en todo momento y, muy especialmente, cuando más la necesiten. Porque la radio forma parte de su vida diaria y está, además, tan indisolublemente ligada a la propia cultura europea que cuesta imaginar una Europa sin radio.