Muere a los 78 años Fernando Ónega, maestro de periodistas y militante de la democracia
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Cuando nadie creía y defendía la radio en España, él fue su primer valedor
“Mi único remordimiento en mi vida profesional proviene de los callos que he tenido que pisar por dirigir"
- Le pregunté en una entrevista en 2015, publicada en esta web, que estableciera una tipología por cada medio, cómo definiría la prensa escrita, la radio y la televisión, los tres medios en los que trabajó, y su respuesta fue (como era de prever) magistral: "Hay un adjetivo común a los tres medios: seductor. Y hay un sustantivo distinto para cada uno. La prensa escrita, el sosiego. La radio, la intimidad. La televisión, el espectáculo. Hasta ahora, la prensa escrita, además, era el rigor, pero hoy tengo muchas dudas. La radio era la rapidez, la instantaneidad, pero se está dejando comer esa cualidad por Internet e incluso por la televisión. Y la televisión era el lujo de la imagen, pero se lo está dejando comer por escenas de sofá que salen más baratas"
Abordar la trayectoria profesional de Fernando Ónega, nos llevaría un post enciclopédico: prensa, radio y televisión y, en medio, periodismo político, cuando ayudó a Adolfo Suárez a ganar las primeras elecciones democráticas al frente de la Unión de Centro Democrático, y a hacerse inolvidable con aquella frase que ya quedó para la historia: "Puedo prometer y prometo". Pero Ónega no puede reducirse a una sola frase, por muy histórica que fuera. Este gallego universal de retranca permanente tuvo varios amores en su vida, los más importantes fueron los familiares, pero, junto a ellos, la RADIO fue, indiscutiblemente, el más importante.
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| Fernando Ónega con Carlos Alsina, en Onda Cero, la cadena que él dirigió y en la que puso sus cimientos (Fotografía Onda Cero.es) |
Esta mañana, en la apertura de las ocho de la mañana de COPE y Onda Cero (y la SER se podía también haber sumado, porque Ónega dirigía sus informativos el 23 de febrero de 1981, y sus buenas broncas intercambió con un 'Supergarcía' crecido en el Congreso de los Diputados, subido a una Unidad Móvil) han sumado sus oyentes para, a través de Carlos Herrera y Carlos Alsina, respectivamente, rendirle un tributo de esos que solo sabe hacer la radio cuando suma sus fuerzas.
Por si hubo alguna duda de que la radio era capaz de informar con seriedad, competencia y rigor, a Ónega, cuando estuvo al frente de los informativos de la SER le tocó torear con el golpe del 23-F que, afortundamente pasó a la historia como un sainete, aunque mantuvo al país entero en vilo, hasta su feliz desenlace, durante unas horas angustiosas. Ónega se las tuvo que ver con José María García, porque al periodista deportivo, que se presentó en el Congreso con la unidad móvil de la SER los guardias civiles le dejaron entrar, porque le reconocieron. Y, a partir de aquí, empezaron los problemas, porque García empezó a retransmitir el golpe como si fuera un partido de fútbol y este no era el estilo que pretendía establecer Fernando Ónega desde su dirección
Decía Carlos Alsina esta mañana que Ónega, la humildad personificada (hasta lo reconocía como su principal virtud la panadera de su pueblo, Pol (en Lugo), en conversación con el director de "Más de Uno"), siempre le pedía su opinión sobre la actualidad política, antes de emitir la suya. "Y siempre te llamaba 'director', para todo", reconociendo la autoridad, recordaba Alsina. "Cuando el verdadero director de directores" era él, "sin duda", añadía.
Cuando uno analiza su trayectoria profesional, se da cuenta de que Fernando Ónega no era un periodista normal. Lo que para algunos hubiera necesitado de varias vidas, en su caso asumió todos los roles, en todos los medios, y en todos destacó por una labor extraordinaria, en sentido literal. Ya se sabe que, en general, el elogio debilita, pero en su caso era absolutamente natural dirigirse a él con reverencia por delante, y el 'maestro' en la boca, a lo que inmediatemente él renunciaba.
Fue el inventor de las tertulias, "Si hubieran sabido que yo creé las tertulias, me habrían echado de España”, me confesaba en la entrevista de 2015, que publiqué consciente de que ninguna web que se precie, dedicada a la radio, podía alcanzar prestigio sin contar con la voz de don Fernando.
Pero uno de los hechos más destacados de su biografía, relacionado con la radio, fue cuando el entonces director general de la Cadena SER, Eugenio Fontán, le ofreció el puesto de director de los Servicios Informativos, después de Iñaki Gabilondo. Sus amigos, y colegas le dijeron que cómo iba a aceptar ese puesto con lo desprestigiada que estaba la radio en España. Es cierto que la SER salía de la dictadura como un medio de entretenimiento e intrascendencia, y que nadie se iba a tomar en serio que aquel medio, y en concreto aquella cadena radiofónica, la decana de la radio española, iba a convertirse en un medio informativo creíble. Él, convencido y militante, aceptó la responsabilidad y se dedicó, en cuerpo y alma, a dotar a la SER de sus primeros Servicios Informativos: sólidos y prestigiados. Se estrenó el 10 de febrero de 1981, trece días antes de que al teniente coronel Antonio Tejero se le ocurriera entrar en el Congreso de los Diputados.
Por si hubo alguna duda de que la radio era capaz de informar con seriedad, competencia y rigor, a Ónega, cuando estuvo al frente de los informativos de la SER le tocó torear con el golpe del 23-F que, afortundamente pasó a la historia como un sainete, aunque mantuvo al país entero en vilo, hasta su feliz desenlace, durante unas horas angustiosas. Ónega se las tuvo que ver con José María García, porque al periodista deportivo, que se presentó en el Congreso con la unidad móvil de la SER los guardias civiles le dejaron entrar, porque le reconocieron. Y, a partir de aquí, empezaron los problemas, porque García empezó a retransmitir el golpe como si fuera un partido de fútbol y este no era el estilo que pretendía establecer Fernando Ónega desde su dirección.
Con la entrada de PRISA en la Cadena SER Fernando Ónega prefirió abandonar Gran Vía, la sede de la cadena de radio, porque no hubo feeling con Eugenio Galdón, el hombre elegido por Jesús de Polanco para limpiar la SER de su anterior etapa (más cercana al centro político de la UCD) y para convertirla en bastión del socialismo de un Felipe González que se preparaba para llegar a la Moncloa. Ónega dijo que aquello no iba con él y pidió el finiquito.
No solo fue responsable de los informativos de la SER, también asumió las máximas responsabilidades en la cadena COPE y en Onda Cero, de la que fue director general. La radio era, definitivamente, lo suyo. Se le notaba.
A esta carrera impresionante en la radio española, Ónega sumó colaboraciones en prensa y televisión, más responsabilidades en televisión, donde llegó a dirigir un informativo, pero donde se sentía a gusto era en la radio, primero con su amigo Luis del Olmo, con el que compartió miles de horas de radio en directo, y posteriormente, con Carlos Herrera y Carlos Alsina. Por eso, tras su despedida, a los 78 años de edad, en Madrid, rodeado de su familia, Herrera y Alsina se han vuelto a reunir esta mañana para despedirle con su mejor imagen, la del gallego con retranca amigo de sus amigos y profundo amante de la radio, en la que siempre se sintió como en su casa.
