¿Los pódcast superarán en escuchas a la radio en España?
- Los pódcast han superado a la radio en Estados Unidos. Un estudio recién publicado en este país por el prestigioso instituto de investigación de audiencias, Edison Research, anuncia que los pódcast superan por primera vez a la radio en el consumo de audio hablado en Estados Unidos por un punto, de momento (40%-39%). Los números importan en este caso. Es un hito que habla de un cambio de ciclo. La pregunta que nos hacemos es España, a la vista de los datos que nos llegan desde aquel país, es si aquí ocurrirá lo mismo y, sobre todo, cuándo
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| Una pareja se mira: ella elige pódcast, y él radio, dos experiencias complementarias, a veces con el mismo contenido (Fotografía generada por IA, Chat GPT) |
Los datos que nos llegan de Estados Unidos avanzan un cambio evidente de hábito de consumo de audio, donde triunfa la elección del contenido bajo demanda frente a la sorpresa que nos propone a cada minuto la radio. No se consume menos radio, sino de otra manera. Pero ¿qué implica esa otra manera? ¿Comercialmente, son modos conexos? Mientras que la radio se dirige simultáneamente a un colectivo de público, aunque la sensación sea de mensaje individualizado, el pódcast atomiza y divide a las audiencias, alejándolas de la experiencia común que nos propone la radio. ¿Está en retirada la radio, al menos en los Estados Unidos? ¿Perderá su influencia y relevancia? ¿Resulta inevitable asistir a esta evolución en la que la radio sale cuestionada por la posibilidad de elegir los contenidos a voluntad?
Los componentes de AudioGen establecen también que “este
cambio no implica una caída del audio hablado, sino una redistribución del
tiempo de escucha hacia formatos bajo demanda y personalizados, coherente con
la evolución del consumo digital”. No tenemos todos los datos, que
están en manos de Edison Research. Si trasladáramos la situación de Estados
Unidos a nuestro país, el cambio de hábitos que refleja este estudio, afectaría,
en principio, salvo gran sorpresa, a las generaciones más jóvenes, frente a los
más veteranos, que siguen fieles a los consumos tradicionales, mayoritariamente
relacionados con la escucha sincrónica de audio, o sea, a la radio.
Complementariedad radio y pódcast
No podemos tampoco permanecer al margen, ni obviarlos, ante
los intereses de unos y otros actores de este enorme ecosistema, ahora mismo,
aparentemente, partido en dos: radio versus pódcast. Me niego a entrar
en este juego de dualidades enfrentadas, porque no las hay. Solo hay
complementariedad en los dos soportes, o dos canales de difusión/distribución
de contenidos sonoros. La radio se convierte en pódcast y los pódcast son, en
una gran mayoría, todavía, radio. La industria de la radio es muy poderosa. Factura
en este país casi seiscientos millones de euros, según datos publicados
recientemente por Infoadex. Y su obligación es seguir creciendo para
mantener sus miles de puestos de trabajo. Además, desde hace más de un siglo de
historia, sus profesionales son los mayores expertos en el tratamiento del
audio, porque viven de ello, aunque, a juzgar por los vientos que nos llegan
desde Estados Unidos, deberían prepararse para nuevos escenarios en los que
actuar.
En ese interés que abandera la industria de la radio
española, sobre todo el de la radio comercial, que no vive del erario público,
sino de la publicidad, debería encuadrarse la estrategia de reivindicar sus
poderes más allá de la propia radio, es decir, de la emisión en directo de sus
contenidos. Comentaba al comienzo de este post que el consumo de audio en
nuestro país podría subdividirse en audio sincrónico (radio) y audio
asincrónico (pódcast/audiolibros). Tal vez no deberían llamarse ‘pódcast’
aquellos contenidos que nacen reciclados de la radio, sino ‘radio a la carta’ o
‘radiopost’ (me atrevo a arriesgar un término, *), para diferenciarse de
los programas originales destinados a ser distribuidos solo a través de plataformas online.
Se trataría, con esta diferenciación, de subrayar la fuerza de la radio como
principal productora de contenidos sonoros en los dos ámbitos: el sincrónico y
el asincrónico.
Pódcast y 'Radiopost', parecidos pero no iguales
Radio y pódcast son aliados, pero sobre todo radio y ‘radiopost’. Una sencilla observación, desde luego sin pretensión científica, del TOP100 de la plataforma Ivoox revela que, hace una década, sobre los diez primeros, casi ocho (75-80%) eran ‘radio a la carta’, o ‘radiopost’; es decir, procedían de la radio, mientras que el otro 20%-25% estaba conformado por pódcast originales. Hoy, ese número tan contundente, se ha reducido tan solo a cuatro (hay otros dos que tienen su origen en televisión, asociados a Iker Jiménez). Los pódcast originales van conquistando mayor terreno, en perjuicio de los ‘radiopost’ o contenidos reciclados de la radio. Cada vez hay mayor competencia, y también más calidad.
El equipo de AudioGen añade que “la clave del sorpasso en Estados Unidos no radica tanto en la popularidad del formato como en la transformación de los hábitos de escucha: flexibilidad, consumo asincrónico y segmentación temática”. Y añade: “el hito funciona más como la culminación de una tendencia de largo plazo que como una ruptura abrupta del mercado”. Es absolutamente cierto que con el pódcast se gana en comodidad, y los hábitos de escucha pueden relajarse, para encontrar, o encontrarse, con los contenidos de la radio a posteriori, fácilmente localizables en tal o cual escaparate (plataforma), listos para ser consumidos, de manera asíncrona, a voluntad.
La radio se emite en directo, pero no aprovecha el directo
En anteriores artículos reflexioné sobre la realidad de que
la radio no estaba amortizando debidamente su condición más esencial: el
directo. Y sigo pensando lo mismo, apoyado ahora en los datos que nos llegan
desde Estados Unidos: el directo ya no es suficiente para atraer y fidelizar
oyentes. Es posible que esto siga ocurriendo durante el prime time de la
radio, en las mañanas, con los grandes informativos matinales, o en las
narraciones deportivas que, de no estar pegadas al directo, no tendrían mucho
sentido. En este reordenamiento del consumo de contenidos de radio, todo aquel
que no esté ‘pegado’ al tiempo (directo) puede ser objetivo de su ‘podcastización’.
Hace tiempo que la radio perdió la exclusividad de la producción de contenidos
sonoros. Pero ‘el directo’ (la sincronía) era su gran baza, su valor
diferencial. Bien, hoy, la encuesta de Edison Research demuestra que, al menos,
de momento, en Estados Unidos, esta baza ya no es suficiente.
La radio se está haciendo prescindible
Ya he escrito, y defendido, que la radio española no juega al directo, no lo utiliza como recurso, aunque trabaje en directo. Parece un galimatías, pero no lo es. Los grandes programas ómnibus se rellenan con contenidos que pueden ser consumidos perfectamente a posteriori, en ‘radiopost’. La radio de hoy, del siglo XXI, no te obliga a estar pendiente de ella, porque no hay contenidos que exijan depender del directo durante la escucha. El apagón de abril del año pasado nos demostró que la radio ejerció un papel fundamental en aquellas circunstancias. Su consumo, por el directo, nos enganchó. Hoy, no engancha lo suficiente. Ha perdido atractivo, tal vez por su previsibilidad, por hastío, por frustración, por la existencia de otras alternativas más entretenidas... y porque no se hace imprescindible. Los contenidos de la radio, defienden los amigos de AudioGen, “no se escuchan menos, sino de otra forma y en entornos donde ya no es exclusiva”. Y añado: la radio ya no es imprescindible o, dicho de otra manera, la radio es prescindible. Porque puede consumirse a voluntad, bajo demanda, incluso los informativos. Se me antoja que solo nos quedan los deportes. No tiene sentido escuchar un ‘radiopost’ con la narración de un partido de fútbol, sobre todo, porque lo más lógico es conocer el desenlace.
A mí no me gustan los datos recogidos por Edison Research en su último estudio “Share of Ear”, porque avanzan el declive de un medio, aunque sus contenidos sigan consumiéndose de manera asíncrona, a través de otros canales bajo demanda. Estados Unidos está mostrando el camino de que la radio priorice, ya mismo, el canal asíncrono frente al sincrónico, con lo que esto supone de pérdida de la esencia de la radio y su, al parecer, inevitable, degradación. Y, sinceramente, esto no me gusta. Y la radio, por desgracia, está contribuyendo a su propio declive, me temo
¿Por qué, si, coincidiendo con los amigos de AudioGen -la
radio “no se escucha menos, sino de otra forma”- insisto en el valor
diferencial de la radio y en reivindicar a este medio frente al contenido
grabado? De todos es sabido que la facturación no es la misma, que la
rentabilización de los ‘radiopost’ no es igual a la emisión lineal; que el
oyente de ‘radio a la carta’, soslaya los minutos (a menudo demasiados) de publicidad,
tanto en cadena como local/regional, pero sobre todo, se pierde la comunión
colectiva del directo, la sensación de participar en el mismo episodio vital,
compartido, minuto a minuto. En la radio a posteriori, se pierde la pasión, se
pierde la continuidad, se pierde la compañía, se pierde gran parte de la esencia
del medio. ¿Que parece inevitable, a juzgar por los datos que nos llegan desde
Estados Unidos? Es posible, pero nunca dejaré de creer en la radio.
Radio y pódcast no son lo mismo
Mi
admirado Ángel Carmona, durante una intervención, previa al Día
Mundial de la Radio, en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid,
mantenía que, por su formación, para él, “todo es radio”. Y no puedo
estar más en desacuerdo. El pódcast es otra cosa. Entronca, porque se basa en
el audio, con la radio, pero no comparte la tensión, ni la pasión con esta. Juegan
en tiempos diferentes y, mientras que la radio consigue lanzar mensajes
personalizados sin necesidad de la Inteligencia Artificial y se dirige a públicos
masivos simultáneamente, el pódcast atomiza y disgrega al público, pierde la
referencia temporal, aunque atrapa el interés y la atención del público con otras herramientas, por la incuestionable
fuerza del audio.
A mí no me gustan los datos recogidos por Edison Research en
su último estudio “Share of Ear”, porque avanzan el declive de un medio,
aunque sus contenidos sigan consumiéndose de manera asíncrona, a través de
otros canales bajo demanda. Hoy por hoy, la prioridad de la radio es producir
sus contenidos para la antena y, posteriormente, para el ‘radiopost’. La podcastización de la radio, que ya he comentado, es un hecho y muchos son los programas donde su influencia estructural se percibe sin mucha dificultad de análisis. El programa se convierte, conceptualmente, en una evidente suma de ‘podcast’, uno tras otro, separados por la publicidad. Estados Unidos está mostrando el camino para que la radio priorice, ya mismo, el canal asíncrono frente al sincrónico, con lo
que esto supone de pérdida de la esencia de la radio y su, al parecer,
inevitable, degradación. Y, sinceramente, esto no me gusta. Y la radio, por
desgracia, está contribuyendo a su propio declive, me temo.
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| Un grupo de personas rodea un coche, cuyo dueño sube el volumen de la radio para que todos puedan escuchar la emisión de un acontecimiento de gran interés (Fotografía creada por IA, Chat GPT) |
"Necesitamos un apagón todos los días", me comentó un compañero no hace mucho, para apoyar la tesis de que la radio es imprescindible. Aparte de que sería una locura, la frase encierra, sin embargo, mucha enjundia, porque, en tiempos difíciles, ningún medio como la radio para seguir lo que pasa segundo a segundo, en tiempo real. Pero no podemos mantener toda una industria solo para esos 'momentos difíciles'. Económicamente, sería insostenible. ¿Qué está haciendo la radio para mantener la tensión y el interés de su narración? Y no me estoy refiriendo por supuesto a la polarización interesada puesta en marcha como estrategia por nuestros políticos, sino a la justificación del directo, al "está pasando, se lo está contando la radio". No puede reducirse todo a un problema de falta de recursos económicos. La imaginación y la creatividad suelen dispararse ante la adversidad, pero hoy esta fórmula no funciona.
El pódcast gana terreno, a costa de la radio
Alguien me dijo una vez: ‘habría que inventar una radio en la que el oyente no pudiera desengancharse nunca, porque lo que cuenta resulta tan imprescindible, está basado directamente en los intereses de la audiencia, y está tan bien contado, que el oyente no podría vivir sin escucharla en directo’. Soy consciente de que esta gesta, hoy en día, resulta imposible, pero por qué no intentarlo a pequeña escala, por qué no intentar crear una radio que enganche al público y no lo suelte. El pódcast gana terreno, a costa de la radio. En Estados Unidos se ha invertido el escenario, y nos avisa de lo que nos puede llegar. Tiene toda la pinta de que llegará, salvo que alguien en la radio cambié la manera de hacerla. Es posible que el cambio de hábitos de consumo sea irrefrenable, pero la radio debe trabajar por reivindicar sus fuerzas, que son muchas ¿y en retirada? Supongo que se veía venir...
(*) Radiopost, vocablo surgido de la suma de la palabra 'radio', que marca el origen, y del prefijo 'post', que significa 'después de'. La suma describe la radio consumida 'después de su emisión'.
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