La prominencia de la radio en los coches conectados en España y EE.UU.
- Durante estas últimas semanas la actualidad referida al papel de la radio en los futuros coches conectados se ha convertido en un grave problema para la industria que la sostiene
- La industria de la automoción valora prescindir en el futuro de la radio hertziana en beneficio de la radio online, por IP, mientras que la Unión Europea ya obligó por ley en 2020 a que todos los coches salieran de fábrica con receptor de DAB/DAB+
- En las últimas semanas se ha producido otro conflicto, entre Italia, país sobreprotector de la radio tradicional en los futuros coches conectados, y la Comisión Europea que ha paralizado sus medidas porque perjudican a los derechos del consumidor
- La Comisión Europea acaba de presentar su Ley de Redes Digitales, cuyo borrador, que aún debe tramitarse en el Europarlamento, no recoge ninguna medida protectora de la radio que persiga su prominencia en los coches conectados
- En el fondo, la cuestión que late en este asunto es la pérdida del control del canal de la industria de la radio, en el entorno de los automóviles, un lugar estratégico de escucha y consumo, sin el cual el medio perdería relevancia y negocio
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| Interpretación de la marca de neumáticos Continental de cómo podría ser la cabina del futuro de los coches conectados |
Europa y Estados Unidos recorren juntos el camino del progreso digital, pero con 'vehículos' diferentes. El Europeo estudia medidas de protección para la prominencia de la radio que no colisionen con los derechos de los ciudadanos europeos, mientras que el estadounidense está dispuesto hasta a ceder la industria de la radio al control de los grandes líderes tecnológicos que todo lo absorben, como Google, que aspira a quedarse con todo el pastel. No será fácil que lo consiga en Europa, si la UE se mantiene firme y atiende los argumentos del propio sector, que la radio merece
¿Qué está pasando con los coches?
¿Qué va a cambiar? (o ya está cambiando). Con la llegada de los coches
conectados a internet la pantalla de infoentretenimiento está mutando. El
experto John Garziglia, autor de numerosos artículos sobre radiodifusión
y socio jubilado del bufete Womble Bond Dickinson, especializado en derecho de
la comunicación, en Washington, D.C. se dio una vuelta por el CES de Las Vegas
(una feria tecnológica gigantesca), y escribió un sesudo artículo sobre qué le
está ocurriendo a la radio en este nuevo entorno ‘conectado’.
La radio se convierte en una App más
Vaya por delante que el CES es una feria tecnológica en la que se presentan grandes diseños y avances que no siempre se aplican tal cual se muestran. Las pantallas de los salpicaderos
se habían llenado de numerosos iconos coloristas, correspondientes a decenas de
Apps, igual que las pantllas de nuestros smartphones, y la radio ya no era un medio
preponderante. La radio era una App más, y, se deduce, la señal que llegaba a
los coches provenía de internet, del canal IP, y no de FM ni OM, que han
quedado proscritas en algunos prototipos de coches ‘conectados’. ¿Para qué, piensan los
fabricantes, encarecer los costes de fabricación con una antena y un receptor
específico de radio hertziana, si la conexión a internet del coche incluye también
la escucha de radio? Dicho y hecho: los coches conectados, que ya disponen de
su propia CPU, y prescinden por tanto de la necesidad de conectar nuestros
smartphones a su puerto USB o por Bluetooth,
ya no cuentan con radio convencional, sino con un ordenador enchufado a
internet (cuya conexión, no nos olvidemos de esto, hay que pagar).
Los fabricantes de coches son
perfectamente conscientes de que un altísimo porcentaje de conductores considera
imprescindible la presencia de la radio, pero igualmente son conscientes de que
su prominencia analógica no puede mantenerse en un entorno cien por cien
digital, asistido además por la IA. Sí, la IA también se ha entrometido en los
coches, señores. No estamos lejos de lograr mantener una conversación coherente
con nuestro coche (cuyo timbre de voz podremos elegir), igual que lo hacía Michael Knight
(el actor David Hasselhoff) con su coche KITT, en la exitosa serie de
televisión de los 80, “El coche fantástico”.
La conversión de la radio en IP ¿es una oportunidad o una amenaza?
Para John Garziglia, a la vista de lo que se encontró en la Feria CES de Las Vegas, la IA no es una amenaza, sino una oportunidad para reinventar la radio y mantener su relevancia en un mundo mediático cada vez más fragmentado y personalizado. O sea, Garziglia, aceptando el camino que ha tomado la radio como medio en los futuros coches conectados, pide asumir su nueva situación de inferioridad respecto de otras Apps, y tratar de competir con un buen producto. La radio, por tanto, se tiene que reinventar para competir en un mercado abierto a la enorme, casi infinita, oferta alojada en internet. Por si hubiera dudas, Garziglia defiende que la radio debe evolucionar y enseñar a las nuevas generaciones a valorar su contenido, en vez de intentar frenar el avance tecnológico.
Los fabricantes de coches son perfectamente conscientes de que un altísimo porcentaje de conductores considera imprescindible la presencia de la radio, pero igualmente son conscientes de que su prominencia analógica no puede mantenerse en un entorno cien por cien digital, asistido además por la IA. Sí, la IA también se ha entrometido en los coches, señores. No estamos lejos de lograr mantener una conversación coherente con nuestro coche (cuya voz podremos elegir), igual que lo hacía Michael Knight (el actor David Hasselhoff) con su coche KITT, en la exitosa serie de televisión de los 80, “El coche fantástico”
¿Podemos considerar un “avance
tecnológico” el arrinconamiento de la radio en los futuros coches conectados?
Me cuesta admitirlo, pero es fácil que, pensando así, me etiqueten como ‘enemigo
del progreso’. Y el progreso, está claro, parece que, para una gran mayoría, es
digital, independientemente de sus efectos.
La inversión en redes hertzianas, ¿para qué?
La industria de la radio se ha
gastado millones de euros en España (y miles de millones en el resto del mundo) para cubrir con señal hertziana las
autopistas y carreteras de todo el país, para que los automovilistas puedan
escuchar sus programas e informativos favoritos. El RDS (Radio Data System) es
una práctica tecnología que se encarga de conectar poste con poste, durante
nuestro viaje, para reenganchar constantemente nuestra elección: la SER, la
COPE, RNE u Onda Cero, por citar las cadenas de ámbito nacional y las que más
esfuerzo económico han hecho para tejer su red de difusión de la señal de la
forma más tupida posible.
El modelo de los nuevos coches conectados, al menos los prototipos presentados en el CES, según deducimos del artículo de John Garziglia, prescinde de esta red, la hertziana, y prefiere elegir la de pago: internet (IP). Queda mucho más ‘guay’ pedirle al coche, mediante comandos de voz, que conecte la SER, Los 40 Principales o Radio Marca, o que active los limpiaparabrisas o baje la temperatura del aire acondicionado. Todo esto lo podrán hacer los coches conectados. En todo ese ‘nuevo entorno digital’ un botón analógico, y un viejo receptor de OM o FM sobran. Y así se lo hicieron saber los fabricantes de automóviles a Garziglia en su paseo por el CES de Las Vegas.
Europa lo ve de manera diferente
Mientras esto ocurre en Estados Unidos, donde reina el más absoluto liberalismo, y el proceso de digitalización de la radio hertziana no ha triunfado, ahí está el HD Radio, antiguo IBOC, con un desarrollo e implantación desigual, en Europa existen lobbys que presionan con un objetivo claro: la defensa de la prominencia de la radio en los futuros coches conectados. Es decir, Europa se resiste a aceptar como válido el planteamiento desprendido de la visita al CES de Las Vegas, que defendía, por inevitable, John Garziglia. Una vez más, Europa y los Estados Unidos discrepan en la estrategia y el Viejo Continente se apresta a utilizar la regulación legislativa como herramienta para luchar por la radio.
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| Nuestros datos van a ser el negocio del siglo XXI (Fotografía Pixabay) |
Resulta impensable, ahora mismo, comprar un coche en
EE.UU. y que venga sin OM (el
Congreso USA la ha protegido por ley, dada su enorme penetración) ni FM.
Sin embargo, la extensión de la tecnología IP permite acceder a la radio sin límites
geográficos. Y esto lo saben los fabricantes de automóviles, y los grandes
gigantes, como Google, y su plataforma Google Automotive, que lucha, con todo el
poder de esta marca, por abrirse camino en las pantallas de los futuros coches
conectados. De nuevo, estamos ante la misma circunstancia, tan polémica, del
negocio de nuestros datos. Nuestro coche ‘conectado’ estará en contacto directo
con el fabricante: facilitará información precisa (y en tiempo real) sobre el
nivel de aceite del coche, el estado de los neumáticos o el de los
amortiguadores. Sin duda datos que contribuirán a reforzar nuestra seguridad. Pero también facilitará datos de nuestros movimientos, quién
sabe si comprometedores. Ese estado de ‘control permanente’, que ya atisbó George
Orwell en su novela disruptiva ‘1984’, escrita a finales de los años 50, asoma de nuevo en
nuestras vidas, y esta vez no es ciencia ficción, sino ciencia. Nuestros datos (tipo
de conducción, velocidad, rutas, consumos, etc.) circularán por la red hasta
llegar a la marca de nuestro coche (¡o a la DGT!). Y no solo les cederemos nuestros datos, es
más que posible que incluso nos obliguen a pagar por la línea, el servicio y,
por supuesto, las consabidas actualizaciones. Vender el coche y mantener una cuota mensual sobre él, para poder provisionarle de servicios. En este contexto, seamos realistas, la radio es una simple anécdota para los fabricantes, pero para la industria de la radio supone su sostenibilidad y supervivencia.
La Unión Europea estableció, mediante Directiva, a finales de 2020, que todos los coches comercializados en Europa debían llevar, de serie, en su receptor de radio, la tecnología necesaria para poder sintonizar Radio Digital Terrestre (RDT) en estándar DAB/DAB+. De esta manera, España ha llegado a contar, a finales de 2025, con casi cinco millones de receptores de DAB+ ‘sobre ruedas’ que, por cierto, en nuestro país, acaparan las emisoras pirata, las mismas que en FM coparon el dial con la aquiescencia irresponsable de la administración. Y ahí siguen.
Aficionados como somos a la picaresca, y partiendo de una laguna legal, que la Directiva europea obligaba a que el receptor fuera capaz de recibir la señal DAB+, pero no obligaba a llevar radio, los fabricantes de automóviles, aficionados como son a la rebaja permanente de costes y a ofrecer ofertas low cost, ofrecieron a los consumidores la posibilidad de comprar coches sin radio, en los que, para escucharla, debían conectar su smartphone por cable o Bluetooth. Hecha la ley, hecha la trampa.
La radiodifusión pública europea, muy poderosa y, en la mayoría de los países de la UE, líder de audiencia y de prestigio, no puede permitirse el lujo de favorecer redes cerradas y de pago, que atentan contra el principio de universalidad y gratuidad de la radio pública, de auténtico servicio público. Si para poder escuchar la radio pública en los coches conectados se produce la obligatoriedad de disponer de una conexión a internet (IP), los organismos que la representan no pueden apoyar un modelo de negocio como este, oneroso para el ciudadano, que ya paga sus impuestos (y en muchos países el ‘canon’) para escuchar gratuitamente su radio. Probablemente, en esta situación se pueda hablar incluso de una estafa.
Pues en
Italia no estaban de acuerdo con esta estratagema de la industria de la
automoción. Les debió parecer una burla y, por su cuenta y riesgo, modificaron (y
enriquecieron, pensaban) la regulación europea, en el ámbito italiano, y
exigieron a los fabricantes una radio física en todos sus modelos,
atendiendo a la necesidad de contar con un receptor de radio hertziano que sea
capaz de sintonizarla en situaciones de emergencia nacional, provocada por un
accidente o una catástrofe natural, como por ejemplo el apagón del año pasado.
¿Los italianos se propasaron o es lo que tiene que impulsar la UE?
Pues bien, tras la decisión de
los italianos, la
Unión Europea ha decidido congelar esa obligación de que los coches deban
llevar un receptor de radio. ¿Cuál es la razón esgrimida por la Comisión
Europea, para frenar su aplicación, a la espera de analizarla con más
detenimiento? Pues el innegable derecho a la libre elección de los consumidores.
Si estos quieren pagar menos por un coche y este viene sin radio, tienen
derecho a ajustar mejor sus economías familiares eligiendo un modelo low
cost. Forma parte de su libertad como consumidores, y ninguna ley debe ser
coercitiva con este derecho, piensan desde la UE. De
momento, la aplicación de la ley italiana estará paralizada hasta el próximo 7
de abril, para analizarla más detenidamente. El gobierno italiano se arriesga a
sanciones económicas si no atiende este requerimiento.
Los eurodiputados piden proteger a la radio en los coches conectados
La lectura de esta actitud de la
UE delimita hasta dónde está dispuesta a llegar para defender la presencia de
la radio en los futuros coches conectados. En paralelo, casi
una veintena de eurodiputados, pertenecientes a distintos partidos, escribieron
una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen,
para salvaguardar la radio en los coches conectados”, en la futura Ley de
Redes Digitales. El
objetivo, como titulamos en la correspondiente información publicada, es preservar
la igualdad, la competencia y el pluralismo de la radio frente a los intereses
de los grandes gigantes tecnológicos. Los firmantes, argumentaban que la radio
“sigue siendo el medio más confiable en Europa, proporcionando información
editorialmente independiente y de alta calidad a millones de ciudadanos cada
día. No solo es una fuente de noticias fiables y contenido cultural, sino
también una herramienta de seguridad crítica en tiempos de crisis y
emergencias, reforzando la preparación y resiliencia de la UE al garantizar que
la población pueda recibir alertas y orientaciones de las autoridades públicas
sin barreras técnicas como cortes de energía o fallos de red”, añadían.
La Comisión Europea desoye, de entrada, las peticiones de la industria
¿Qué ha hecho la Comisión
Europea? Oídos sordos a la carta y a sus peticiones. El pasado día 21 presentó
el borrador de la Ley de Redes Digitales (Digital Networks Act) y
el resultado para la radio ha supuesto una pequeña decepción para el sector
porque no ha recogido ninguna de las peticiones de los eurodiputados. Pero es
que tampoco lo ha hecho con las defendidas e impulsadas desde la propia Unión
Europea de Radiodifusión (EBU). De hecho, la propia EBU comenta en un
comunicado de urgencia publicado a raíz de la presentación de la Ley europea de
Redes Digitales, que "la
Comisión Europea protege acertadamente a los medios de comunicación en su
esfuerzo por modernizar los mercados de telecomunicaciones, pero la radio
necesita más". No es suficiente por tanto, ni para la UER,
que representa sobre todo los intereses de la radiodifusión pública europea, ni
para los grupos privados. Desde la UER "se
requiere una mayor ambición para garantizar la presencia de la radiodifusión
terrestre en todos los tipos de vehículos", insisten. Queda, por
tanto, mucho trabajo, durante la tramitación de la Ley, para perfilar el texto
y profundizar en la prominencia de la radio.
La radiodifusión pública europea, muy poderosa y, en la mayoría de los países de la UE, líder de audiencia y de prestigio, no puede permitirse el lujo de favorecer redes cerradas y de pago, que atentan contra el principio de universalidad y gratuidad de la radio pública, de auténtico servicio público. Si para poder escuchar la radio pública en los coches conectados se produce la obligatoriedad de disponer de una conexión a internet (IP), los organismos que la representan no pueden apoyar un modelo de negocio como este, oneroso para el ciudadano, que ya paga sus impuestos (y en muchos países el ‘canon’) para escuchar gratuitamente su radio. Probablemente, en esta situación se pueda hablar incluso de una estafa.
En juego, la pérdida del control del canal por la radio
En el fondo, lo que se está
decidiendo con los últimos movimientos en este asunto de los futuros coches
conectados es la pérdida, por parte de la industria de radiodifusión, del
control de su propio canal hertziano, para caer en manos de terceros que se
apropian de su producto, y hasta se atreven a rentabilizarlo sin su
consentimiento. Por eso es importante que la UE se mire en el espejo de Reino
Unido y su Media Act 2024, cuyas últimas disposiciones se aprobarán a
finales de este año, que apuesta decididamente por proteger la prominencia de
la radio, con medidas como que los smartspeakers deberán garantizar el acceso gratuito
a las radios, las plataformas tecnológicas no podrán cobrar a las emisoras por
ser escuchadas en sus dispositivos y se prohíbe que los proveedores de
dispositivos interrumpan la emisión con publicidad propia o superpongan
contenido sin consentimiento de la emisora.
Europa y Estados Unidos recorren juntos
el camino del progreso digital, pero con 'vehículos' diferentes. El Europeo
estudia medidas de protección para la prominencia de la radio que no colisionen
con los derechos de los ciudadanos europeos, mientras que el estadounidense
está dispuesto incluso, según lo que pudo verse en el CES de Las Vegas, a ceder la industria de la radio al control de los grandes
líderes tecnológicos que todo lo absorben, como Google, que aspira a quedarse
con todo el pastel. No será fácil que lo consiga en Europa, si la UE se
mantiene firme y atiende los argumentos del propio sector, que la radio merece.
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Parabéns por este excelente texto e por outros anteriores, que divulgam o fabuloso mundo da rádio. Apenas lamento que em Portugal a rádio com emissões digitais terrestres esteja parada no tempo...
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